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El precio del barril de petróleo se disparó el pasado miércoles más de un 2,4% en Londres hasta superar la barrera de los 76,4 dólares, después de que BP anunciara por sorpresa el cierre temporal del campo de petróleo de Prudhoe Bay en Alaska, el mayor de EEUU, que aporta en torno al 8% del crudo que consume el país. El miedo a un posible recorte del sumistro se había extendido.
La compañía británica, que controla el capital de dicho campo junto a otros gigantes como Exxon Mobil, Chevron Texaco y ConocoPhillips, justificó este parón en los problemas de corrosión que sufría uno de los oleoductos y que podría provocar un derramamiento masivo de crudo.
En este sentido, BP ha recibido numerosas críticas en los últimos meses por una supuesta falta de seguridad. Así, la empresa británica va a enfrentarse a un juicio el derramamiento de crudo del citado campo de Prudhoe Bay y otro por la explosión de una de sus refinerías en Texas, que provocó en 2005 la muerte de 15 empleados.
Pero hay muchas más consecuencias. El cierre decretado por BP del campo petrolífero de Prudhoe Bay por culpa del deterioro de uno de los oleoductos ha abierto nuevas incógnitas sobre el estado real de las infraestructuras energéticas en EEUU.
De hecho, algunos analistas han advertido que la red estadounidense de oleoductos se está quedando vieja. Un situación que, según señaló Edward Westlake, analista de Credit Suisse First Boston (CSFB), a la agencia AP, podría extenderse a buena parte de las infraestructuras de los países productores de crudo no pertenecientes a la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP).
Algunos senadores norteamericanos han exigido a Washington que se realice de forma urgentes una amplia revisión de todos los oleoductos del país. Para ellos, hay que buscar y arreglar todos los posibles desperfectos para evitar que se produzca un gran derramamiento de crudo en algún punto de la red que, a su vez, provoque un corte en el suministro. El Departamento de Transportes ya ha efectuado algunas revisiones.
En marzo exigió a BP que realizara una investigación tras un derramamiento de crudo en un oleoducto de Alaska por culpa de la corrosión. La compañía británica asegura que dedica más de 60 millones de euros al año en detectar desperfectos para las que usa técnicas como los ultrasonidos o los rayos X.
Desde luego la tensión esta abierta. BP podría reabrir en los próximos días parte de la producción de Prudhoe Bay, pero el miedo a un derramamiento masivo ha retornado de nuevo.
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