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Parecen volver los tiempos de la “guerra
fría” entre Occidente y Rusia, pero ahora bajo imperativos energéticos.
Un informe confidencial elaborado por un grupo de economistas vinculados a la
OTAN, advierte sobre las ambiciones energéticas globales del presidente
ruso Vladímir Putin y cómo estas pueden influir en sus relaciones
exteriores.
El informe de la OTAN, publicado
en el diario británico Financial Times, habla de una “OPEP del gas”
impulsada por Putin desde Moscú, y que conformaría un cartel global
de productores que involucraría “a Qatar, Argelia, Libia, los países
de Asia Central y, posiblemente, a Irán”.
A
pesar de que en Moscú, el vocero del Kremlin Dmitry Peskov insistió
en la “poca veracidad” de ese informe, los recientes acontecimientos
políticos entre Rusia y Europa obligan a tomar en serio la posible estrategia
de Putin.
Este informe explica que Putin
está “utilizando la política energética con fines políticos”,
probablemente dirigidas a persuadir a la Unión Europea y EEUU a adaptarse
a sus demandas como productor de petróleo y gas natural.
Una
muestra de esta política es la que Moscú implementó a comienzos
de año con Ucrania y que ahora realiza con Georgia, cuyas orientaciones
pro-occidentales ya provocaron cortes de suministro y encarecimiento del gas natural
ruso.
En el caso georgiano, el asunto llega
incluso a los niveles de chantaje con repercusiones políticas, tal y como
se vio en el reciente referendo en la región separatista georgiana de Osetia
del Sur.
Los osetios, de orientación
pro-rusa, aprobaron por mayoría su separación de Georgia en un referendo
rechazado en Europa, temerosa de perder para Georgia una región imprescindible
por el paso de gasoductos y oleoductos desde el mar Caspio.
Del
mismo modo, las malas relaciones entre el presidente georgiano Mijail Saakasvilli
y Putin aumentaron con las pretensiones del primero de ingresar a Georgia en la
OTAN y manifestar abiertamente una posición pro-occidental que irrita al
Kremlin.
Continuando con el informe de la
OTAN, éste considera que Putin está persuadiendo a otros productores
de gas natural, tales como Argelia, a limitar las inversiones extranjeras. Argelia
suministra el 10% del consumo de gas en Europa, especialmente a países
como España e Italia.
El propio Javier
Solana, responsable de la UE en política exterior y de seguridad, remarcó
la semana pasada la existencia de un acuerdo entre Rusia y Argelia para impedir
la venta de campos de explotación de gas argelinos a inversores europeos
y estadounidenses.
Sin embargo, diversos
analistas energéticos ven con cautela esta posible estrategia de Putin,
considerando que países como Qatar, Nigeria o Noruega se mostrarían
recelosos de unirse a Moscú en este cartel del gas. Incluso, la dependencia
de la empresa estatal rusa Gazprom hacia el mercado europeo es tan elevada que
podría convencer a Putin a no propiciar enfrentamientos directos con sus
clientes europeos.
Este informe de la OTAN
remarca en las “profundas divisiones y tensiones entre Europa y Moscú
sobre la política de seguridad energética”. Rusia proporciona
a Europa el 43% de su consumo de gas natural y el 30% de su consumo de petróleo,
con lo cual se ha convertido en su más cercano y mayoritario suplidor energético.
Pero las tensiones afloran: el pasado lunes
12 de noviembre, en Bruselas, Polonia boicoteó el pacto energético
entre la UE y Alemania que estipulaba un nuevo marco de Cooperación y Asociación
entre la UE y Rusia.
En Varsovia interpretaron
este pacto como un aislamiento para Polonia ante los recientes acuerdos ruso-alemanes
sobre la construcción de un paso de gasoductos denominado la Corriente
del Norte y que espera unir a ambos países en el 2012.
Este
gasoducto recorre 1.200 km. desde el mar Báltico y será capaz de
transportar 55.000 millones de metros cúbicos de gas. Fue anteriormente
pactado por el ex canciller alemán Gerhard Schröder y Putin en el
2005, y acordado recientemente por la canciller alemana Ángela Merkel.
El propio Schröder es el líder del consejo de administración
de este gasoducto.
Este pacto ruso-alemán
expira en el 2007 y espera ser renovado, debido a que la Corriente del Norte se
ha convertido en un gasoducto vital para el abastecimiento de los países
de la UE. Es por ello que esta polémica decisión polaca amenaza
con fracasar la cumbre entre la Unión Europea y Rusia, prevista para el
próximo 24 de noviembre.
En la mente
de los líderes europeos está demasiado presente el ejemplo georgiano,
como una muestra de lo que Putin es capaz de hacer si se le irrita en demasía.
Aún si los planes de una OPEP del
gas son embrionarios o inexactos, Putin está trazando una estrategia energética
y económica que coloque a Gazprom y los consorcios industriales rusos como
principales instrumentos políticos para obtener una mayor presencia en
el mercado global, capaz de hacer frente a la competencia occidental.
Moscú
acaba de unificar su industria aeronáutica con la fusión de las
empresas Sukhoi, Tupolev y Antonov, para crear la primera compañía
de aluminio a escala global. También ha participado en intentos de compra
de la multinacional del acero Arcelor, de la británica de gas Céntrica
y de la aeronáutica europea EADS.
El
mensaje de Putin es claro: quiere acceso total de Rusia a los mercados europeos,
aunque no escatima coqueteos con China e India por si ocurre un enfrentamiento
con Occidente.
Pero así como compra
en el exterior, Putin se cierra en el interior. Gazprom acaba de romper contratos
con cinco petroleras europeas y estadounidenses para explotar un yacimiento en
el mar de Barents. Del mismo modo, la estatal rusa presiona a Shell y las japonesas
Mitsui y Mitsubishi para que abandonen un proyecto gasífero en las islas
Sajalín.
En la estrategia de Putin
está romper los contratos de explotación firmados por el anterior
gobierno de Boris Yeltsin en los noventa y que Gazprom asuma todo el control,
motivado por su política expansionista. La volátil y desunida posición
europea con respecto a cómo tratar a Rusia seguramente persuade a Putin
a apostar arriesgadamente.
Durante
la “guerra fría”, fueron los misiles soviéticos los
que causaron el terror en Europa. Pero en la Rusia post-soviética de Putin
y en el mundo post-11/S de la “posguerra fría”, son los gasoductos
y oleoductos rusos los que generan temor y zozobra en Europa.
* Agencia de Información Solidaria (AIS) |