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Año X - Madrid, viernes 15 de febrero de 2008
 
Reportaje
 

Al Gobierno mexicano se le complican las cosas para llevar a cabo la reforma energética

El lío de Pemex
Norma Román

Ante las críticas de varios sectores de la sociedad mexicana por el anuncio de la ministra de Energía de México, Georigina Kessel, de llevar a cabo una reforma energética en el país que supondría la entrada de capital privado en la estatal Petróleos Mexicanos (Pemex), el presidente Felipe Calderón ha tenido que tomar cartas en el asunto para callar las voces discrepantes.

Según la oposición mexicana, lo que está intentando realizar el partido gobernante, el Partido Acción Nacional (PAN), es claramente realizar una privatización de la petrolera estatal que incluye la salida a la Bolsa de las acciones de la compañía y la inversión extranjera en sus refinerías.

Ha sido el propio presidente Calderón el que ha aclarado que en ningún lugar se trata de una privatización de Pemex. De lo que se trata es de llevar a cabo una reestructuración energética que permita fortalecer la compañía para conseguir aumentar el número de exportaciones de crudo.

El Gobierno mexicano ha planteado tres opciones para conseguir estos objetivos. La primera sería que la petrolera se quedara como está. Si el Congreso así lo decide, Calderón respetará su decisión y no llevará a cabo reforma alguna. La segunda posibilidad es destinar a Pemex más recursos del Presupuesto General. El presidente mexicano puntualizó que esta opción ya se había formalizado con la reforma fiscal, pero que era insuficiente.

La tercera opción, un tanto más arriesgada, es la tomar ejemplo de los países petroleros vecinos y observar que han hecho otras empresas públicas en el mundo. La ministra de Energía, Georgina Kessel, durante su anunció de llevar a cabo un nuevo plan de remodelación de Pemex, citó a Cuba como ejemplo en exploración y extracción de crudo.

Lo que está claro, es que, de una manera u otra, el Gobierno mexicano tiene que sentarse a discutir qué hace con el petróleo del país. México dispone de grandes yacimientos de crudo pero debido a la falta de tecnología no puede llevar a cabo las exploraciones necesarias para sacar el máximo provecho a los recursos naturales de sus territorios.

Uno de los argumentos fundamentales de que ha dado el Ministerio de Energía de México para considerar la entrada de capital privado en Pemex es que los yacimientos pendientes de explorar se encuentran a más de 4.000 metros de profundidad y el país no cuenta con la tecnología necesaria para explotarlos.

Este hecho ya había sido percibido por la Confederación de Cámaras Industriales mexicana (Concamin) a finales del año pasado cuando alertó al Gobierno de que era el momento para realizar una reforma energética si no quería en el futuro tener que depender del petróleo de países terceros. En un comunicado que apareció en todos los medios de comunicación mexicanos, Concamin aseguraba que si no se realizaban inversiones en exploración, perforación y extracción de hidrocarburos, las reservas de México se extinguirían en nueve años.

Parece que este mensaje alarmista de los empresarios mexicanos ha hecho mella en el Gobierno de Calderón que se ha tomado muy en serio el tema de los carburantes y Pemex se ha convertido en una de sus prioridades. Según el ministerio de Energía, para mantener la producción en el país hace falta incrementar en un 157% la perforación de pozos, aumentar en un 35% el personal técnico e incrementar en un 63% el equipo para extracción. Puede que después de echar cuentas, la ayuda del capital privado no suene tan mal.

 
 

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