| El
pasado 7 de febrero, la Federación de Cooperativas Mineras
(Fencomin) y el Gobierno de Bolivia llegaron a un acuerdo, con
relación al incremento impositivo, que consiguió
sofocar las protestas de los cooperativistas. Sin embargo este
convenio, lejos de sembrar la calma en el sector, ha hecho que
se abra un nuevo frente contra Evo Morales. Ahora, los trabajadores
sindicalizados y la pequeña y mediana minería reclaman
también “los favores del Gobierno”.
En Bolivia, el sector de la minería está muy agitado.
Unos pelean con otros y todos pelean con Morales. Los cooperativistas
quieren seguir manteniendo los beneficios de la minería
privada, los asalariados promueven la nacionalización del
sector y los pequeños y medianos explotadores exigen un
trato igualitario.
Por ahora, los cooperativistas están satisfechos con los
resultados de la negociación. Después de dos días
de protestas, una marcha por La Paz con detonaciones de dinamita
incluidas y más de seis horas de conversación con
Evo Morales, lograron que el presidente diera un paso atrás
y congelara su idea de subir el Impuesto Complementario a la Minera
(ICM).
Esta era su principal demanda, pero Fencomin logró aún
más: asistencia financiera del Estado con la concesión
de créditos por más de 10 millones de dólares
(unos 7,5 millones de euros), dos puestos en el directorio de
la empresa pública de minería (Comibol) y la promesa
del Ejecutivo de respetar los contratos de arrendamiento en curso
y de agilizar los trámites referentes a la ampliación
de áreas de trabajo. A cambio, los cooperativistas se comprometieron
a la búsqueda de mecanismos para "democratizar el
sistema impositivo" bajo el principio de que "el que
más gana, más paga".
Las protestas callejeras y las movilizaciones violentas son técnicas
que ofrecen muy buen resultado a los cooperativistas. Su poder
e influencia siempre logran poner en jaque a los diferentes gobiernos
y obtener de esta manera respuesta a sus demandas. Así
por ejemplo, obtuvieron de Gonzalo Sánchez Lozada la propiedad
de activos mineros de Comibol, equipos de trabajo de los gobiernos
de Hugo Banzer y Jorge Quiroga y hasta una cuota política
en la Prefectura de Oruro durante la administración de
Carlos Mesa.
El acuerdo levanta las críticas. Lo que
para unos supuso un triunfo para otros es una injusticia. Así
lo expresó a Americaeconomica.com Miguel Zubieta,
dirigente de la Central Obrera Departamental de Oruro. “Este
es un Convenio anti-nacional que va contra los intereses del país,
el Impuesto Complementario a la Minería era algo que todo
el pueblo estaba pidiendo para el sector”, denuncia Zubieta.
Las críticas del dirigente sindical hacia los cooperativistas
fueron claras y están basadas en la pelea interna antes
señalada. “El sector cooperativo no quiere este aumento
tributario porque son socios de las empresas trasnacionales y
no son cooperativistas, sino microempresarios que se aprovechan
de las ventajas que pueden obtener del Gobierno, importan insumos,
tecnología y equipos a precios muy rebajados y sin pagar
aranceles, y toda la gente que les sigue no son sino sus peones”.
Zubieta apunta especialmente a la influencia de la multinacional
suiza Glencore International que tiene una importante presencia
en el sector minero boliviano.
La Federación Sindical de Trabajadores Mineros (Fstmb)
ya ha pedido que se investiguen las fortunas de los dirigentes
cooperativistas y que éstas se hagan públicas.
Los cooperativistas y los mineros asalariados son viejos conocidos
y no precisamente amigos. En octubre de 2006, el cerro de Posokini
fue el escenario de un violento conflicto en el que ambos grupos
luchaban por el control del yacimiento de Huanuni, la principal
fuente de estaño del país. La contienda se saldó
con 16 muertos y decenas de heridos. Morales dio solución
al conflicto permitiendo que cooperativistas y asalariados trabajaran
conjuntamente el yacimiento hasta encontrar una solución
definitiva.
La explotación de Huanuni es el problema más fuerte
al que se enfrenta la minería boliviana. El Gobierno pretende
que este yacimiento sirva para el relanzamiento de la “nacionalización”
de la minería y que la Corporación Minera de Bolivia
(Comibol) tome a su cargo exclusivo los trabajos de explotación.
Sin embargo, los cooperativistas mineros de Huanuni no quieren
perder ni un trozo del pastel. De hecho, han sido los únicos
que no han retornado a sus localidades tras la firma del acuerdo
y permanecen apostados en las instalaciones de una iglesia hasta
que se puedan reunir con el mandatario boliviano para clarificar
su situación. Se prevé que la reunión se
celebre este misma noche.
Más peticiones al Gobierno. El sector
minero trae sin duda más de un dolor de cabeza al presidente
Morales. Por una parte debe tratar con cuidado a la minería
privada, con la que firmó una alianza política preelectoral,
y por otro no puede dejar que los otros grupos del sector le acusen
de “trato preferencial”. Una vez realizadas ciertas
concesiones a unos ahora debe hacer frente a las peticiones de
los demás.
La pequeña minería tampoco quiere pagar ahora el
ICM y la Fstmb ha anunciado que este fin de semana prevé
reunirse con el jefe de Estado para analizar su situación
y ha afirmado que pedirá dejar de pagar el Régimen
Complementario al Impuesto al Valor Agregado (RC-IVA). Miguel
Zubieta confirmó a este medio que los mineros sindicalizados
planean salir también a las calles si el Ejecutivo no acepta
sus peticiones, entre otras, que les paguen los más de
nueve millones de dólares (casi siete millones de euros)
que Morales les prometió.
Son tiempos difíciles para el presidente Evo Morales.
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