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Año VII - Madrid, viernes 18 de agosto de 2006
 
Reportaje
 
El presidente argentino ofrece como respuesta a los problemas energéticos de su país la solución de los años 70
 
Kirchner apuesta por la energía nuclear

David Penado

 

El Gobierno del presidente argentino, Néstor Kirchner, ha decidido esta semana reactivar el plan nuclear, del cual Argentina fue pionera en Latinoamérica en 1974. Como trasfondo de esta decisión subyace el déficit energético que padece el país y que ha provocado conflictos recientes con Chile por el encarecimiento que han sufrido las exportaciones de gas que Argentina realiza al país andino.

En la raíz del problema se encuentra el crecimiento sostenido de la demanda de energía argentina a un ritmo del 7% y que provocó la crisis del sector en 2004. Desde entonces, Argentina además pasó a depender del petróleo que importa de Venezuela para hacer funcionar las centrales térmicas y también se ve obligada a importar gas a Bolivia cada vez a precios más altos. Además, desde el último convenio entre ambos países, Argentina ha repercutido la subida en el precio del gas que exporta a Chile.

Esta subida provocó un conflicto entre los vecinos porque iba más allá tanto de lo establecido en los tratados previos, como en las negociaciones posteriores entre la ministra chilena de Minería y Energía, Karen Poniachik, y el ministro argentino de Planificación, Julio de Vido. Pese a ello, Argentina continúa exportando el gas a Chile a un precio inferior al de mercado.

Una primera solución al problema de suministro se dio con el proyecto de construcción del Gasoducto del Noreste Argentina (GNA), acordado por los presidentes boliviano y argentino, Evo Morales y Néstor Kirchner, respectivamente, el pasado 29 de junio. Pero algunas voces, como la del gobernador de la provincia argentina de Neuquén, Jorge Sobisch, vieron en este acuerdo más incógnitas que respuestas.

En opinión de Sobisch, el 'megagasoducto' conllevará una nueva subida de precio en el gas boliviano que deberá ser nuevamente trasladada a Chile. Así, en lugar de conseguir un juego de integración energética en el que no existan perdedores ni ganadores y se beneficien todos los países involucrados, Argentina parecería abocada a un juego de suma cero: energía, o buenas relaciones con Chile. Sobisch proponía, por ello, aprovechar los recursos energéticos del propio país. Aunque no se refería a la energía nuclear...

La respuesta nuclear Sin embargo, las autoridades argentinas en pleno debate mundial en torno a la conveniencia o no de recuperar la energía nuclear, presentan ahora un plan por el que pretenden aumentar la producción de energía nuclear del 9% del total de la energía que consume el país, al 16%. Según el Gobierno este plan resulta necesario ya que las reservas de gas del país podrían agotarse en diez años.

A las dos centrales nucleares que operan en Argentina en la actaulidad, Atucha I y Embalse Río Tercero, el Gobierno argentino pretende sumar la de Atucha II, paralizada desde que en 1994 el entonces presidente, Carlos Menem, privatizase las centrales del país. Además, para añadir polémica a esta iniciativa, Atucha II se encuentra en la localidad de Lima, a 100 kilómetros de Buenos Aires, a 330 kilómetros de Montevideo y a sólo 150 de Fray Bentos, la localidad uruguaya fronteriza con Argentina donde ya existe el conflicto entre ambos países por las fábricas de celulosa.

Sin embargo el obetivo es claro e inmediato: a más tardar en 2010, la central estará en funcionamiento. Para ello, se destinará una inversión de 1.800 millones de dólares (1.405 millones de euros). Además, con vistas a una cuarta central se prevé aumentar la inversión total hasta los 3.500 millones de dólares (2.733 millones de euros) y sumar así 1.600 megavatios al sistema (ahora, por la red energética nacional circulan 23.000 megavatios).

Desde el Gobierno argentino se aclara que la central contará con una esfera de acero que absorberá la radioactividad que generará la planta, evitando consecuencias ambientales negativas. La esfera retendría la radioactitividad, en un recipiente de contención, en el caso de que saliese del rector.

Como muestra de la importancia que el Gobierno argentino otorga al proyecto, la presentación estuvo encabezada por el presidente, Néstor Kirchner, y se realizó en el Salón Sur de la Casa de Gobierno. Además participó el Gabinete ministerial en pleno y los embajadores de Brasil y Venezuela, entre otros invitados.

El ministro de Planificación, Julio De Vido, durante el acto de lanzamiento del "Plan argentino nuclear", declaró: "La energía atómica puede reemplazar a las formas corrientes de energía siempre que el Estado tome las medidas de prevención correspondientes. Argentina puede en ese sentido trabajar con elevado sentido de paz en beneficio de su pueblo".

