“No news, good news” este dicho anglosajón (“la ausencia de noticias es una buena noticia”) se ha ajustado como un guante en los primeros compases de lo que ya muchos denominan la “transición cubana”. Pero han pasado cuatro días y la situación comienza a resultar un tanto inquietante.
Si bien es cierto que la ‘sobredosis' de información puede llegar a aburrir y puede tener efectos contraproducentes (desinterés), como les sucedió a muchos consumidores de noticias con la invasión de Irak tras semanas y meses de continuo bombardeo informativo, o como podría suceder con el conflicto del Líbano, la ausencia de información tampoco es lo más recomendable.
Cuando el asunto es de interés (de interés mundial en el caso de la sucesión de Castro y el futuro de Cuba), las “no news” hacen que se dispare la especulación. En estos días proliferan los ‘cubanólogos' y tanto las hipótesis como los escenarios que aparecen dibujados en muchos medios de comunicación cubren un abanico sideral, poco pegado al sentido común en demasiados casos.
Lo que se sabe, lo que es información (y no opinión) son los dos comunicados de Fidel Castro hechos públicos por su jefe de Despacho, Carlos Valenciaga. Y luego las reacciones y declaraciones de los diversos actores implicados, en mayor o menor medida, en el proceso. Otra realidad palpable es la que se vive en los hogares cubanos, los de dentro de la isla. Y en ellos nada ha cambiado, todo sigue igual. Todo salvo la preocupación y la incertidumbre sobre la situación política del país.
Americaeconomica.com ha recabado testimonios directos, personales, de ciudadanos habaneros (desde ciudadanos de color de escasos recursos, hasta funcionarios públicos, pasando por amas de casa) y La Habana de ayer es la misma que la de hace una semana. Esa realidad es confirmada por azafatas españolas que cubren la ruta Madrid-La Habana y por distintos periodistas, cubanos y extranjeros.
Así que el escenario está invariado (salvo los movimientos de tropas que responden a las bravuconadas de los exiliados radicales en Miami -que cada vez son menos representativos del conjunto del exilio cubano-). Lo que sí se ha alterado, y mucho, son las esperanzas de los cubanos de Cuba. Y los temores y los nervios. La falta de información no es buena medicina. Altera. Cuatro días de ‘nuevo' Gobierno y ninguno de sus miembros ha salido a la palestra pública a decir algo, a demostrar que el barco cubano sigue con timón.
Para que un país, una empresa, un barco o una familia estén gobernados, no basta con que en realidad lo estén, sino que es decisivo que lo parezcan. Y eso es lo que empieza a ponerse en duda en la mayor de las Antillas.
De las nuevas teorías sobre la transición cubana que van apareciendo (y son nuevas porque, que se sepa, nadie con anterioridad imaginó una transición con Fidel Castro vivo y sin el poder), una de las más plausibles es precisamente esa: que el cambio ya ha comenzado y lo ha hecho con Fidel Castro respirando (que hasta que no se demuestre lo contrario es como está). Él no dirigiría los cambios, pero su presencia dotaría de estabilidad a la transición.
Sea como fuere, todo apunta a que el proceso será largo.
Y lo que no ayuda a esta peculiar transición -peculiar como casi todo lo cubano- es esa falta de timón. El país espera y el ‘enemigo' aprieta.
¿Quién saldrá a dar la cara -y sobre todo, cuándo- para tranquilizar a esos más de 11 millones de ciudadanos que viven en paz, pero cada vez más preocupados, en Cuba?
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