| Manuel
Rosales, el candidato de oposición en las elecciones presidenciales de
Venezuela, ha reconocido su derrota y ha pedido a sus partidarios que acepten
a Hugo Chávez como presidente reelecto de Venezuela. En su primera declaración
tras el resultado, Rosales afirmó ante sus seguidores que continuará
en la lucha para vencer democráticamente en el futuro. Y quizá pueda
logralo algún día. Mientras
tanto, Hugo Chávez trata de asegurar que sus fieles sigan siéndolo
y ya ha dejado claro que seguirá con su política económica
basada en los gastos sociales. Rosales no desea aventuras, ni tampoco
comparte el planteamiento de los antichavistas radicales que, antes de los primeros
recuentos de votos oficiales, hablaron de trampas y falta de legitimidad. Realmente
los resultados convierten en prácticamente imposible la explotación
de esta vía. Chávez ha obtenido un 61,35% de los votos válidos
frente al 38,39% de su rival. El presidente ha obtenido el respaldo de
6,1 millones de venezolanos, casi 391.000 votos más de los que consiguió
en el Referéndum revocatorio de agosto de 2004, en el que alcanzó
la victoria, aunque lejos de los 10 millones que, según sus eslóganes
electorales, iba a conseguir. Por su parte, Rosales, con 3,8 millones de votos,
ha conseguido repetir el resultado que la oposición obutvo en aquella consulta.
Una cita con las urnas que ha quedado establecida como referencia comparativa
con la del pasado 3 de diciembre, puesto que en las elecciones locales y legislativas
posteriores, ganadas fácilmente por Chávez, sobre todo las segundas
en las que la oposición decidió no participar, la participación
no superó el 35%. Pero esta vez, el 73,7% del censo electoral ha votado
y la cifra impide a los derrotados intentar deslegitimar el ejercicio democrático
que se ha producido. Aún así, Manuel Rosales puede presumir
de que en muy poco tiempo, apenas cuatro meses, ha conseguido convertirse en una
opción válida de futuro para provocar el cambio de poder en Venezuela,
aunque tenga que esperar seis años para volver a competir con su rival.
Rosales ha conseguido un resultado más que favorable en las difíciles
condiciones en las que competía. La clase media venezolana se
encuentra en un momento de gran prosperidad. Y no sólo gracias al aumento
de los precios del petróleo. El equipo económico del presidente
ha tenido algunos aciertos notables para propiciar un "boom" del consumo
que se refleja a simple vista en detalles como las listas de espera de más
de cuatro meses que tienen que soportar los ciudadanos que quieren adquirir un
automóvil. Por ejemplo, la limitación
introducida en los tipos de interés de los activos bancarios (para las
pymes, por ejemplo, los créditos no se conceden a más de un 12%
desde octubre del año pasado). O las limitaciones impuestas a la transferencia
de fondos al exterior y el cierre del mercado de divisas, establecido en enero
de 2004, que han contribuido a aumentar el dinero disponible.
Pero
Rosales, por primera vez en casi una década, aparece como presidente futurible.
Primero porque la oposición se ha aglutinado en torno a él. Pero
también porque ha sido capaz de incorporar a su discursos algunos logros
sociales de su rival. Reconocer, por ejemplo, la necesidad de mantener las Misiones,
siempre muy criticadas desde la oposición, o la iniciativa conocida como
"La negra" una tarjeta de débito que servirá para redistribuir
los ingresos petroleros entre la población. Otro éxito
destacable del candidato opositor ha sido explicar a los venezolanos más
necesitados que, con él, regresaría al país el dinero que
Chávez gasta en el exterior para apuntalar su política panamericana
gracias al dinero de la venta del crudo. Un mensaje que puede calar.
Aunque para ser una alternativa real, Rosales necesitaría cimentar su liderazgo
tras esta derrota. Y quizá no lo consiga ante lo variopinto de las fuerzas
que lo apoyaron, que quizá no estén dispuestas a mantener la unidad,
pese a que empiezan a detectarse las primeras fisuras en el, hasta ahora, monolítico
grupo político de apoyo del presidente Chávez, donde han empezado
a cruzarse algunas acusaciones que señalan que la corrupción podría
haberse instalado en algunos sectores del Movimiento V República.
Pero la oposición no tiene representación
ahora en el Congreso, al no haber concurrido a las últimas elecciones por
decisión propia. Algo con lo que nunca estuvo de acuerdo Rosales. Y quizá
llevaba razón porque, ahora, con un Parlamento completamente controlado
por el chavismo, los cambios legislativos pueden dibujar un panorama complicado,
sobre todo si Chávez no se limita, como ha dicho, a eliminar la disposición
que le impediría presentarse a un nuevo mandato y decide hacer más
reformas. Como por ejemplo, la inclusión
específica de la definición del sistema económico venezolano
como una combinación entre la propiedad privada y la actividad pública. |