| Esta
semana, Evo Morales ha conseguido poner fin a la tensión
que acompañaba las relaciones entre Bolivia y Brasil debido
a la demanda boliviana de incrementar el precio del gas que exporta
a su vecino. Después de días de incertidumbre y
posiciones encontradas, el presidente de Bolivia ha logrado llegar
a un acuerdo con su homólogo brasileño, Inazio Lula
Da Silva, por el que Brasil acepta finalmente pagar más
por el combustible que compra al país andino.
Ambos Gobiernos acordaron que, sin elevar el monto nominal del
combustible, Brasil pagará una cantidad adicional a precio
de mercado por los componentes que superen el poder calorífico
de 8.000 kilocalorías. El ministro boliviano de Hidrocarburos,
Carlos Villegas, ha explicado que la fórmula acordada representará
un ingreso adicional de unos 100 millones de dólares (más
de 76 millones de euros) anuales para su país.
Los ingresos que Bolivia obtendrá por el gas natural que
exporta a Brasil se han incrementado también en el contrato
que tiene con la central termoelétrica de Cuiaba (Brasil)
ya que este convenio le reportará 48 millones de dólares
(casi 37 millones de euros) al año.
Evo Morales mostró una gran satisfacción por el
convenio firmado con su vecino. “Me voy muy contento, muy
feliz, que haya un precio justo para el gas es importantísimo
para nuestros países. Nosotros cumpliremos con todos nuestros
contratos y con Petrobras y nunca faltará gas para Brasil”,
afirmó el mandatario boliviano después de la firma,
según declaraciones recogidas por la agencia EFE.
El convenio alcanzado reviste especial importancia ya que en los
últimos meses las relaciones entre ambos países
habían sido algo tensas. Hasta última hora del martes
13 de febrero, Evo Morales no confirmó su visita oficial
a Brasil (que estaba programada para el día siguiente y
así se realizó finalmente) debido a que su vecino
se negaba a dar respuesta a la petición boliviana de pagar
más por el gas boliviano que importa. Esta situación
causó bastante malestar entre las autoridades brasileñas
aunque parece que, al final, las relaciones entre ambos países
han llegado a buen puerto. "Con paciencia y diálogo
dimos un paso importante”, señaló Lula da
Silva.
Glencore contra Bolivia. Pero no todo le ha ido
bien a Morales estos días. El Gobierno de Bolivia ha comenzado
una disputa con la trasnacional Glencore International por la
nacionalización de la planta minera Vinto que promete ser
dura. La compañía suiza ha pedido una indemnización
al Ejecutivo de Morales y éste no sólo se ha negado,
sino que ha reclamado una compensación al país por
lo que considera una compra irregular del yacimiento. Glencore
ya amenaza con llevar a Bolivia ante los tribunales internacionales.
La planta Vinto ha pasado de mano en mano y parece ser que, en
el camino, se pagó por ella una cantidad irrisoria que
supuso grandes pérdidas para el Estado boliviano. Con esta
idea se justifica Morales para negar cualquier clase de indemnización
a la trasnacional suiza aunque no fuera realmente ella la beneficiaria
de esta compra irregular.
La clave de la cuestión hay que buscarla hace unos años
cuando la planta Vinto fue vendida en 1999 a la indo-británica
Allied Deals, que seguidamente la vendió a la minera Comsur,
propiedad del ex presidente boliviano Sánchez de Lozada,
y que a su vez la vendió a Glencore en 2004. El Gobierno
dice que la transferencia de Vinto a Allied Deals, por 14,7 millones
de dólares (unos 11 millones de euros) es ilegal porque
la planta valía en realidad 140 millones de dólares
(más de 107 millones de euros).
Esta venta ha afectado a Glencore a pesar de que, según
diversos periódicos suizos, la compañía pagó
en 2004 a Comsur cerca de 90 millones de dólares (69 millones
de euros) por la compra, y otros 200 millones más (153
millones de euros) por yacimientos mineros.
Por su parte, Glencore apunta a la vigencia del convenio sobre
la promoción y protección de inversiones que Suiza
y Bolivia firmaron el 1999. El acuerdo prohíbe la expropiación
de inversiones hechas por corporaciones suizas en el país
andino salvo que fuera motivada por el interés público
y bajo pago de una compensación adecuada.
El ministro de la Presidencia, Juan Ramón Quintana, ha
desestimado la existencia de un tratado bilateral indicando que
eso “no significa que aquí reine la impunidad sobre
actos administrativos o transferencias ilegales”.
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