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Francia, que
junto a Alemania ha liderado las críticas al BCE por la
revalorización del euro, forzó el debate del G-7
sobre los hedge funds, y ahora en su campaña presidencial
francesa se ha colado el debate sobre el papel de los fondos de
inversión libre.
El candidato
conservador a la Presidencia de Francia, Nicolas Sarkozy, ha propuesto
en su campaña crear un impuesto sobre los "movimientos
especulativos" de los grupos financieros, en especial de
los hedge funds. De esta manera, explicó, pretende "aumentar
los estándares morales y mejorar la seguridad en el capitalismo
financiero".
Uno de los
actuales factores de mayor inestabilidad económica son
las fluctuaciones del mercado de divisas, y una de las principales
quejas del ámbito empresarial en países como Francia
y Alemania es la revalorización del euro.
Desde los
gobiernos europeos, países como Francia forzaron hace una
semana a que la cumbre del G-7 debatiera sobre el cuestionado
papel de los hedge funds en mercados como el de divisas, y su
influencia en las operaciones de carry trades.
Sarkozy,
que cuenta en su historial político con intervenciones
en el área empresarial en empresas como Alstom y Sanofi,
pretende además mediante anuncios de recortes fiscales
ganarse el favor de los empresarios franceses. La otra candidata
a la Presidencia, la socialista Ségolené Royal,
se ha visto forzada a relevar a su asesor económico de
campaña, Eric Besson.
Divisas.
Francia había sido precisamente el país que con
mayor claridad había manifestado públicamente sus
quejas sobre los efectos de la revalorización del euro.
A finales del pasado año, el primer ministro francés,
Dominique de Villepin, al igual que Sarkozy, de la coalición
conservadora, se declaró públicamente a favor de
recortar los márgenes de maniobra y de soberanía
al Banco Central Europeo (BCE).
Villepin
reivindicó que los gobiernos de la eurozona recuperen competencias
en cuestiones como la política de cambio. El mensaje de
Francia, compartido en líneas generales por Alemania, se
enmarca en un contexto en el que el euro cotiza al borde de máximos
históricos con el yen. Y según S&P, por cada
depreciación del 10% del dólar, los beneficios empresariales
en Europa caen en un 3,5%.
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