| Intentan
ofrecer una imagen más próxima de sí mismos
y acercarse a sus votantes, muchos políticos se afanan
en crear blogs personales, especialmente ante la cercanía
de las elecciones. El líder de Esquerra Republicana de Cataluña (ERC), Josep Luis Carod- Rovira,
el portavoz del Partido Nacionalista Vasco (PNV) en el Senado, Iñaki Anasagasti, o el
secretario del Partido Socialista de Cataluña (PSC), Miquel Iceta, son algunos ejemplos de seguidores
de esta moda “internetera”.
Sin embargo, no todo son ventajas,
como pudo observar recientemente el ministro español de Administraciones
Públicas, Jordi Sevilla, quien vió atacada sus bitácora
por el spam. A veces las opiniones vertidas terminan en los tribunales,
como sucedió en el caso de Carlos López Aguilar,
hermano del ministro de Justicia.
El blog de Jordi Sevilla, en la
que el ministro trata temas tan variados como su reciente mudanza,
fue atacada recientemente, recibiendo en apenas 12 horas más
de 1.500 mensajes. Sevilla tuvo que disculparse, ya que al eliminarlos
y garantizar la seguridad de la página borró algunos
de los post que le enviaron.
En otras ocasiones, no hay hackers,
sino mensajes amenazantes y “desagradables”, como
indicó a este diario el portavoz adjunto del Partido Popular (PP) en el Parlament
catalán, Daniel Sirera. El popular aseguró que ha
recibido múltiples mensajes indicando, por ejemplo, que
le echarán de Cataluña, aunque reconoce que nunca
le han amenazado físicamente.
En otros casos, las opiniones vertidas
llegan más allá de la red, hasta los tribunales.
Es el caso del hermano del ministro de Justicia, Juan Fernando
López Aguilar, quien en su blog “Los Genoveses”
indicó que al presidente de la Asociación de Víctimas
del Terrorismo (AVT) Francisco José Alcaraz, “le
tocó la lotería” cuando ETA asesinó
a su hermano. El asunto terminó en una querella de la asociación,
que fue archivada por el juez de la Audiencia Nacional, Santiago
Ferraz.
La franqueza en las opiniones vertidas
puede tener consecuencias, no sólo políticas, sino
judiciales. Para Sirera, el límite de la libertad de expresión
es claro, no interferir en los derechos de los demás. El
popular indica que nunca le han amenazado con denuncias por sus
comentarios, a menudo durísimas críticas contra
el Gobierno. |