|
Una invitación a una transformación
en el sistema político de Cuba a cambio del levantamiento
del embargo económico, el nombramiento de un nuevo jefe
de Inteligencia para seguir de cerca los pasos del Gobierno de
la isla y la intensificación del espionaje sobre el Ejecutivo
cubano. Estas son las últimas medidas adoptadas por EEUU
para forzar a Raúl Castro a iniciar un proceso político
"a cámara lenta" que transfiera el poder a las
instituciones, legalice los partidos políticos y genere unas
elecciones para elegir un nuevo Gobierno en Cuba. Aun así,
las autoridades de EEUU presentan gran indefinición en
su estrategia hacia el país caribeño.
Lo dijo bien claro el secretario
de Estado adjunto para América Latina estadounidense, Thomas
Shannon, quien esta semana aseveró que el levantamiento
de las sanciones económicas hacia Cuba dependía
de que el Gobierno del país caribeño acordase "liberar
a sus presos políticos, comience a mostrar respeto por
los derechos humanos y lleve a cabo elecciones democráticas
multipartidistas".
Pero esta oferta de EEUU no es
nueva. En el año 2002 el presidente Bush ofreció
una consulta al Congreso de su país para tratar de hallar
los medios de eliminar el bloqueo si los cubanos "estaban
listos para crear un mecanismo y un camino hacia las elecciones".
Tras el rechazo de esta propuesta
por parte de Fidel Castro, el actual mandatario estadounidense
reforzó el embargo en 2004 limitando los viajes a la isla
y el envío de remesas. El mes pasado ratificó su
política de mano dura hacia Cuba con la duplicación
de los fondos destinados a la disidencia del país, que
ascienden a 80 millones de dólares (62,5 millones de euros) para los años
2007 y 2008.
EEUU impuso un embargo unilateral
contra Cuba en febrero de 1962 como parte de una estrategia para
aislar al Gobierno de Fidel Castro y, mediante la asfixia económica,
propiciar cambios democráticos en la isla. Ahora el país
norteamericano se muestra dispuesto a acabar con el aislamiento
económico que sufren los cubanos porque quizás,
como sostienen algunos analistas, quiere revertir un instrumento
que, más que fomentar los intereses de EEUU, ha generado
un escudo que ha fortalecido y popularizado a una desgastada revolución
cubana.
Pero ni siquiera el Ejecutivo de
Bush tiene muy definida su estrategia. A lo mejor porque tampoco
tiene mucho margen para establecerla: una actuación directa
y agresiva contra el Gobierno cubano, bien sea militar o política,
haría perder credibilidad a EEUU, a la vez que supondría
un gesto unilateral que provocaría las críticas
de la comunidad internacional por sus injerencias en la política
interna de otro país.
Como ha dicho en sus últimas
declaraciones el alto funcionario del Departamento de Estado de
EEUU, Thomas Shannon, "no estamos seguros de qué anticipar
en este momento" y por tanto "observamos intensamente,
escuchamos atentamente".
Y para llevar a cabo este seguimiento
cercano de los nuevos acontecimientos, EEUU acaba de crear un
puesto de Inteligencia para Cuba y Venezuela, el mayor aliado
de la isla, que coordinará los esfuerzos de los trabajos
de espionaje para recabar y analizar los sucesos en ambos países
latinoamericanos. Pero además, como indicaba en un comunicado
el jefe del Servicio de Inteligencia estadounidense, John Negroponte,
este nuevo cargo también incluye "asegurar la implementación
de estrategias" para las dos naciones.
La necesidad de información
privilegiada por parte de EEUU es tal, que el FBI
ha tratado de contratar a un antiguo espía cubano, Carlos
Álvarez, para que trabaje para los servicios secretos del
organismo estadounidense.
Las cosas no están nada
claras. El tiempo irá definiendo la estrategia estadounidense
hacia Cuba, a la vez que la presión promete alcanzar volúmenes
que podrían movilizar acaloradamente a uno u otro país.
|