Las tres incógnitas Pero el proyecto levanta también una serie de incógnitas: cómo se financiará, qué supondrá en la geopolítica mundial en un momento en que se acosa a Irán por su programa de enriquecimiento de uranio y la cuestión ambiental.

Respecto a los detalles de la construcción, la institución canadiense Atomic Energy Of Canada Limited (AECL) ya ha acordado trabajar con el Gobierno argentino en el desarrollo, diseño, construcción, puesta en servicio y operación de tecnología nuclear, pero el Estado canadiense no aporta capital.

En realidad, no se ha especificado de dónde provendrá la financiación, lo que podría resultar necesario teniendo en cuenta los elevados costes iniciales que conlleva una central y que la deuda externa bruta total de Argentina representa el 62% del Producto Interior Bruto (PIB) del país.

Otro aspecto de este proyecto es que supone reanudar la producción de uranio enriquecido, que fue interrumpida en los años 80. Por este motivo, el miércoles ya se produjo una manifestación frente a la Embajada iraní en Argentina por lo que se considera un doble rasero: se permite hacer a Argentina lo que a Irán le podría ocasionar serios problemas en forma de severas sanciones... o algo peor.

Algunos analistas consideran que el impacto en la geopolítica global de esta decisión de Argentina irá incluso más allá de proporcionar una coartada moral más al régimen de los ayatolás: aliviará las presiones que hoy recibe Irán de parte del Consejo de Seguridad de la Organización de Naciones Unidas.

Máxime cuando EEUU se ha apresurado a aclarar que aprueba y respalda el programa nuclear anunciado por el Gobierno argentino, porque se ajusta a los tratados internacionales. La diferencia sería que enriquecer uranio siempre que no supere el 20% es para uso civil, y además Argentina aceptará las inspecciones de la Agencia Internacional de Energía Atómica y suscribirá su Protocolo Adicional de Salvaguardias Nucleares, pero no está tan claro que estas "sutilezas" vayan a ser apreciadas como tales.

La amenaza nuclear Pero quizá la dimensión más relevante sea la del modelo energético que esta decisión propone en un momento en que se debate cómo hacer frente a los desafíos energéticos que, sin duda, se presenta ya como una de las grandes cuestiones del futuro de la Humanidad.

Según un informe publicado por Greenpeace, cada peso argentino invertido en Atucha II hubiera representado el doble en generación eléctrica si se hubiera invertido en energía eólica. Ese dinero sería suficiente para financiar un plan de despegue de la industria eólica local que, además generaría inversiones y 18 puestos de trabajo por cada puesto que genera la energía nuclear. Según la ONG, la solución nuclear tan sólo pretende dar una respuesta rápida a la crisis. Todo ello sin añadir a los elevados costes fijos de producción que conlleva una central, los costes ecológicos que hacen considerar a la nuclear como una energía fuertemente subvencionada por el Estado.

Una vez más parecen olvidarse de que independientemente de la cuestión de la seguridad, el destino de los residuos nucleares sigue aún sin tener una respuesta. Algunos países los colocan en repositorios geológicos, otros prefieren reprocesarlos. En Argentina se guardan temporalmente en piletas en el mismo predio de las centrales y luego en silos en seco, hasta que se tome una decisión.

Pero la jugada podría salirle mal a Kirchner ya que, según los resultados de una encuesta, la amplia mayoría de la población (el 67%) considera que el Gobierno debería invertir en energía eólica, frente al 3% de los que consideran que se debería invertir en energía nuclear.

Además, la relación entre los defensores medioambientales y Kirchner se ve ahora amenazada depués de que durante las jornadas de protesta y movilización en Gualeguaychú, contra la construcción de las dos fábricas de pasta de celulosa en Fray Bentos (Uruguay), los ecologístas se convirtieron en un importante apoyo del presidente.

En definitiva, un apoyo que frente a sus ventajas inciales, a largo plazo podría suponerle más problemas que soluciones a Argentina... e incluso a Kirchner. Soluciona el suministro, sí, pero a costa de la oposición de la opinión púbica y de generar problemas ambientales; podrá solucionar los problemas con su vecino Chile, sí, pero complica la cuestión del enriquecimiento de uranio iraní y manda un peligroso mensaje a la comunidad internacional sobre cómo solucionar los problemas de suministro.

Una decisión que como la energía nuclear desde su mismo descubrimiento parece de entrada la gran solución, para más adelante levantar todas las dudas. ¿Es esta decisión una muestra de por qué se acusa a Kirchner de populista?

 
 

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