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El Gobierno del presidente argentino,
Néstor Kirchner, ha decidido esta semana reactivar el plan
nuclear, del cual Argentina fue pionera en Latinoamérica
en 1974. Como trasfondo de esta decisión subyace el déficit
energético que padece el país y que ha provocado
conflictos recientes con Chile por el encarecimiento que han sufrido
las exportaciones de gas que Argentina realiza al país
andino.
En la raíz del problema
se encuentra el crecimiento sostenido de la demanda de energía argentina
a un ritmo del 7% y que provocó la crisis del sector en 2004. Desde entonces, Argentina además pasó a
depender del petróleo que importa de Venezuela para
hacer funcionar las centrales térmicas y también
se ve obligada a importar gas a Bolivia cada vez a precios más
altos. Además, desde el último convenio entre ambos
países, Argentina ha repercutido la subida en el precio del gas que
exporta a Chile.
Esta subida provocó un conflicto
entre los vecinos porque iba más allá tanto de lo
establecido en los tratados previos, como en las negociaciones
posteriores entre la ministra chilena de Minería y Energía,
Karen Poniachik, y el ministro argentino de Planificación,
Julio de Vido. Pese a ello, Argentina continúa exportando
el gas a Chile a un precio inferior al de mercado.
Una primera solución al
problema de suministro se dio con el proyecto de construcción
del Gasoducto del Noreste Argentina (GNA), acordado por los presidentes
boliviano y argentino, Evo Morales y Néstor Kirchner, respectivamente,
el pasado 29 de junio. Pero algunas voces, como la del gobernador
de la provincia argentina de Neuquén, Jorge Sobisch, vieron
en este acuerdo más incógnitas que respuestas.
En opinión de Sobisch, el
'megagasoducto' conllevará una nueva subida de
precio en el gas boliviano que deberá ser nuevamente trasladada
a Chile. Así, en lugar de conseguir un juego de integración
energética en el que no existan perdedores ni ganadores
y se beneficien todos los países involucrados, Argentina
parecería abocada a un juego de suma cero: energía,
o buenas relaciones con Chile. Sobisch proponía, por ello,
aprovechar los recursos energéticos del propio país.
Aunque no se refería a la energía nuclear...
La respuesta nuclear Sin embargo, las autoridades argentinas
en pleno debate mundial en torno a la conveniencia o no de recuperar
la energía nuclear, presentan ahora un plan por el que
pretenden aumentar la producción de energía nuclear
del 9% del total de la energía que consume el país,
al 16%. Según el Gobierno este plan resulta necesario ya
que las reservas de gas del país podrían agotarse
en diez años.
A las dos centrales nucleares
que operan en Argentina en la actaulidad, Atucha I y Embalse Río
Tercero, el Gobierno argentino pretende sumar la de Atucha II,
paralizada desde que en 1994 el entonces presidente, Carlos Menem,
privatizase las centrales del país. Además, para
añadir polémica a esta iniciativa, Atucha II se
encuentra en la localidad de Lima, a 100 kilómetros de
Buenos Aires, a 330 kilómetros de Montevideo y a sólo
150 de Fray Bentos, la localidad uruguaya fronteriza con Argentina
donde ya existe el conflicto entre ambos países por las
fábricas de celulosa.
Sin embargo el obetivo es claro
e inmediato: a más tardar en 2010, la central estará
en funcionamiento. Para ello, se destinará una inversión
de 1.800 millones de dólares (1.405 millones de euros).
Además, con vistas a una cuarta central se prevé
aumentar la inversión total hasta los 3.500 millones de
dólares (2.733 millones de euros) y sumar así 1.600
megavatios al sistema (ahora, por la red energética nacional
circulan 23.000 megavatios).
Desde el Gobierno argentino se
aclara que la central contará con una esfera de acero que
absorberá la radioactividad que generará la planta,
evitando consecuencias ambientales negativas. La esfera retendría
la radioactitividad, en
un recipiente de contención, en el caso de que saliese del rector.
Como muestra de la importancia
que el Gobierno argentino otorga al proyecto, la presentación
estuvo encabezada por el presidente, Néstor Kirchner, y
se realizó en el Salón Sur de la Casa de Gobierno.
Además participó el Gabinete ministerial en pleno y los
embajadores de Brasil y Venezuela, entre otros invitados.
El ministro de Planificación,
Julio De Vido, durante el acto de lanzamiento del "Plan argentino
nuclear", declaró: "La energía atómica
puede reemplazar a las formas corrientes de energía siempre
que el Estado tome las medidas de prevención correspondientes.
Argentina puede en ese sentido trabajar con elevado sentido de
paz en beneficio de su pueblo".
