Tras un año
en el que Evo Morales ha tenido amarradas todas las instancias
del poder, la pérdida del control del Senado empieza a
causar molestias al mandatario boliviano. La oposición
a Morales por fin encuentra un espacio en el que desarrollar una
política que pueda poner en más de un aprieto al
Ejecutivo. Su nueva oportunidad: aprovechar la sospecha de que
el partido oficial Movimiento al Socialismo (MAS) ha podido mantener
contactos con la banda terrorista ETA.
Una vez ha saltado la alarma por las informaciones vertidas por
el diario español El País acerca de unos
presuntos contactos entre el MAS y sectores vinculados con ETA,
el senador del partido opositor Podemos, Tito Hoz de Vila, ha
pedido la comparecencia en la Cámara alta del ministro
de Exteriores, David Choquehuanca.
Hoz de Vila considera que las versiones acerca de una posible
relación entre el Gobierno y grupos radicales vascos pueden
perjudicar a la imagen de su país y afectar a las relaciones
que Bolivia mantiene con España y la UE. Según el
senador, su única intención es “aclarar ciertas
dudas” y “tener una definición muy clara de
cuál es la vinculación”.
“Yo, personalmente, no conozco a ninguno de la ETA”,
ha afirmado Morales. Su postura es tajante. “Ni como gobierno,
ni como MAS, ni como dirigente sindical, nunca reconocemos a movimientos
organizados en levantamientos armados, en algún caso como
guerrilleros, terroristas. Nunca tuvimos contacto”, sentencia
el mandatario.
Contactos casuales. Medios de La Paz se han hecho
eco de la información dada por El País
que sitúa a dirigentes de Askapena, organización
ligada a Batasuna (partido ilegalizado considerado el brazo político
de ETA), en actos donde también estaban Morales, el vicepresidente,
Alvaro García Linera, y el presidente de la Cámara
de Diputados, Edmundo Novillo.
El periódico señala, además, que ETA estaría
buscando establecer un refugio en Bolivia, particularmente en
la ciudad de Cochabamba, ante la posibilidad de que el que sería
su actual cobijo, Cuba, afronte cambios políticos en breve.
Novillo ha negado toda vinculación, aunque reconoce contactos
circunstanciales. El dirigente del MAS ha confirmado que se entrevistó
en 2005 con dirigentes de Askapena cuando estaban de visita en
Bolivia y que les “facilitó” una entrada al
Congreso, lo cual “no es igual que invitarlos”. Al
año siguiente, cuenta Novillo, les saludó cuando
se volvió a encontrar con ellos durante la inauguración
de la Asamblea Constituyente. “Fue un momento casual y no
tuve más relación”, ha afirmado el presidente
de la Cámara.
Por su parte, el Senador del MAS Antonio Peredo ha explicado que
a los Parlamentos suelen estar invitadas organizaciones de las
más diversas tendencias y denuncia que ese hecho se quiera
relacionar con política.
La historia se repite. Evo Morales ya desmintió
la existencia de reuniones entre miembros de su partido y de la
ilegalizada Batasuna. El presidente de Bolivia explicó
que “de manera institucional, partidaria y orgánica,
no hay ninguna relación con ETA”. El Ejecutivo español
aceptó esta explicación por considerarla “clara
y firme”, según palabras del ministro de Asuntos
Exteriores, Miguel Ángel Moratinos.
No obstante, es preciso señalar que el diputado del MAS
Feliciano Begamonte reconoció haber viajado al País
Vasco invitado por “gente de los movimientos sociales”
para debatir sobre “cómo encontrar una independencia
del sometimiento de la derecha que está todavía
en Euskadi”. El Gobierno de Morales se justificó
indicando que Begamonte no conocía las “actividades
ilegales” de Batasuna y reiteró su “apoyo y
solidaridad” al Gobierno español en su “lucha
contra el terrorismo”.
Semejanzas ideológicas. Desmentidos al
margen, representantes de ETA ya manifestaron que existe una conexión
ideológica entre ellos y el Gobierno de Morales. En su
zutabe (comunicado interno de la banda) de noviembre, la banda
consideraba un ejemplo a seguir el modelo de oposición
de Morales cuando lideró una revuelta indígena contra
el ex presidente Carlos Mesa. ETA destacó cómo Evo
supo desarrollar una estrategia política basada en “la
decisión de los pueblos” y mantener la organización
interna de su partido.
Evo Morales consiguió que Mesa dimitiera después
de dos semanas de violentos bloqueos en las principales carreteras
del país mientras que La Paz permanecía cercada
y desabastecida de alimentos y combustibles.
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