Como en otros aspectos de la actividad humana, en este principio de siglo, el periodismo tradicional, que hemos conocido, se encuentra acosado por una nueva serie de acontecimientos, que podemos reducir a dos: la prensa gratuita y el ordenador.
Estos factores van a cambiar, están cambiando ya, los medios de comunicación. Cabía añadir el cambio que se vislumbra en la televisión, al pasar de analógica a digital.
Todos estos factores influyen en las revistas. Ya las de información general atravesaban importantes dificultades debido, sobre todo, a los suplementos fin de semana, que publican los periódicos.
Los ingresos de las editoras españolas de revistas de consumo crecieron, en 2005, un 4,8%, lo que representa dos puntos menos que lo que habían aumentado el año anterior, debido todo ello al estancamiento de la circulación y al descenso de la publicidad. La cifra neta de negocio, en el mencionado ejercicio, ascendió a 1.067,42 millones de euros, para las 77 empresas de mayor presencia. En 2006, las revistas repitieron la misma difusión que el año precedente, 13,3 millones de ejemplares por número. La audiencia descendió al 47,7%, lo que representa la menor desde 1984.
Es en los años 90 cuando las revistas mensuales consiguen una penetración superior a las semanales, en declive desde el principio de aquella década. Los semanarios emprenden un descenso hasta un entorno del 28%, que en el año 2005 baja al 26,1% y este último año toca fondo con un 21,3%. En cambio, las mensuales ascendieron con alguna fuerza en la primera mitad de los 90, debido en buena parte a los lectores que habían dejado de adquirir revistas semanales, estabilizándose alrededor del 38% de penetración y así hasta los años 2003 a 2005, en los que los lanzamientos editoriales y la intensidad con que se llevan a cabo las promociones, aumentan el interés de los lectores hasta que también retroceden en 2006.
Y contemplamos, ante esta situación, la proliferación de nuevos títulos, de periocidad mensual, de modesta circulación, y muy segmentados. En definitiva, se busca un lector con un interés concreto en un problema determinado.
La radio, y especialmente la televisión, provocaron una auténtica crisis en los medios escritos.
Giovanni Sartori en su obra “Homo videns” ha descrito el cambio antropológico, que supuso el triunfo de la imagen sobre la palabra escrita. Las imágenes son hoy la materia prima más importante de la educación, especialmente en los más pequeños. Cualquier persona de menos de 50 años, se pasa una media de tres horas frente al televisor.
La cultura digital impondrá un cambio distinto en la asimilación de la cultura y de la información. Nos encontramos en los primeros tiempos de este cambio profundo. Algo similar a lo que sucedió con el invento de la imprenta, que cambió por completo la sociedad. Y todo ello afecta al comportamiento del receptor.
Nuestra forma de pensar, como ha descrito George Lakoff, está basada en estructuras mentales, en conceptos construidos en torno a imágenes, que se identifican con valores. Las nuevas tecnologías, como ha sucedido otras veces en la Historia, cambiarán este panorama y darán lugar a una mutación antropológica, a un hombre con nuevas percepciones y con nuevos valores. |