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La compañía eléctrica
española Unión Fenosa ha asegurado haber cumplido
sus compromisos de inversión y suministro desde que se
encarga de la distribución de electricidad en Nicaragua.
La compañía se defiende así de las acusaciones
de la Contraloría General de la República que, según
diversos medios, revocarían la licencia de explotación
exclusiva otorgada en 2000 a una filial de la compañía.
Sin embargo, desde Unión Fenosa se niega este extremo y
se dice que tan sólo los Tribunales podrán en última
instancia tomar esta decisión.
La Contraloría ha acusado
a la empresa española de ser responsable, en gran parte,
de la crisis energética del país al incumplir "de
manera sustantiva" el contrato de distribución eléctrica
firmado con el Gobierno por el que el Estado se reserva un 20%
de esta actividad, mientras que el resto corresponde a la multinacional
española.
La Contraloría es un órgano
consultivo y, por lo tanto, corresponde ahora, a petición
del Instituto Nicaragüense de Energía (que también
solicitó el informe de la Contraloría), un juicio
de arbitraje contra la multinacional española. Unión
Fenosa deberá nombrar en 15 días un árbitro
para participar en el arbitraje pedido por el regulador del sector,
para revisar la concesión de distribución.
En última instancia y en
el caso de que las denuncias siguieran evolucionando será
la Procuraduría General, la que deberá demandar
en los tribunales la nulidad de la concesión por 30 años
de Unión Fenosa, que desde 2000 tiene el monopolio de distribución.
Desde la compañía se confía en que nada se
podrá demostrar en su contra porque han cumplido escrupulosamente
con el contrato.
Otras acusaciones. Además
de lo dicho por la Contraloría, el Instituto Nicaragüense
de Energía (INE) había señalado 16 faltas
de Unión Fenosa en su primera fase operativa (2000-2005),
entre las que se encontraban el incumplimiento de "descuentos
tarifarios", el cobro indebido de alumbrado público,
la cuantificación de los desvíos de costo al mayorista,
pago de generación de acuerdo con su facturación
y la aplicación de la Normativa de Calidad del Servicio.
Desde Unión Fenosa se argumenta
que nada más lejos de la realidad si se tiene en cuenta
que el número de clientes ha aumentado de 400.000 a 620.000
en los últimos seis años. La compañía
ha asegurado haber cumplido sus compromisos de inversión
y suministro desde que está presente en Nicaragua en el
negocio de la distribución de electricidad y ha negado
las acusaciones de haber realizado inversiones menores a las pactadas,
de hacer cobros indebidos o de abandono de suministro.
La Contraloría argumenta
en su informe que "es evidente la existencia del abandono
parcial del suministro del servicio eléctrico, razón
por lo que al existir la suspensión del servicio eléctrico
incumple con las obligaciones señaladas en el contrato",
pero según Unión Fenosa esta responsabilidad corresponde
a las generadoras de energía, ya que la compañía
española sólo se encarga de la distribución.
Según fuentes de la compañía
consultadas por Americaeconomica.com estas acusaciones
se deberían entonces a que el país centroamericano
vive una crisis social ya que con las elecciones presidenciales
a la vista, después de más de 15 años alejados
del Gobierno los sandinistas se presentan como favoritos.
Las divisiones que de estos pronósticos
adversos se derivan en el partido de Gobierno (Partido Conservador
de Nicaragua -PCN-) explicarían que incluso los miembros
de la Contraloría nombrados a propuesta del Gobierno actual
hayan votado a favor de la revisión del contrato que le
otorgaba la concesión de la distribución a Unión
Fenosa.
Una opinión contraria a
la del presidente nicaragüense, Enrique Bolaños, que
intervino en la polémica declarando que la expulsión
de Unión Fenosa, "empeoraría en estos momentos
la situación del país".
Según la distribuidora y
los generadores privados (responsables del 65% frente al 35% del
Estado), los prolongados y desordenados racionamientos están
vigentes desde abril por diversas causas y estas irían
desde la falta de fondos para comprar combustible o electricidad
hasta fallos técnicos.
Respecto a las acusaciones de la
Red de Defensa del Consumidor de Nicaragua que denuncian que los
problemas de suministro se deben a las millonarias deudas de la
multinacional española con las plantas generadoras, desde
la compañía se responde que estas deudas son menores
de las que las propias generadoras tienen con la distribuidora.
El portavoz de la unidad local
de Unión Fenosa, Jorge Katín, ha declarado que la
compañías tiene listos los argumentos para las instancias
legales. "En el momento en que la empresa sea llamada a responder
cada uno de estos argumentos en las instancias que corresponden
y que indique la ley (...) va a demostrar que no es así
lo que se ha dicho hasta el día de hoy", dijo Katín
a periodistas.
Origen del problema. El
origen del problema estaría en que más del 80% de
la electricidad que se genera en Nicaragua proviene de plantas
que consumen petróleo y que, en muchos casos, se encuentran
obsoletas. La subida en el precio del petróleo habría
afectado entonces de manera decisiva a la capacidad nicaragüense
para generar energía. Una crisis agravada porque el Gobierno
no diversificó en su momento la generación de energía
capitalizando recursos renovables nacionales como la energía
eólica, hidroeléctrica o la geotermia.
También hay quien ha querido
hacer interpretaciones de la crisis basadas en la teoría
de la sospecha después de que la generadora Hidrogesa comenzará
a funcionar a un ritmo de 90 megavatios/hora, cuando a lo largo
de toda la crisis no había llegado a 10 megavatios/hora,
sin que se hubiean producido lluvias que hubieran podido subir
el nivel del lago Apanás, que abastece a dicha distribuidora.
Según esas interpretaciones
se habría tratado de una crisis "prefabricada",
en la que se apagó Hidrogesa para crear caos y conseguir,
bajo esa presión, que se otorguen a Unión Fenosa
los nueve millones de dólares (siete millones de euros)
en letras del tesoro que el Parlamento no ha aprobado.
Fuentes de la empresa han descartado
esa opción, explicando que no se trata de una subvención
a la compañía, sino de una deuda que el Gobierno
nicaragüense mantiene con ella. Además, añaden
que el restablecimiento de la energía puede deberse al
arreglo de posibles averías que hubiera en las plantas.
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