Las tres incógnitas Pero el proyecto levanta también
una serie de incógnitas: cómo se financiará,
qué supondrá en la geopolítica mundial en
un momento en que se acosa a Irán por su programa de enriquecimiento
de uranio y la cuestión ambiental.
Respecto a los detalles de la construcción,
la institución canadiense Atomic Energy Of Canada Limited
(AECL) ya ha acordado trabajar con el Gobierno argentino en el
desarrollo, diseño, construcción, puesta en servicio
y operación de tecnología nuclear, pero el Estado
canadiense no aporta capital.
En realidad, no se ha especificado
de dónde provendrá la financiación, lo que
podría resultar necesario teniendo en cuenta los elevados
costes iniciales que conlleva una central y que la deuda externa
bruta total de Argentina representa el 62% del Producto Interior
Bruto (PIB) del país.
Otro aspecto de este proyecto
es que supone reanudar la producción de uranio enriquecido,
que fue interrumpida en los años 80. Por este motivo, el
miércoles ya se produjo una manifestación frente
a la Embajada iraní en Argentina por lo que se considera un
doble rasero: se permite hacer a Argentina lo que a Irán
le podría ocasionar serios problemas en forma de severas
sanciones... o algo peor.
Algunos analistas consideran que
el impacto en la geopolítica global de esta decisión
de Argentina irá incluso más allá de proporcionar
una coartada moral más al régimen de los ayatolás:
aliviará las presiones que hoy recibe Irán de parte
del Consejo de Seguridad de la Organización de Naciones
Unidas.
Máxime cuando EEUU se ha
apresurado a aclarar que aprueba y respalda el programa nuclear
anunciado por el Gobierno argentino, porque se ajusta a los tratados
internacionales. La diferencia sería que enriquecer uranio
siempre que no supere el 20% es para uso civil, y además
Argentina aceptará las inspecciones de la Agencia Internacional
de Energía Atómica y suscribirá su Protocolo
Adicional de Salvaguardias Nucleares, pero no está tan
claro que estas "sutilezas" vayan a ser apreciadas como
tales.
La amenaza nuclear Pero quizá la dimensión
más relevante sea la del modelo energético que esta
decisión propone en un momento en que se debate cómo
hacer frente a los desafíos energéticos que, sin
duda, se presenta ya como una de las grandes cuestiones del futuro
de la Humanidad.
Según un informe publicado
por Greenpeace, cada peso argentino invertido en Atucha II hubiera representado
el doble en generación eléctrica si se hubiera invertido
en energía eólica. Ese dinero sería suficiente
para financiar un plan de despegue de la industria eólica
local que, además generaría inversiones y 18 puestos
de trabajo por cada puesto que genera la energía nuclear.
Según la ONG, la solución nuclear tan sólo
pretende dar una respuesta rápida a la crisis. Todo ello sin añadir
a los elevados costes fijos de producción que conlleva
una central, los costes ecológicos que hacen considerar
a la nuclear como una energía fuertemente subvencionada
por el Estado.
Una vez más parecen olvidarse de
que independientemente de la cuestión de la seguridad,
el destino de los residuos nucleares sigue aún
sin tener una respuesta. Algunos países los colocan en
repositorios geológicos, otros prefieren reprocesarlos.
En Argentina se guardan temporalmente en piletas en el mismo predio
de las centrales y luego en silos en seco, hasta que se tome una
decisión.
Pero la jugada podría salirle
mal a Kirchner ya que, según los resultados de una encuesta,
la amplia mayoría de la población (el 67%) considera
que el Gobierno debería invertir en energía eólica,
frente al 3% de los que consideran que se debería invertir
en energía nuclear.
Además, la relación
entre los defensores medioambientales y Kirchner se ve ahora amenazada
depués de que durante las jornadas de protesta y movilización
en Gualeguaychú, contra la construcción de las dos
fábricas de pasta de celulosa en Fray Bentos (Uruguay),
los ecologístas se convirtieron en un importante apoyo del presidente.
En definitiva, un apoyo que frente
a sus ventajas inciales, a largo plazo podría suponerle
más problemas que soluciones a Argentina... e incluso a
Kirchner. Soluciona el suministro, sí, pero a costa de
la oposición de la opinión púbica y de generar
problemas ambientales; podrá solucionar los problemas con
su vecino Chile, sí, pero complica la cuestión del
enriquecimiento de uranio iraní y manda un peligroso mensaje
a la comunidad internacional sobre cómo solucionar los problemas
de suministro.
Una decisión que como la energía
nuclear desde su mismo descubrimiento parece de entrada la gran
solución, para más adelante levantar todas las dudas.
¿Es esta decisión una muestra de por qué
se acusa a Kirchner de populista? |