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La primera Conferencia Internacional de Gobierno
Corporativo que se ha celebrado en España los días
8 y 9 de febrero reunió en Madrid a representantes de los
grandes supervisores bursátiles. La preocupación
por los derechos de los accionistas centró los primeros
debates.
Europa y EEUU parecen mantener posiciones contrapuestas en este
punto. Mientras en EEUU apuesta por la delegación de voto
a través de intermediarios como la mejor manera de garantizar
que la opinión de los accionistas tenga peso en las juntas
de las cotizadas, los europeos parecen inclinarse por usar las
nuevas tecnologías para conseguir que se oiga la voz de
los minoritarios. Roel C. Campos, comisionado de la SEC, defendió
la posición estadounidense, y afirmó que la protección
de los pequeños accionistas es la primera obligación
de los supervisores. Para algunos asistentes, el problema fundamental
que retrasa, por ahora, el uso de plataformas de Internet en las
votaciones societarias es la dificultad de identificar a los accionistas
y de asegurar la fiabilidad de los votos.
La Comisión Europea considera que las diferencias que
existen en la legislación relativa a la tenencia de acciones
entre los distintos países de la UE convierten en imposible
el intento de impulsar un c ódigo de buen gobierno Común
para el territorio europeo. El representante de la Comisión
Europea, Pierre Delsaux, afirmó que Bruselas no va a impulsar
un código de gobierno común para todo el territorio
de la UE porque la estructura legal de la tenencia de acciones
es diferente en cada Estado miembro, lo que complicaría
la búsqueda de homogeneidad. Según Delsaux, la coordinación
entre supervisores es el mejor seguro para los accionistas.
El ministro de Economía español, Pedro Solbes,
inauguró la conferencia con un breve discurso en el que
hizo referencia a la necesidad de una convergencia en las prácticas
de gobierno corporativo que se aplican en el mundo. Sobre todo,
según el vicepresidente español, porque la globalización
ha cambiado las características de los mercados financieros.
Santiago Fernández Valbuena habló sobre la experiencia
de Telefónica. Presentó la compañía
como una empresa que ha dejado de ser española, porque
dos terceras partes de la titularidad están en manos extranjeras.
Hizo referencia a lo difícil que es cumplir con
los distintos reguladores, que no mantienen una posición
unificada.
El presidente de la Comisión Nacional del Mercado de Valores,
Manuel Conthe, cerró la tarde de ayer con un sumario de
conclusiones, en las que ha hecho especial hincapié en
la figura de los consejeros independientes. Cree que la clave
es saber qué significa realmente ser independiente. También
ha nombrado a Reino Unido como un modelo de separación
entre los ejecutivos y consejo de administración, aunque
en España no hay ninguna recomendación al respecto.
Cuando le han preguntado sobre la conducta de las empresas del
Ibex en relación con el código unificado, ha contestado
que no sabe si lo cumplen, pero que en cualquier caso es un código
voluntario.
En declaraciones a EL BOLETIN Philippe Richard, secretario general
de IOSCO, aseguró que el Código de Buen Gobierno
español es bueno, porque sigue las líneas definidas
por su organización en la que se agrupan todos los supervisores
internacionales. Richard matizó que IOSCO no había
colaborado con la CNMV en la elaboración del c ódigo,
pero sí quiso destacar que mantiene una relación muy fluida
con el supervisor español.
En su esperada intervención de hoy el consejero del BBVA,
Richard Breeden quiso asegurarse primero de que su público
tuviera claro que hablaba a título personal y no en representación
del banco. El ex responsable de la SEC abogó por códigos
flexibles, simples y fáciles de cumplir. Como accionista,
Breeden se siente nervioso con las exigencias de buen gobierno
que plantean instituciones como la OCDE y el IOSCO y pidió
que no le protegieran tanto. Aun así, alabó
el código Conthe porque se hizo en un proceso abierto
y consultivo y, aunque hubo fallos, la intención le parecía
valiosa. En su opinión, el Código de Buen Gobierno
Español será muy positivo para las pequeñas
empresas, no sometidas a supervisión internacional, porque
si lo cumplen tendrán más posibilidades de atraer
a su capital a los inversores internacionales.
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