| Las
organizaciones medioambientales han llamado la atención
sobre la producción de biocombustibles como motor de desarrollo
para América Latina y han advertido de que lo que en principio
se presenta como un beneficio inmediato para la región,
puede convertirse en un problema a medio plazo.
La polémica sobre los biocombustibles ha sido analizada
en la mesa redonda "Agrocombustibles. Conveniencias y desaciertos para Iberoamérica" celebrada esta semana en la Casa de América de Madrid (España).
La organización ecologista Greenpeace destacó que
la producción de biocombustibles puede acarrear problemas
graves para la humanidad como la deforestación y la subida
del precio de alimentos de primera necesidad.
El presidente de Greenpeace España, Juan López de
Uralde, declaró que hay que evitar que la introducción
de los biocombustibles se haga a costa del medio ambiente y de
la alimentación de las personas. El principal inconveniente de
los bicombustibles es, en primer lugar, que requieren de una
alta disponibilidad de tierras. La UE, por ejemplo, necesitaría
del 55% del total de su superficie para hacer frente a la demanda.
Otro de los problemas de estos combustibles es la deforestación.
Uralde relató el caso de las selvas tropicales de Indonesia,
que se están viendo afectadas por la introducción
de cultivos de aceite de palma para la producción de biodiesel.
Además, la generación de los biocombustibles entraría
en competencia con el sector de la alimentación. Para los
agricultores sería beneficioso que se impulsara este tipo de combustibles, ya que se dedicarían muchas menos tierras al
cultivo de alimentos y por tanto, al reducirse la oferta, aumentaría su precio.
Una de las consecuencias de la generación de biocombustibles
podría ser el aumento de la pobreza ya que se incrementaría
el número de personas que no podrían tener recursos
para comprar alimentos de primera necesidad, según se puso de manifiesto en la mesa redonda de Casa de América.
Por su parte, Antonio Vallespir, presidente de Abengoa Energía,
defendió las ventajas de los biocarburantes frente a los
combustibles fósiles como el petróleo. Abengoa Energía
es una empresa española productora de bioetanol, combustible
que se produce a partir de cereales, remolacha, caña de
azúcar o biomasa. Vallespir declaró que el bioetanol
usado como carburante en la automoción reduce los efectos
contaminantes y, por tanto, favorece el cumplimiento del Protocolo
de Kyoto.
Otras de las ventajas del uso de los biocombustibles defendida
por Abengoa Energía es que éstos posibilitan una
mayor eficiencia energética ya que generan un 48% más
de energía de la que necesitan para su producción.
Además se trata de carburantes que son biodegradables y
renovables, por lo que ayudan a la protección del medioambiente.
Otro de los participantes de la mesa redonda fue
José Luis González Aguilera, presidente del Congreso
Agrario Permanente de México, quien destacó el beneficio
que puede suponer para los campesinos de América Latina
la producción de biocombustibles si se llevan a cabo las
adecuadas políticas sociales. González propuso que
la forma de introducirse en el mercado los pequeños agricultores
es a través de la formación de consorcios.
Greenpeace ha declarado que es necesario poner en
marcha una revolución energética basada en las fuentes
de energía renovables. La organización ecologista
ha denunciado que en Latinoamérica no se está llevando
a cabo la explotación de los recursos renovables tradicionales
como la energía hidráulica, la solar, la eólica
y la geotérmica. Otra de las propuestas de Greenpeace es
la de apostar por una nueva política de transporte que
prime la utilización de los medios más sostenibles
como la bicicleta para moverse por la ciudad, el tren o los transportes
colectivos, y que prohíba los vehículos que producen
grandes emisiones de CO2 a la atmósfera.
En definitiva, la postura de Greenpeace
es la de condenar la producción de biocarburantes si ello
va a implicar la destrucción de las selvas y vigilar que
los cultivos bioenergéticos no compitan con los cultivos
alimentarios.
Lo que está claro es que los biocombustbles
ya están inmersos en el pensamiento de muchos de los dirigentes
de todo el mundo como alternativa al petróleo, cuyo precio
es cada vez más alto. El objetivo de la Unión Europea para
2020 es lograr que la utilización de biocombustibles represente
el 10% de los carburantes usados para transporte. Brasil produce
actualmente unos 16.700 millones de litros anuales de etanol de
caña y es el segundo productor mundial de este carburante,
por detrás de EEUU, que lo elabora con maíz.
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