Son muchas las voces en Haití contra la presencia de las fuerzas de paz y el olvido social en que viven los haitianos. Voces que no puede silenciar ni siquiera la música de la fiesta cultural más importante del país: el carnaval. Congregación que se llena de canciones que típicamente se burlan de políticos corruptos y de la policía. Pero el blanco más popular este año han sido las tropas de paz de la Organización de Naciones Unidas (ONU), conocidas como Minustah.
Las canciones satíricas, conocidas como “meringues”, añaden una dimensión política a las festividades, otorgando a la gente una oportunidad para ventilar sus frustraciones acerca de la fuerza de 9.000 soldados de la ONU, que recientemente han comenzado a emplear tácticas más agresivas en el combate contra las pandillas responsables de una ola de secuestros en el país. Sin embargo, esta festividad es la más importante del año, y el Ministerio de Cultura haitiano dispuso de un presupuesto de 80 millones de gourdes (1,69 millones de euros) para la organización de esta celebración.
Algunas canciones acusan a los burócratas de la ONU de pasarse más tiempo cenando en lujosos restaurantes y bronceándose en las playas que tratando de resolver los enormes problemas del país. Alguna de las canciones de las comparsas dicen así: "Minustah, tu eres realmente un turista, retrasas mi país... Tú solamente estás haraganeando, así que por qué no te marchas".
Aunque también a ritmo del zouk, una mezcla de música africana y criolla francesa, los haitianos narran los recuerdos de sus familias, comparten la rica historia de esa tierra y describen la turbulenta actualidad de su nación.
El carnaval de esta región caribeña es sin duda un síntoma de afecto por las tradiciones patrióticas y de esperanzas en medio de la caótica situación de violencia que vive el país. Es imposible olvidar, incluso detrás de una comparsa, que Haití es el país más pobre de América, con indicadores económicos y sociales similares a las regiones más míseras de África. Por eso el colorido carnavalesco no es motivo para obviar que los ingresos por habitante no llegan a los 480 dólares (365,8 euros) anuales. Con 8,3 millones de habitantes, tiene una fuerte dependencia de la ayuda internacional. Si no fuera por la caridad extranjera que recibe, más de la mitad de la población no lograría sobrevivir.
Además, se estima que el 80% de los haitianos, que tienen una esperanza de vida de poco más de 50 años, se encuentra en desempleo. Para aquellos que consiguen un empleo, el salario medio es de 1,07 dólares (0,81 céntimos de euro) diarios. Por ello, el 77% de la población vive por debajo del umbral de pobreza, con una tasa de mortalidad infantil del 80% que mata cada año a más de 30.000 niños antes de los cinco años de edad, y más de la mitad de la población no sabe ni leer ni escribir. Por no nombrar que el 47% de los haitianos sufre de desnutrición crónica. De los que sobreviven, el 60% muere de VIH.
A consecuencia de los sucesivos golpes de Estado provocados por Washington y Francia, la violencia es otro de los factores presentes en la vida de los haitianos. S ólo en la capital, Puerto Príncipe, actualmente circulan más de 210.000 armas ligeras.
Así que el color, la música y la fiesta de estas festividades se contradicen con la dura realidad socioeconómica del país. Aunque el carnaval sigue siendo el acontecimiento cultural más esperado del año en la isla. |