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Gobierno de Evo Morales está de cumpleaños. El 22
de enero de 2006, llegaba a la Presidencia de Bolivia el primer mandatario
indígena de su historia y con él se iniciaba un
periodo de cambios, eso sí, no exento de polémica.
Un año después, Morales vuelve a sorprender. Una
de sus primeras actividades del segundo año de mandato
ha sido el cambio de nada menos que siete ministros de los 16
que comprenden el Ejecutivo. El presidente ha decidido nombrar
nuevos titulares en las carteras de Economía, Interior,
Justicia, Educación, Desarrollo Rural, Trabajo y Obras
Públicas, y ratificar al resto de ministros.
En la nueva cartera de Economía
figurará Gabriel Loza Tellería, que goza de las
simpatías de los empresarios privados por su trabajo y
experiencia en el campo industrial. Loza ya ha manifestado que
centrará su trabajo en el Plan de Desarrollo Nacional y
en la generación de empleo.
El depuesto ministro de Economía, Hernando Larrazabal,
no obstante, ha sido recolocado como representante en el Banco
Interamericano de Desarrollo (BID), donde continuará con su trabajo
en la condonación de la deuda externa. La misma suerte
han tenido otros cinco ex ministros que han sido reasignados en
puestos consulares y como delegados presidenciales en la Asamblea
Constituyente.
Esta renovación marca un nuevo rumbo en su administración
dado que sólo uno de ellos es de origen indígena
y militante del Movimiento al Socialismo (MAS). Los otros seis
son personas de clase media vinculados a partidos de izquierdas.
Con esta medida, el mandatario de Bolivia cambia su idea de formar
un ejecutivo con
“ministros-símbolo”, representantes
de las comunidades indígenas y, generalmente, sin excesivos
conocimientos en materia de administración del poder público. Además, así Evo promoverá un acercamiento hacia
las clases medias que se habían sentido algo “olvidadas”
por las políticas de su presidente, más centrado
en atender a los sectores marginados históricamente.
Otra de las iniciativas para el este curso, esta menos sorprendente,
es el anuncio de nuevas nacionalizaciones en el ámbito
de la minería, el agua y los recursos forestales, entre
otros. Evo Morales así lo expresó en el informe
que ofreció a la Asamblea Nacional con motivo del primer
aniversario de su mandato. Los planes no se han hecho esperar
mucho.
Hoy mismo, el Gobierno boliviano ha anunciado que ya ha empezado
a investigar la Empresa Nacional de Telecomunicaciones (Entel).
Según declaraciones del vicepresidente boliviano, Álvaro
García Linera, recogidas por la agencia de noticias EFE,
esta medida entra dentro de un proyecto cuyo objetivo es “recuperar
las empresas estatales y que el Estado tenga el 50% más
uno de sus acciones”. Hasta el momento el Estado sólo
cuenta con el 44% de la empresa de telecomunicaciones ya que la
italiana Telecom posee el 50% de la misma y sus trabajadores el
6% restante.
Logros económicos. La política económica del Gobierno de Evo Morales
ha conseguido en este año diversos logros, según
coinciden diversos analistas. Uno de ellos ha sido la ejecución
de la nacionalización de hidrocarburos y otro el éxito
en la negociación de la venta de gas a Argentina, acompañados
ambos triunfos de un alza en los precios de las materias primas
que han favorecido a las exportaciones bolivianas. Para el año 2007,
Morales se ha propuesto mejorar. Sus principales bazas serán,
según sus propias palabras, el contrato de venta de gas
a Argentina, la industrialización del sector energético
y el relanzamiento de la minería en Bolivia.
El mandatario ha reconocido que “por falta de experiencia
y algunos obstáculos, en el año 2006 no se logró
ejecutar la totalidad del presupuesto destinado al gasto público”,
según recoge el diario electrónico Redbolivia.com.
Para resolver esta situación , Evo Morales ha instado a
sus ministros a elaborar proyectos concretos que permitan alcanzar
un superávit del 7% en el presente año. Bolivia
alcanzó, en 2006, un crecimiento económico del 5%,
algo que no se conseguía en el país desde 1970.
Para lograr sus objetivos, Bolivia contará además
con una partida de 150 millones de dólares (alrededor de
115 millones de euros) en concepto de crédito que el Banco
Mundial entregará a su Ejecutivo para los próximos
18 meses. Este dinero financiará proyectos de educación,
salud y lucha contra la corrupción incluidos en el Plan
Nacional de Desarrollo, uno de los platos fuertes de la política
social de Evo Morales, cuyo objetivo es erradicar la pobreza y
el analfabetismo del país del altiplano.
No es el segundo año de legislatura un periodo carente
de retos para el mandatario boliviano. En primer lugar, debe calmar
los ánimos políticos y lograr un consenso dentro
de la Asamblea Constituyente. A este respecto, Morales ya ha llamado
a la oposición a establecer una dinámica de diálogo
que permita la desatascar las reformas constituyentes que pretende
llevar a cabo. Este llamamiento a la unidad se produce después
de que, el pasado 24 de enero, el partido gobernante perdiera
el control del Senado.
Del mismo modo, y así lo manifestó Morales
en su informe ante la Asamblea Nacional, Bolivia debe reforzar
su papel en el panorama mundial y asegurarse la confianza de la
comunidad internacional, donde algunos países observan
con recelo su amistad con Venezuela o Cuba. Eso sí, el
presidente boliviano se apresuró a reivindicar el carácter
soberano de su nación y a afirmar que implementará
su política sin injerencias de fórmulas llegadas
del exterior.
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