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Año VII - Madrid, viernes 25 de agosto de 2006
 
Reportaje
 
EEUU aumenta la presión hacia Cuba para producir una transición en su régimen político
 
Moviendo ficha por el cambio, entre un mar de dudas

Rodrigo Montero

 

Una invitación a una transformación en el sistema político de Cuba a cambio del levantamiento del embargo económico, el nombramiento de un nuevo jefe de Inteligencia para seguir de cerca los pasos del Gobierno de la isla y la intensificación del espionaje sobre el Ejecutivo cubano. Estas son las últimas medidas adoptadas por EEUU para forzar a Raúl Castro a iniciar un proceso político "a cámara lenta" que transfiera el poder a las instituciones, legalice los partidos políticos y genere unas elecciones para elegir un nuevo Gobierno en Cuba. Aun así, las autoridades de EEUU presentan gran indefinición en su estrategia hacia el país caribeño.

Lo dijo bien claro el secretario de Estado adjunto para América Latina estadounidense, Thomas Shannon, quien esta semana aseveró que el levantamiento de las sanciones económicas hacia Cuba dependía de que el Gobierno del país caribeño acordase "liberar a sus presos políticos, comience a mostrar respeto por los derechos humanos y lleve a cabo elecciones democráticas multipartidistas".

Pero esta oferta de EEUU no es nueva. En el año 2002 el presidente Bush ofreció una consulta al Congreso de su país para tratar de hallar los medios de eliminar el bloqueo si los cubanos "estaban listos para crear un mecanismo y un camino hacia las elecciones".

Tras el rechazo de esta propuesta por parte de Fidel Castro, el actual mandatario estadounidense reforzó el embargo en 2004 limitando los viajes a la isla y el envío de remesas. El mes pasado ratificó su política de mano dura hacia Cuba con la duplicación de los fondos destinados a la disidencia del país, que ascienden a 80 millones de dólares (62,5 millones de euros) para los años 2007 y 2008.

EEUU impuso un embargo unilateral contra Cuba en febrero de 1962 como parte de una estrategia para aislar al Gobierno de Fidel Castro y, mediante la asfixia económica, propiciar cambios democráticos en la isla. Ahora el país norteamericano se muestra dispuesto a acabar con el aislamiento económico que sufren los cubanos porque quizás, como sostienen algunos analistas, quiere revertir un instrumento que, más que fomentar los intereses de EEUU, ha generado un escudo que ha fortalecido y popularizado a una desgastada revolución cubana.

Pero ni siquiera el Ejecutivo de Bush tiene muy definida su estrategia. A lo mejor porque tampoco tiene mucho margen para establecerla: una actuación directa y agresiva contra el Gobierno cubano, bien sea militar o política, haría perder credibilidad a EEUU, a la vez que supondría un gesto unilateral que provocaría las críticas de la comunidad internacional por sus injerencias en la política interna de otro país.

Como ha dicho en sus últimas declaraciones el alto funcionario del Departamento de Estado de EEUU, Thomas Shannon, "no estamos seguros de qué anticipar en este momento" y por tanto "observamos intensamente, escuchamos atentamente".

Y para llevar a cabo este seguimiento cercano de los nuevos acontecimientos, EEUU acaba de crear un puesto de Inteligencia para Cuba y Venezuela, el mayor aliado de la isla, que coordinará los esfuerzos de los trabajos de espionaje para recabar y analizar los sucesos en ambos países latinoamericanos. Pero además, como indicaba en un comunicado el jefe del Servicio de Inteligencia estadounidense, John Negroponte, este nuevo cargo también incluye "asegurar la implementación de estrategias" para las dos naciones.

La necesidad de información privilegiada por parte de EEUU es tal, que el FBI ha tratado de contratar a un antiguo espía cubano, Carlos Álvarez, para que trabaje para los servicios secretos del organismo estadounidense.

Las cosas no están nada claras. El tiempo irá definiendo la estrategia estadounidense hacia Cuba, a la vez que la presión promete alcanzar volúmenes que podrían movilizar acaloradamente a uno u otro país.

 
 

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