| Todo esta listo para que el 1 de enero de 2008 empiece a circular en Venezuela el bolívar fuerte. Una nueva moneda que multiplica por mil el valor nominal de la anterior y en la que el presidente del país, Hugo Chávez confía, como remedio infalible contra la inflación galopante. Sin embargo, muchos analistas no están de acuerdo con él.
Cuando el mandatario bolivariano anunció sus intenciones, el pasado 15 de febrero, manejaba algunos datos negativos evidentes. En
2006, la inflación se situó en el 17%, cinco puntos por encima de las previsiones oficiales. Desde entonces hasta ahora, la situación ha empeorado sustancialmente. Los institutos privados de coyuntura económica apuesta por una subida de precios del 20% al cierre del presente año. Si aciertan, la cifra habría superado en ocho puntos el cálculo inicial realizado por el Ministerio de Finanzas.
Quienes defienden la opinión contraria a la expresada por Chávez en lo tocante a lo adecuado de la reforma como fórmula para frenar el aumento de los precios no confían en la magia infalible de una receta que ha obtenido unos resultados discutibles y todavía difíciles de concretar en Perú, Brasil y Argentina, otros países que optaron anteriormente por ella. La mayoría creen que el primer paso para sujetar los precios sería la reducción del gasto público. También la supresión de los controles cambiarios actuales. Pero, evidentemente, el mandatario no coincide con esta visión.
Otros argumentos contra la reforma serían el riesgo que suponen unos efectos inmediatos dificiles de predecir y la posibilidad de que la revaluación se diluya rápidamente en nuevos aumentos de los precios antes de que la presunta confianza de los venezolanos en su nueva moneda, en la que confía el político bolivariano, haya surtido efecto alguno. Sea como sea, los dos bolívares convivirán durante un periodo de seis meses. Un tiempo en el que los venzolanos tendrán que acostumbrarse a su uso. Para algunos articulistas el sistema más fácil a la hora de entender el valor de la nueva moneda será la referencia que marca el tipo de cambio de esta divisa con el dólar estadounidense. Esta semana, por ejemplo, un billete verde sirve para obtener 2.150 bolívares tradicionales, o lo que es lo mismo 2,15 unidades de la flamante divisa.
Armando León, director del emisor del Banco Central de Venezuela (BCV), ha asegurado que la entidad ha aprovechado esta última semana para centrar sus esfuerzos en la distribución de los nuevos billetes y monedas.
Además, la Comisión de Finanzas de Venezuela aprobó el pasado día 13 de diciembre el informe de la reforma de la Ley contra los cambios ilícitos de moneda, que sancionará próximamente la Asamblea Nacional del país, donde los partidarios del Gobierno tienen una clara mayoría.
En el informe se detalla que los importadores tendrán que indicar el origen de las divisas que han obtenido y que todas las personas que tengan actividades comerciales y que posean divisas oficiales deberán poner en sus establecimientos un anuncio que indique su situación.
Si el sistema monetario ha sufrido cambios también la banca venezolana ha realizado diversos operaciones relacionadas con el nuevo valor. Por ejemplo, la suspensión, a partir del 31 de diciembre, de todas las tarjetas prepagadas emitidas para el consumo en el exterior. Han tenido que hacerlo para cumplir una orden concreta al respecto de la Superintendencia de Bancos y Otras Instituciones Financieras (Sudeban).
Con ello el Gobierno venezolano pretende acabar con las compras en otros países en una moneda que no sea la oficial de Venezuela y sobre todo que los ciudadanos venezolanos abandonen de una vez por todas su constumbre de usar los dólares estadounidenses en todas las circunstancias posibles.
Las empresas emisoras y operadoras de tarjetas de crédito e instituciones financieras deberán sustituirlas en la fecha fijada, siempre que hayan sido emitidas antes de la entrada en vigor de la resolución.
En cualquier caso, y con independencia de que la reforma sirva o no para combatir la inagotable tendencia alcista de los precios en Venezuela, algo sí para seguro: el nuevo bolívar no lo va a tener fácil para que los ciudadanos de este país abandonen su histórica querencia por el uso de los dólares estadounidenses. De hecho, el único rival del billete verde sería ahora el euro, pero sólo por la depreciación intensa que ha sufrido la divisa estadounidense. Un simple amor pasajero.
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