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Durante esta semana se han escenificado
de forma sustancial las diferencias entre los Gobiernos de Bolivia
y EEUU. La polémica de los misiles chinos propiedad de
las Fuerzas Armadas bolivianas, el más que probable final
de las preferencias arancelarias de los productos bolivianos en
el país norteamericano, y el fin de la inmunidad de los
criminales estadounidenses en Bolivia ante el Tribunal Penal Internacional
(TPI), son algunos de los asuntos que han separado aún
más al Ejecutivo de Evo Morales de EEUU, un país
que empieza a ser mirado con ojos cada vez menos amigables en
la nación andina.
Para empezar, el Gobierno de Bolivia
pedirá informes a la Embajada estadounidense sobre su actuación
en el caso de la destrucción el año pasado de 28
misiles bolivianos en EEUU, hecho por el cual se intenta enjuiciar
al ex presidente Eduardo Rodríguez Veltzé (2005-2006).
Aunque Rodríguez ha negado
esta semana haber autorizado la salida de los misiles con destino
a EEUU, admitió que fueron destruidos por "obsoletos",
y le pidió a la Embajada aclarar el caso o será
condenado a 30 años de prisión acusado por la justicia
boliviana de espionaje y sometimiento a un gobierno extranjero.
Por su parte, el embajador estadounidense
en Bolivia, David Greenlee, comentó el lunes que el caso
de la desactivación en EEUU de misiles de fabricación
china propiedad de las Fuerzas Armadas bolivianas se quedará
"en un canal de seguridad" y ya no se emitirán
más comentarios.
El embajador estadounidense en
Bolivia, David Greenlee, habló esta semana de otro tema
sensible para el Gobierno de Evo Morales: la ampliación
del acuerdo de preferencias arancelarias para productos bolivianos
exportados a EEUU a cambio de la erradicación de los cultivos
de coca, y que vence a finales de este año. Greenlee volvió
a enfatizar la posición estadounidense que cuestiona el
compromiso del Ejecutivo de Evo Morales para acabar con las plantaciones
de coca. "Difícilmente se extenderá el acuerdo
si no hay buena cooperación en el tema antidroga",
afirmó el embajador.
El vicepresidente de Bolivia,
ÁlvaroGarcía Linera, acusó recientemente
a EEUU, porque Gonzalo Sánchez de Lozada, ex presidente
boliviano refugiado en el país norteamericano, hace "lo
que le da la gana" sin que el Gobierno de ese país
colabore para notificarle de las acusaciones de genocidio y otros
delitos por los que el Congreso boliviano autorizó procesarle
judicialmente desde 1994.
Por otro lado, García Linera
acaba de anunciar que su país no cobijará a los
sospechos de haber cometido un crimen, y que tengan nacionalidad
estadounidense, ante el Tribunal Penal Internacional (TPI).
El vicepresidente respondió
así a la carta enviada por Amnistía Internacional
a Evo Morales para pedirle que no se ratifique esa inmunidad a
los criminales de EEUU que fue aprobada por el Senado en la pasada
legislatura, el 12 de mayo de 2004, y que quedó pendiente
de la aprobación en el Congreso.
Con todo esto, el Gobierno de Evo
Morales cada vez se muestra más afín a Hugo Chávez
y menos cercano a EEUU. Sólo el tiempo dirá si Bolivia
pasa a integrarse en el frente idelógico que forman Cuba
y Venezuela contra EEUU o se mantiene en una postura más
neutral, como hace Brasil.
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