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Año IX - Madrid, viernes 7 de diciembre de 2007
 
Reportaje
 

Las organizaciones ecologistas denuncian los peligros de los biocombustibles para Latinoamérica

El etanol: ¿amenaza o solución?
N.R.

Las organizaciones medioambientales han llamado la atención sobre la producción de biocombustibles como motor de desarrollo para América Latina y han advertido de que lo que en principio se presenta como un beneficio inmediato para la región, puede convertirse en un problema a medio plazo.

La polémica sobre los biocombustibles ha sido analizada en la mesa redonda "Agrocombustibles. Conveniencias y desaciertos para Iberoamérica" celebrada esta semana en la Casa de América de Madrid (España). La organización ecologista Greenpeace destacó que la producción de biocombustibles puede acarrear problemas graves para la humanidad como la deforestación y la subida del precio de alimentos de primera necesidad.

El presidente de Greenpeace España, Juan López de Uralde, declaró que hay que evitar que la introducción de los biocombustibles se haga a costa del medio ambiente y de la alimentación de las personas. El principal inconveniente de los bicombustibles es, en primer lugar, que requieren de una alta disponibilidad de tierras. La UE, por ejemplo, necesitaría del 55% del total de su superficie para hacer frente a la demanda.

Otro de los problemas de estos combustibles es la deforestación. Uralde relató el caso de las selvas tropicales de Indonesia, que se están viendo afectadas por la introducción de cultivos de aceite de palma para la producción de biodiesel. Además, la generación de los biocombustibles entraría en competencia con el sector de la alimentación. Para los agricultores sería beneficioso que se impulsara este tipo de combustibles, ya que se dedicarían muchas menos tierras al cultivo de alimentos y por tanto, al reducirse la oferta, aumentaría su precio.

Una de las consecuencias de la generación de biocombustibles podría ser el aumento de la pobreza ya que se incrementaría el número de personas que no podrían tener recursos para comprar alimentos de primera necesidad, según se puso de manifiesto en la mesa redonda de Casa de América.

Por su parte, Antonio Vallespir, presidente de Abengoa Energía, defendió las ventajas de los biocarburantes frente a los combustibles fósiles como el petróleo. Abengoa Energía es una empresa española productora de bioetanol, combustible que se produce a partir de cereales, remolacha, caña de azúcar o biomasa. Vallespir declaró que el bioetanol usado como carburante en la automoción reduce los efectos contaminantes y, por tanto, favorece el cumplimiento del Protocolo de Kyoto.

Otras de las ventajas del uso de los biocombustibles defendida por Abengoa Energía es que éstos posibilitan una mayor eficiencia energética ya que generan un 48% más de energía de la que necesitan para su producción. Además se trata de carburantes que son biodegradables y renovables, por lo que ayudan a la protección del medioambiente.

Otro de los participantes de la mesa redonda fue José Luis González Aguilera, presidente del Congreso Agrario Permanente de México, quien destacó el beneficio que puede suponer para los campesinos de América Latina la producción de biocombustibles si se llevan a cabo las adecuadas políticas sociales. González propuso que la forma de introducirse en el mercado los pequeños agricultores es a través de la formación de consorcios.

Greenpeace ha declarado que es necesario poner en marcha una revolución energética basada en las fuentes de energía renovables. La organización ecologista ha denunciado que en Latinoamérica no se está llevando a cabo la explotación de los recursos renovables tradicionales como la energía hidráulica, la solar, la eólica y la geotérmica. Otra de las propuestas de Greenpeace es la de apostar por una nueva política de transporte que prime la utilización de los medios más sostenibles como la bicicleta para moverse por la ciudad, el tren o los transportes colectivos, y que prohíba los vehículos que producen grandes emisiones de CO2 a la atmósfera.

En definitiva, la postura de Greenpeace es la de condenar la producción de biocarburantes si ello va a implicar la destrucción de las selvas y vigilar que los cultivos bioenergéticos no compitan con los cultivos alimentarios.

Lo que está claro es que los biocombustbles ya están inmersos en el pensamiento de muchos de los dirigentes de todo el mundo como alternativa al petróleo, cuyo precio es cada vez más alto. El objetivo de la Unión Europea para 2020 es lograr que la utilización de biocombustibles represente el 10% de los carburantes usados para transporte. Brasil produce actualmente unos 16.700 millones de litros anuales de etanol de caña y es el segundo productor mundial de este carburante, por detrás de EEUU, que lo elabora con maíz.

 
 

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