|
A raíz de los conflictos
que han estallado en Perú durante la última semana,
el presidente electo, Alan García, ha presentado las que
serán sus primeras decisiones. Al mismo tiempo ha aprovechado
para atacar a su predecesor, Alejandro Toledo, y le ha acusado
de crear "bombas de tiempo".
Las declaraciones de García
parecen dirigidas directamente a frenar los últimos conflictos
y a atribuir todos los males a las últimas, y controverrtidas,
decisiones de su predecesor. Si durante la última semana
miles de granjeros bloquearon las autopistas y se enfrentan a
la policía en protesta por el acuerdo de comercio con EEUU,
García anuncia que tiene intención de renegociar
con el gigante americano, pese a acabar de ser ratificado hace
apenas una semana.
Si las compañías
privadas de las industrias del Petróleo, Minería
y Energía protestan por una última ley que pretende
que tengan que pagar más impuestos, Luis Gonzáles
Posada, congresista del APRA, anuncia una terapia económica
de choque basada en la austeridad y la inversión. Si el
Instituto Nacional de Estadística e Informática
(INEI) anuncia que la desnutrición sigue afectando a una
tercera parte de los peruanos y que, si se excluye a Lima, la
desigualdad se ha incrementado en general, el también congresista
aprista Javier Velásquez anuncia que el sueldo que tanto
el presidente electo, Alan García, como el resto de su
Gobierno recibirán será inferior en más del
50% al actual.
En un clima que recuerda al de
una campaña electoral, las acusaciones al Gobierno de Toledo
se han multiplicado: el despilfarro público a través
de un excesivo incremento de salarios y de cargos públicos
son los principales argumentos, pero también ataques contra
la mujer del aún presidente por haber rechazado la nacionalidad
peruana y sus frecuentes viajes al exterior (hasta 87).
Toledo ha reaccionado ante las
acusaciones de despilfarro y contraataca. García, que ya
ocupó la Presidencia, fue condenado por diversos cargos
de corrupción y Toledo le advierte que mejor deje esa línea
de discurso y que, si no está dispuesto a hacerlo, que
lo busque para hablar al respecto. Además, añade
que su Gobierno "deja la casa llena y una democracia fornida".
El todavía jefe de Estado cree que las afirmaciones en
contra de Karp, su mujer, están motivadas por la incomodidad
de García ante el "73% de popularidad" de Toledo,
pese a lo que añade: "Yo quisiera que él salga
con un 120% de popularidad cuando concluya su mandato".
La coincidencia de estas críticas,
junto con las declaraciones de García, podría hacer
pensar que existe la intención de amargar la salida de
Toledo. Pero, como se ha señalado anteriormente, parece
que el verdadero objetivo de García es el de preparar el
terreno ante los inminentes problemas que le esperan. En consonancia
con lo dicho por el INEI, el líder aprista ha declarado
que los beneficios del crecimiento económico de los últimos
años han reportado mejoras para un 30% de la población
peruana, mientras que el otro 70% ha mantenido o empeorado su
precaria situación, y durante la semana ha invitado a Alejandro
Toledo a que se dé una vuelta por los asentamientos humanos
y pueblos jóvenes, lugares en los que constatará
"las bombas de tiempo" que el actual Gobierno está
dejando.
Con todo y pese al agrio debate,
también existen cifras para el optimismo. Además
de los datos anteriormente citados, el INEI ha señalado
que el Producto Interior Bruto (PIB) se ha incrementado en un
promedio anual del 3,61% desde 2001 (cuando Toledo llegó
a la Presidencia) y que la pobreza se ha reducido en cinco puntos.
De la capacidad de García
para reducir las desigualdades e injusticias sociales, sin frenar
el crecimiento, junto con la necesidad de vencer antiguas reticencias,
dependerá en gran medida el éxito de su Gobierno.
Con estas declaraciones, un García que demostró
en campaña no haber perdido sus magnificas dotes de orador,
no parece buscar sino allanar el camino para lo que aún
habrá de demostrar: su capacidad de gestión.
|