| Los
exportadores latinoaméricanos, especialmente los argentinos, tras las últimas elecciones
en EEUU, se encuentran frente a un nuevo panorama
político en ese país, que puede alterar sus flujos
comerciales. Después de doce años, el Partido Demócrata
logró la mayoría en la Cámara de Representantes
y en el Senado, generando dudas sobre la liberalización
comercial en los próximos años.
Cualquier opinión sobre
los efectos de una modificación en la composición
legislativa del Congreso de EEUU debe considerar
el carácter complejo y particular de la estructura partidaria
de aquel país. En primer lugar, porque no hay divergencias
ideológicas extremas entre republicanos y demócratas.
Ambas plataformas políticas
presuponen mecanismos de mercado para el funcionamiento de la
economía. En segundo término, el sistema de voto
por distritos acaba privilegiando intereses locales, muchas veces
desconectados del discurso partidario. Por ello, no es extraño
que, sobretodo en temas comerciales, los representantes de un
mismo partido voten de manera diferente.
Hechas estas aclaraciones, pueden
inferirse algunas tendencias en el Congreso norteamericano que,
a partir de enero, sufrirá una renovación de su
composición. Aunque el tema central de política
exterior en la campaña electoral haya sido la guerra de
Irak, los temas de política comercial seguramente serán
objeto de intenso debate, y son cuestiones que interesan de cerca
a la economía argentina.
La intervención legislativa
en la política comercial norteamericana, en los últimos
años en que hubo mayoría republicana, fue caracterizada
por una importante deferencia a las iniciativas del Ejecutivo.
Si bien esto es normal en cualquier
régimen presidencialista (en el caso Argentino el Congreso
prácticamente no opina en estos asuntos), la verdad es
que el Congreso de EEUU es más vigilante,
y ejerce sus instrumentos de control y limitación, a diferencia
de sus pares latinoamericanos.
En épocas de mayoría
republicana prevaleció un discurso de liberalización,
a veces limitado por actitudes proteccionistas, como ser el caso
de los subsidios agrícolas. En ese sentido, el aumento
de estas medidas, en el gobierno de Bush, puede también
ser comprendido a partir de la importante presencia republicana
en estados con producción agrícola.
En el caso del Partido Demócrata,
buena parte de su base electoral se encuentra en la población
urbana y en los sindicatos. Como consecuencia de ello, posiblemente,
vuelvan al debate político temas como la amenaza que implican
las importaciones para los empleos en EEUU, discusión
que dificulta la suscripción de acuerdos regionales con
EEUU. Con los demócratas, también, son resucitadas
las preocupaciones ambientales, un tema ignorado por el congreso
republicano.
La experiencia histórica
confirma lo dicho. En 1994, la alternancia política en
EEUU. garantizó la elección de Bill Clinton
y de un congreso con fuerte representatividad demócrata,
justo en el año en que finalizaban las negociaciones por
el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (Nafta).
Los demócratas manifestaron,
entonces, que México representaba una amenaza a las condiciones
de los trabajadores en EEUU, además de un riesgo de
dumping ambiental. Por ello, el Nafta sólo fue aprobado
luego que acuerdos adicionales, en materia laboral y ambiental,
fueran negociados con México.
¿Cuál es la situación
de los exportadores argentinos en este escenario? En una perspectiva
optimista, la mayoría demócrata trae consigo la
oportunidad de la reducción de los subsidios agrícolas,
sobretodo si se considera que una nueva ley será aprobada
en breve.
La reducción de los subsidios
en EEUU tiene importancia no sólo por mejorar la
competitividad de las exportaciones argentinas, sino también
porque deja de deprimir los precios mundiales de los productos
agrícolas. Brasil, por ejemplo, ya demostró en la
Organización Mundial del Comercio (OMC) como los subsidios internos de EEUU afectan drásticamente
los precios mundiales del algodón.
Otra consecuencia, también
de carácter positivo, es que el congreso demócrata
puede dificultar la proliferación de acuerdos bilaterales
de EEUU con países latinoamericanos.
Luego del impasse del Acuerdo de Libre Comercio de las Américas (ALCA), los
acuerdos bilaterales son la estrategia escogida por EEUU
para insertarse en la región. Muchas veces esos acuerdos
provocan desvío de comercio en detrimento de las exportaciones
argentinas, sobre todo en el sector agropecuario. En este sentido,
están pendientes en el congreso norteamericano los acuerdos
con Perú y Colombia, dos mercados vecinos de la Argentina,
y, según reciente información, el presidente Uribe
no logró aún apoyo demócrata al acuerdo.
Sin embargo, también existen
posibles efectos negativos, en lo que se refiere a las negociaciones
multilaterales. La autorización del presidente para negociar
acuerdos por la vía rápida “fast track”
expira en junio próximo y es improbable una renovación
por parte del congreso demócrata, a no ser que existan
concesiones importantes para trabajadores e industrias afectadas
por la liberalización comercial.
Esto, evidentemente, torna aún
más difícil las negociaciones en la OMC, cuya evolución
ya es casi nula. Si no es renovada la autorización del
presidente, las negociaciones se postergarían para el 2008
o 2009, con evidente perjuicio para el acceso de productos argentinos
a los mercados de países desarrollados. Ello sin contar
el riesgo de nuevas barreas no arancelarias, motivadas por supuestas
preocupaciones ambientales o de protección al consumidor.
De lo dicho, se percibe que los
cambios en el clima político de Washington traen nuevas
oportunidades y grandes riesgos para empresarios y formadores
de política comercial de la Argentina. Una atmósfera
más proteccionista, como infelizmente parece estar gestándose,
puede afectar el crecimiento de todos los países para quienes
el mercado de EEUU es fundamental, como es el caso
de la Argentina y sus socios del Mercosur.
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