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La suspensión del proyecto
de construcción del puente de Chiloé ha marcado
esta semana la actualidad de fondo de Chile, al servir como detonante
de las tensiones internas que parecían venir incubándose
desde tiempo atrás en el seno de las dos grandes coaliciones
en que se divide el espectro político chileno: la Alianza,
en la oposición, y la Concertación, en el Gobierno.
En principio, el inicio del conflicto
podría situarse cuando el actual Gobierno de la socialista
Michelle Bachelet dio marcha atrás en la promesa del anterior
Ejecutivo de Ricardo Lagos de construir un puente que uniese a
la isla de Chiloé con el resto del país. Entonces
surgieron las protestas de la comunidad política de Chiloé
y las consiguientes acciones: en último término
llegaron a bloquear el acceso a la isla. Todo ello teniendo en
cuenta que una parte de los alcaldes de la isla lo son por la
Renovación.
Una coalición heterogénea
vertebrada en torno al Partido Socialista (PS), al Partido por
la Democracia (PPD) y a la Democracia Cristiana (DC), cuyo origen
data de la lucha conjunta por la vuelta al sistema democrático
después de la dictadura militar de Augusto Pinochet.
Pero según analistas chilenos
consultados por Americaeconomica.com, después de
cuatro gobiernos de la Concertación y una vez alcanzado
cierto grado de desarrollo económico, las diferencias en
lo ideológico no tardarán demasiado en aflorar.
Unas diferencias que, en cierta medida también se hacen
notar a la hora de escoger candidato a la Presidencia. En las
últimas elecciones, la presidenta de la DC, Soledad Alvear,
tuvo que renunciar a su candidatura en favor de Bachelet.
Ahora, mientras en el PPD y PS
apoyan la negativa del Gobierno a no construir el puente que uniría
al continente con la isla de Chiloé, en la DC aún
esperan conocer el estudio y una explicación del Ejecutivo
para no apoyar la construcción de la obra. Los cruces de
declaraciones en público hicieron el resto.
La situación llegó
hasta tal punto que el diputado de la DC, y presidente de la comisión
de Obras Públicas de la Cámara baja, Juan Carlos
Latorre, tuvo que salir a la palestra para asegurar que no había
una persecución contra el ministro de Obras públicas,
Eduardo Bitrán, del Partido por la Democracia (PPD). En
el fondo subyacía la decisión de Durán Hernando,
el secretario de Estado de Bitrán, de desestimar la construcción
del puente sobre el canal de Chacao.
Pero Latorre tuvo que ir más
allá y asegurar que no hay un conflicto entre el bloque
Partido Socialista (PS)-PPD y la DC porque, según su interpretación,
"las declaraciones de miembros del PPD no lo son contra la
DC, sino contra el ex presidente Lagos".
Posteriormente, los presidentes
de los partidos de la gobernante Concertación mantuvieron
una reunión en el comité político de la Moneda
(el palacio presidencial chileno) y se pusieron de acuerdo en
mantener en orden a sus parlamentarios y evitar nuevos cruces
de declaraciones. Pese a ello, la presidenta de la DC, la senadora
Soledad Alvear, calificaba la polémica de "absurda
y kafkiana" y ha acusado al Gobierno de no dar una respuesta
clara a la construcción del puente sobre el canal de Chacao.
Oposición sin rumbo.
La oposición intentó entonces aprovechar la
oportunidad y el diputado chileno Claudio Alvarado, de la Unión
Demócrta Independiente (UDI), dijo que la decisión
del Gobierno de no construir el puente sobre el Canal de Chacao,
significaba el "reconocimiento explícito de que era
insostenible para la Administración actual hacerse cargo
de promesas y falsos compromisos electorales". Según
Alvarado, desde 2003 ya se sabía que el proyecto era inviable
antes de 2015 y aún así los dos gobiernos anteriores
a Bachelet "lo escondieron para cumplir a través del
engaño sus propósitos electorales".
Pero entonces, fieles al que parece
ser su lema de esta legislatura, los partidos de la Alianza -compuesta
por la UDI y Renovación Nacional (RN)- siguieron la estrategia
de repetir los errores del Gobierno. En un juego mimético
al seguido por los partidos del Ejecutivo surgió un nuevo
cruce de declaraciones.
En este caso, fue el ex candidato
presidencial de la UDI, Joaquín Lavín, el que abrió
el fuego al considerar que la labor de los partidos de la oposición
estaba marcada por la "falta de competitividad". A esta
declaración, el dirigente de RN, Carlos Larraín,
y la secretaria general de la Alianza, Lily Pérez, respondieron
tajantemente y la calificaron de "autoflagelante".
