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Año IX - Madrid, viernes 03 de agosto de 2007
 
Reportaje
 

Que el libre mercado aumente o disminuya el número de pobres es todavía una incógnita

La pobreza en el mundo
Alberto Miguel Arruti

Recientemente, el Banco Mundial ha publicado una serie de datos sobre la pobreza en el mundo. Define como pobres a quienes viven con un ingreso inferior a un dólar al día. Con este criterio, se estima en 3.000 millones el número de pobres, lo que representa casi la mitad de la población mundial. Actualmente, un niño muere cada cinco segundos de hambre o por motivos relacionados con la falta de alimentos.

Referente al trabajo, el Banco añade que 186 millones de adultos y 88 millones de jóvenes, entre 15 y 24 años son desempleados. Lo que no impide que 184 millones de niños, entre 5 y 17 años, formen parte del mercado laboral. Por áreas geográficas, la pobreza se concentra en África, Asia meridional, América Latina y el Caribe.

¿Cómo se puede sacar al mundo de esta situación? ¿Qué solución, o posibles soluciones caben?

Precisamente, en el pasado junio hubo una reunión en la ciudad alemana de Heiligendamm del G-8, es decir, de los Jefes de Estado y de Gobierno de los ocho países más industrializados del mundo, para abordar el problema de la pobreza. Mientras que los partidarios de la globalización, opinan que con este sistema se va reduciendo el número de pobres, los anti-globalización, afirman que ésta es la causa, una de las causas al menos, más importante del problema.

Dicho de otra forma, consiste en saber si el libre mercado aumenta o disminuye el número de pobres. Cada uno aporta razones y datos a su gusto o a sus conveniencias. Pero el problema sigue con todo su dramatismo, que unas cifras apenas consiguen disminuir.

Por otra parte, en una revista rigurosamente científica, Jeffrey D. Sachs, director del Instituto de la Tierra de la Universidad de Columbia, publica un artículo que titula “Vencer a la extrema pobreza no requiere mucho tiempo”. El autor afirma que “La causa inmediata de la extrema pobreza reside en la carencia de herramientas básicas para alcanzar una productividad adecuada”. La palabra “herramientas” significa, no sólo la maquinaria y el conocimiento necesario para la producción, sino también las deficiencias, o las carencias, de hospitales, medicinas, escuelas y agua potable. El profesor Sachs afirma que “los países pueden ayudar a los países pobres, incluso a aquellos con instituciones débiles, a disponer de estos medios en muy poco tiempo”, lo que daría lugar a un notable aumento en la productividad, con el lógico incremento de los ingresos familiares y el comienzo de un crecimiento económico, que se alimentaría, en un a fase posterior, por sí mismo.

No faltan gobiernos, ni grupos, más o menos organizados, preocupados por esta lamentable situación. Por ejemplo, el proyecto Aldeas del Milenio, que es una sociedad mixta, con capital público y privado, que ha publicado una serie de trabajos e investigaciones sobre esta cuestión. Además, los Objetivos del Desarrollo del Milenio, patrocinados por la ONU para combatir la pobreza, el hambre y las enfermedades de los más pobres, estará vigente hasta 2015. En el fondo de todas estas disputas subyace el eterno dilema de qué es mejor si una economía abandonada por completo a las leyes del mercado o una economía planificada, en un grado mayor o menor, típica de las socialdemocracias europeas.

Este es uno de los grandes problemas, con los que ha comenzado el siglo XXI. Problema que estará presente en todas las reuniones, a nivel internacional de los países, ricos o pobres, del mundo. No puede hablarse de paz a nivel mundial, mientras no se encuentre alguna solución al problema de la pobreza en el mundo.

 
 

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