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Año IX - Madrid, viernes 16 de febrero de 2007
 
Reportaje
 
El físico Manuel Toharia analiza el futuro del planeta
Sobre el cambio climático

Alberto Miguel Arruti

Recientemente, el ex vicepresidente de EEUU Al Gore ha permanecido unos días en Madrid para abordar toda la problemática del cambio climático. Sin ser un científico, se ha convertido en un divulgador a nivel internacional de todos los problemas relacionados, más o menos, con el cambio climático.

Precisamente, en estos mismos días, ha aparecido en Madrid un libro con un título sugestivo "El clima. El calentamiento global y el futuro del planeta", del que es autor un físico, especializado en Física del Cosmos, Manuel Toharia, quien ha dedicado su vida a la divulgación de distintos aspectos de la ciencia y, especialmente, de aquellos que tienen un mayor interés para el gran público.

Actualmente, es director del Museo de las Ciencias Príncipe Felipe de Valencia. En este libro se aborda de una manera sencilla y asequible al gran público absolutamente toda la problemática del medio ambiente. No se puede decir que el libro sea optimista, ni tampoco pesimista. Es, sencillamente, realista. Coge toda la información que han dado y que dan, de forma permanente, los científicos y saca algunas conclusiones. De éstas, no puede afirmarse que sean optimistas.

Un capítulo con el título "El futuro: qué hacer" se plantea el problema de la energía. A finales del siglo XX, es decir por el año 2000, el 78% de la energía que usábamos en todo el mundo procedía del carbón y los hidrocarburos, petróleo, gas natural y sus derivados. El 22% restante se lo repartía la hidroelectricidad, la energía nuclear y otras fuentes de energía. En algunos lugares del mundo desarrollado despuntan, aunque tímidamente, la energía eólica y la energía solar. Estos datos no son muy optimistas.

En primer lugar, la contaminación, en segundo lugar parece lógico pensar que los hidrocarburos e, incluso el carbón, tienen sus días contados. Pueden ser más o menos. Quizás muchos. Pero, siempre contados. Luego el futuro reside en otras formas de energía como es, por ejemplo, la energía nuclear por fusión, hoy todavía solamente conseguida desde un punto de vista científico, pero muy lejos todavía de un aprovechamiento industrial.

El capítulo más sugerente es el último, "Y a mí, ¿qué? ¿Puedo hacer algo útil?" El autor se refiere a la responsabilidad política y, especialmente, a la responsabilidad individual. El hombre medio, el hombre de la calle, puede hacer algo, pero no mucho.

Lo primero que cabe exigírsele es que esté informado. De ahí el papel de la divulgación científica. Los informes de los científicos no llegan, ni pueden llegar, al gran público. Están escritos en un lenguaje técnico que los hacen incomprensibles para la mayor parte de los seres humanos, aún de aquellos que tienen una cultura elevada en otros campos.

El autor recoge el pensamiento, realmente revolucionario, de Von Weizsäcker, cuando piensa "que el proceso que se ha iniciado hace unos pocos decenios por el que la actividad económica comienza a supeditarse, aún tímidamente, a los condicionantes ambientales, significa que están contados los días del 'tiempo de la economía' (que abarca el siglo XX) y que lo que ahora viene será, no cabe duda, el 'tiempo del medio ambiente'". Dicho con otras palabras el siglo XXI será el siglo ambiental o no será nada. Lo que suena un tanto apocalíptico, pero no parece lejos de la realidad.

Y el autor acaba denunciando "la hipocresía de las sociedades opulentas que se preocupan del cambio climático en abstracto, mientras asisten indiferentes a la pobreza extrema de muchos cientos de millones de personas en el resto del mundo". Pero todo esto no es ciencia, es política. Y los estudiosos del clima poco pueden hacer para dictar normas que fomenten conductas más sostenibles y para divulgar lo que se puede y lo que se debe hacer.

 
 

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