Esta
semana una mujer se hizo con la dirigencia del Partido Revolucionario
Institucional de México (PRI). Beatriz Paredes consiguió
gran apoyo, sobre todo en los estados de Tabasco y México,
de donde salió la mayoría de los votos a su favor.
Los afiliados al PRI han decido optar por la persona que podría
dar un lavado de cara al partido, ya que Paredes es una de las
políticas priistas menos salpicada por los escándalos
y asuntos turbios que el partido ha protagonizado en su historia.
Beatriz Paredes tiene 53 años y una carrera excepcional
dentro de su partido. Desde muy joven ha ocupado puestos relevantes
dentro del priismo, ya que ha sido gobernadora de Tlaxcala,
líder del Congreso, embajadora de México en Cuba
y candidata a jefa del Gobierno del Distrito Federal. No era,
sin embargo, la primera vez que esta mujer se presentaba como
candidata a la Presidencia del PRI, pero esta vez tuvo más
suerte que la anterior, cuando perdió por estrechísimo
margen frente a la fórmula presentada por dos de sus compañeros:
Roberto Madrazo Pintado y Elba Esther Gordillo.
La candidata arrasó en las elecciones internas del partido
al recibir 9.410 votos frente a los 4.173 que ha tenido su contrincante,
Enrique Jackson. Socióloga de formación, la presidenta
electa tiene ahora la misión de relanzar al PRI tras la
nueva derrota en los pasados comicios presidenciales. Para ello,
los compromisos principales de la nueva presidenta son abrir espacios
a las mujeres y a la sociedad civil y orientar el partido hacia
el centro-izquierda.
Mejorar la imagen. Como nueva líder del
PRI, Paredes deberá además lidiar con las críticas
que su partido (que gobernó México durante 71 años),
aún despierta entre la población, que lo ve como
autoritario, corrupto y responsable de la pobreza que acucia a
gran parte de los mexicanos. Para muchos militantes, es necesaria
una profunda renovación del partido que debe pasar por
“un giro a la izquierda”.
El gran objetivo de Paredes de mejorar la imagen del PRI debe
alcanzarlo no sólo de puertas afuera, sino también
dentro del propio partido. “Tenemos que tener capacidad
autocrítica y crítica, pero no de autoflagelación.
La denigración no debe seguir rigiendo en el comentario
de los priistas”, afirmó la dirigente en
un discurso.
Diversos analistas mexicanos han indicado que Beatriz Paredes
afrontará grandes dificultades para devolver al PRI sus
señas de identidad de gran partido de centro en la vida
política de México, entre el PAN y el PRD. El peso
de la imagen de haber propiciado fraudes electorales y haber desarrollado
una controvertida gestión económica aparecen, según
los especialistas, como las dos primeras e importantes hipotecas
que hereda Paredes en su Presidencia.
El PRI debe afrontar también problemas de financiación,
a pesar de haber saldado la millonaria multa que le fue impuesta
por desviar fondos de la empresa estatal Petróleos Mexicanos
(Pemex) para sufragar la campaña presidencial del año
2000. Este fue uno de los muchos hechos de la política
mexicana que han provocado el desaliento y la desilusión
entre la población por sus políticos, algo que el
nuevo PRI debe encargarse también de solucionar.
La intención reformista de Paredes no ha esperado mucho
para dejarse ver. Esta misma semana, la presidenta electa se ha
reunido con los diferentes sectores de su partido para ganar las
voluntades de los miembros del PRI de manera que se pueda llevar
a cabo, sin sobresaltos, las reformas estatutarias que pretende
para su agrupación política. Un cabildeo muy necesario
dado que en pocos días comenzará la IV Asamblea
Nacional Extraordinaria del tricolor (como se le conoce al PRI)
y todos sus miembros saben que el partido no está en situación
de soportar demasiadas fricciones internas.
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