Además, Lavín se
había pronunciado en el sentido de que sería necesaria
"una Alianza que le pueda ganar a la Concertación"
y "un partido instrumental para derrotar al oficialismo".
La respuesta no fue menos contundente: "Nosotros no somos
instrumentales, nosotros somos gente que estamos en política
por convicción, por vocación y que creemos que en
el país no se pueden hacer más partidos instrumentales",
declaró Lily Pérez.
Incluso desde la propia UDI de
Lavín, el senador Juan Antonio Coloma señalaba que
la Alianza ya se encontraba, en su opinión, "en un
escenario inmejorable para poder ganar las próximas elecciones".
Pero hay más. También
el ex candidato presidencial conservador, Sebastián Piñera,
salió del seminario "Taller de reforma al sistema
electoral chileno", organizado por la Fundación Chile
21, teniendo que hacer la siguiente aclaración: "Contigo
Lily no estoy enojado", en referencia a la secretaria general
de la Alianza. Esta declaración se producía después
de que Piñera mostrase su disconformidad con algunos integrantes
de la directiva de RN.
Un conflicto que, por si fuera
poco, se producía después de que, hace menos de
una semana, RN presentase una nueva estrategia para la oposición
que incluía precisamente entre sus puntos el reforzar la
cohesión y la unidad en la "dirección"
del partido, así como presentar su labor con mayor claridad
ante la sociedad. Parece ahora que no todos los miembros de la
Alianza, y ni tan siquiera de RN, estában de acuerdo con
lo presentado entonces por su líder, Sebastián Piñera.
Pero, ¿y el puente?
Así las cosas, los alcaldes de Chiloé tampoco tendrían
muy clara a qué carta jugar y pese a reunirse con la oposición,
han aclarado que tan sólo lo hacían con sectores
interesados en la construcción del puente.
Además, lo cierto es que
el apoyo en la zona próxima al proyecto vial no es del
todo unánime. Hay un porcentaje de la población
que no está de acuerdo con esta construcción. Para
unos, supondría "la pérdida de identidad del
archipiélago". Para otros, hay temas de mayor urgencia
que deben ser solucionados en la isla. Como ejemplo, desde la
Unión Comunal de Comités de Agua Potable de las
Comunas Rurales, se señala que miles de chilotes no cuentan
aún con este servicio.
Según señala el
presidente de esta organización, Enzo Pérez, en
declaraciones a terra.cl, en el puente "nos gastaríamos
900 millones de dólares (...) Si se ponen sólo 300
millones en Chiloé, pero en forma seria, en un plan de
desarrollo, tiene mucho más sentido que una "megaobra"
como ésta, que sería como una entrada faraónica
a una población callampa (humilde)".
Desde otros sectores también
se argumenta que de esta construcción tan sólo se
beneficiaría el 30% de la población de la isla,
dado que la mayoría no tiene ni coche. Además, este
tipo de proyectos, dicen, se justifican cuando el tráfico
naval supera los 100.000 barcos al año, como en la entrada
de grandes puertos como el de Hong Kong, San Francisco o los acceso
a mares interiores, como el Báltico o el Mar Negro. Evidentemente
este no sería el caso.
Por su parte, un ingeniero de la
Universida de Chile, René Fischman Lohaus, propone un proyecto
de puente flotante que con turbinas como pilares sirviese además
para generar electricidad. Pero, según él, el ministro
Biltrán se inclina por la opción de unir la isla
mediante transbordadores. Fischman puntualiza que si fuese él
quien tuviera que decidir una solución que sólo
sirviese para comunicar la isla con el continente, preferiría
los transbordadores, pero esta solución, señala,
tendría la virtud de resolver el problema energético.
Pero Fischman en algo sí
coincide totalmente con el Gobierno: el puente colgante es insostenible.
Por ello, el ministro de Obras Públicas se decanta por
adquirir una flota de transbordadores para la isla y modernizar
el sistema que tienen hoy para ingresar y salir del archipiélago.
Así se reducirían los precios y el tiempo de traslado
al continente.
Probablemente esta sea la opción
escogida. Pero los alcaldes de la isla ya han anunciado que una
solución alternativa tendrá que ir acompañada
de un plan de desarrollo. Parece que esto podría poner
fin al conflicto. A buen, seguro los conflictos internos en las
grandes coaliciones tardarán un poco más en solucionarse.
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