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Año VII - Madrid, jueves 7 de diciembre de 2006
 
Reportaje
 

El candidato opositor de Venezuela pide a los suyos que acepten la victoria de Chávez

 
Rosales ya se prepara para el futuro

Equipo El Boletín

 

Manuel Rosales, el candidato de oposición en las elecciones presidenciales de Venezuela, ha reconocido su derrota y ha pedido a sus partidarios que acepten a Hugo Chávez como presidente reelecto de Venezuela. En su primera declaración tras el resultado, Rosales afirmó ante sus seguidores que continuará en la lucha para vencer democráticamente en el futuro. Y quizá pueda logralo algún día.

Mientras tanto, Hugo Chávez trata de asegurar que sus fieles sigan siéndolo y ya ha dejado claro que seguirá con su política económica basada en los gastos sociales.

Rosales no desea aventuras, ni tampoco comparte el planteamiento de los antichavistas radicales que, antes de los primeros recuentos de votos oficiales, hablaron de trampas y falta de legitimidad. Realmente los resultados convierten en prácticamente imposible la explotación de esta vía. Chávez ha obtenido un 61,35% de los votos válidos frente al 38,39% de su rival.

El presidente ha obtenido el respaldo de 6,1 millones de venezolanos, casi 391.000 votos más de los que consiguió en el Referéndum revocatorio de agosto de 2004, en el que alcanzó la victoria, aunque lejos de los 10 millones que, según sus eslóganes electorales, iba a conseguir. Por su parte, Rosales, con 3,8 millones de votos, ha conseguido repetir el resultado que la oposición obutvo en aquella consulta.

Una cita con las urnas que ha quedado establecida como referencia comparativa con la del pasado 3 de diciembre, puesto que en las elecciones locales y legislativas posteriores, ganadas fácilmente por Chávez, sobre todo las segundas en las que la oposición decidió no participar, la participación no superó el 35%. Pero esta vez, el 73,7% del censo electoral ha votado y la cifra impide a los derrotados intentar deslegitimar el ejercicio democrático que se ha producido.

Aún así, Manuel Rosales puede presumir de que en muy poco tiempo, apenas cuatro meses, ha conseguido convertirse en una opción válida de futuro para provocar el cambio de poder en Venezuela, aunque tenga que esperar seis años para volver a competir con su rival. Rosales ha conseguido un resultado más que favorable en las difíciles condiciones en las que competía.

La clase media venezolana se encuentra en un momento de gran prosperidad. Y no sólo gracias al aumento de los precios del petróleo. El equipo económico del presidente ha tenido algunos aciertos notables para propiciar un "boom" del consumo que se refleja a simple vista en detalles como las listas de espera de más de cuatro meses que tienen que soportar los ciudadanos que quieren adquirir un automóvil.

Por ejemplo, la limitación introducida en los tipos de interés de los activos bancarios (para las pymes, por ejemplo, los créditos no se conceden a más de un 12% desde octubre del año pasado). O las limitaciones impuestas a la transferencia de fondos al exterior y el cierre del mercado de divisas, establecido en enero de 2004, que han contribuido a aumentar el dinero disponible.

Pero Rosales, por primera vez en casi una década, aparece como presidente futurible. Primero porque la oposición se ha aglutinado en torno a él. Pero también porque ha sido capaz de incorporar a su discursos algunos logros sociales de su rival. Reconocer, por ejemplo, la necesidad de mantener las Misiones, siempre muy criticadas desde la oposición, o la iniciativa conocida como "La negra" una tarjeta de débito que servirá para redistribuir los ingresos petroleros entre la población.

Otro éxito destacable del candidato opositor ha sido explicar a los venezolanos más necesitados que, con él, regresaría al país el dinero que Chávez gasta en el exterior para apuntalar su política panamericana gracias al dinero de la venta del crudo. Un mensaje que puede calar.

Aunque para ser una alternativa real, Rosales necesitaría cimentar su liderazgo tras esta derrota. Y quizá no lo consiga ante lo variopinto de las fuerzas que lo apoyaron, que quizá no estén dispuestas a mantener la unidad, pese a que empiezan a detectarse las primeras fisuras en el, hasta ahora, monolítico grupo político de apoyo del presidente Chávez, donde han empezado a cruzarse algunas acusaciones que señalan que la corrupción podría haberse instalado en algunos sectores del Movimiento V República.

Pero la oposición no tiene representación ahora en el Congreso, al no haber concurrido a las últimas elecciones por decisión propia. Algo con lo que nunca estuvo de acuerdo Rosales. Y quizá llevaba razón porque, ahora, con un Parlamento completamente controlado por el chavismo, los cambios legislativos pueden dibujar un panorama complicado, sobre todo si Chávez no se limita, como ha dicho, a eliminar la disposición que le impediría presentarse a un nuevo mandato y decide hacer más reformas. Como por ejemplo, la inclusión específica de la definición del sistema económico venezolano como una combinación entre la propiedad privada y la actividad pública.

 
 

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