Lula Da Silva ha iniciado esta semana su segundo mandato de cuatro años en Brasil con un superávit de 46.007 millones de dólares (34.867 millones de euros) en su balanza comercial, un récord que supone un aumento del 2,8% respecto al saldo en 2005. La causa que las fuentes oficiales han señalado para esta cifra son las exportaciones de 137.471 millones de dólares (104.202 millones de euros) e importaciones por 91.394 millones de dólares (69.276 millones de euros).
Los exportadores brasileños se han quejado a su Gobierno durante meses para que se adopten medidas que frenen la depreciación del dólar, que el año pasado perdió un 8,1% de su valor frente a la moneda brasileña, ya que según ellos, esto hacen que pierdan competitividad en el mercado externo.
A pesar de estas quejas, las exportaciones han aumentado un 16,2% en 2006 y la previsión del propio Gobierno es que suban aún más en 2007. Según los expertos, el superávit previsto para este año es de 38.000 millones de dólares (28.803 millones de euros).
Lula reiteró en su discurso de investidura que espera que durante los próximos cuatro años se acelere el crecimiento económico y aumente la generación de empleo y la distribución de la renta. El presidente ha ratificado su compromiso con la responsabilidad fiscal y con una política económica "que ha permitido al país mantener la estabilidad, la baja inflación y reducir la vulnerabilidad externa".
Además, en la genda política del mandatario ocupa un lugar preferente la reanudación de la ronda de Doha. Por este motivo, el ministro de Exteriores brasileño, Celso Amorim, se ha reunido estos días con la representante de Comercio de EEUU, Susan Schwab, para buscar fórmulas que consigan reactivar estas negociaciones. Según un comunicado distribuido por el Ministerio de Exteriores brasieño, "la agenda prevista para el encuentro es flexible y amplia de forma a permitir discusiones constructivas sobre los principales pilares de las negociaciones y las trabas constatadas".
Amorim ha resaltado que la prioridad en política exterior brasileña seguirá siendo la integración de los países suramericanos, tanto a través de Mercosur como de alianzas con países en vías de desarrollo en América Latina, Asia y África.
El mandatario brasileño ya ha intentado en repetidas ocasiones, mediante reuniones informales, desbloquear la ronda de Doha, que se paralizaron en julio de 2006 debido a la falta de entendimiento entre las naciones participantes en cuanto a recortes arancelarios y subsidios agrícolas e industriales. Estas negociaciones, que comenzaron en 2001, tienen comol objetivo liberalizar sectores como la industria, la agricultura o los servicios, de forma que las principales beneficiarias sean las naciones en vías de desarrollo.
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