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El presidente de Venezuela continúa con las nacionalizaciones.
Esta semana decidió 'apropiarse' de una empresa cementera
propiedad de una multinacional de Colombia, que declaró
a Americaeconomica.com que no volverá a invertir
de continuar la política de Chávez, unos días
después de que el presidente de una patronal de aquel país
le felicitara, con cierta sorna, por haber sido un gran promotor
de la industria colombiana.
Miguel Gómez, director ejecutivo de la Cámara
de Comercio Colombo Americana de Colombia, una de las principales
organizaciones patronales del país, se mostró muy
contento la semana pasada con la política del Gobierno
de Venezolano porque sus decisiones en materia económica
repercutían favorablemente en su país, y llegó
a afirmar que "Chávez ha sido un gran promotor de
la inversión extranjera en Colombia".
Tiene motivos. Colombia logró entre 2005
y 2006 una Inversión Extranjera Directa (IED) por unos
16.500 millones de dolares (casi 12.000 millones de euros), cerca
del 10% de su PIB, según la Comisión Económica
para América Latina y el Caribe (Cepal). Se trata del segundo
mejor resultado de la región después de Brasil.
Una semana después la presa se hacía
eco de una nueva nacionalización en Venezuela, y esta vez
le tocó a una empresa colombiana. Hugo Chávez decidía
apropiarse de la empresa cementera Corporación Cemento
Andino, filial de la multinacional colombiana Cementos Argos.
La multinacional, líder en la industria cementera colombiana
y la quinta en el sector en América Latina, aseguró
a este diario que no volvería a invertir en Venezuela mientras
Chávez no abandone su política de nacionalizaciones.
El asistente de la presidencia de la multinacional, Pablo Arroage,
afirmaba que "la inversión nuestra está en
peligro, desde marzo no tenemos operaciones (en Venezuela)".
Cemento Andino, situada en en el estado de Trujillo
y que produce la mezcla que se comercializa en los estados de
Táchira, Mérida, Trujillo y Barinas, era propiedad
de Simón Ramos Faríasal y fue expropiada por supuesta
malversación de fondos. La empresa salió a oferta
pública y fue adquirida por Cementos Argos por un total
de 82 millanes de dólares (casi 60 millones de euros) en
una subasta internacional en 1997. Ramos recuperó la planta
cuando en febrero de 2006 un juzgado declaró nula la condena
y ordenó que le fueran devuelto los bienes.
Cementos Argos recurrió y como declaró
Arrogae "tras la disputa legal logramos que en agosto la
planta fuera retirada de la posesión de Simon Ramos"
y, tras la decisión del Tribunal Superior de Justicia de
Venezuela (TSJ), se encuentra bajo el mandato de una junta ad
hoc desde agosto de 2006 mientras se decidía el fallo.
Sin embargo, el gobierno de Venezuela decidió justo en
este momento nacionalizar la empresa cementera sin esperar al
fallo del TSJ.
La cercanía de los dos hechos parece indicar
cierto revanchismo en la actuitud de Chávez, aunque Arrogae
creía que eran otros los motivos. Según declaró
el asesor presidencial, "quizás" aprovecha que
la empresa este en juicio y con su propietario por determinar,
ya que "es más fácil nacionalizar una empresa
sin dueño". Arrogae matizó que les obligaran
a realizar la compra forzosa, "no por ser colombianos, sino
por motivos políticos, Chávez ya anunció
su interés en el sector" y añadió que
"no es que seamos los únicos, sino que somos los primeros"
Poca confianza en Chávez deben tener los
propietarios de las cementeras venezolanas y el capital privado
en general. Las empresas privadas están viendo como las
iniciativas del presidente desembocan en nacionalizaciones. Esta
semana la cementeras pagará por la decisión de Chávez
de construir viviendas para los venezolanos, pero a costa del
capital privado que desconfía cada vez más de la
política del Gobierno venezolano.
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