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Año VII - Madrid, viernes 7 de julio de 2006
 
Reportaje
 
Calderón gana por la mínima en unas presidenciales de México que Obrador impugnará
 
Elecciones de infarto

David Penado

 

Después de dos recuentos electorales, Felipe Calderón se ha proclamado vencedor con 236.006 votos y 0,57 puntos porcentuales de diferencia respecto a Andrés Manuel López-Obrador (35,88% frente a 35,31%). En este segundo recuento, la distancia entre ambos candidatos se ha reducido a la mitad de la ofrecida por el primero lo que parece que ha reforzado a López-Obrador en su idea de que sólo un flagrante fraude electoral le ha apartado de una victoria que considera suya.

Obrador ya ha anunciado que impugnará el resultado, exigiendo otro recuento electora, esta vez voto a voto, y ha convocado para el sábado una manifestación en la capital a la que espera que asista un millón de personas. El propósito no es otro que el de demostrar en las calles que el resultado que ha hecho oficial el Instituto Federal Electoral (IFE) no es el verdadero.

Los mercados financieros internacionales, y muy especialmente la Bolsa de inversión estadounidense, también han servido como espejo de este largo y complicado proceso, leído en clave de su clara predilección por el candidato oficialista, Felipe Calderón, partidario de una mayor liberalización y de reformas estructurales. Así, a cierre de esta edición, el balance de la semana es de una subida en la Bolsa de México de un 4,1% (19.977 puntos) y una revalorización total del peso mexicano, respecto al dólar, del 2,73% llevándolo hasta cifras que no se veían desde el pasado mayo (11,034). Sin embargo, en consonancia con el vaivén electoral, la tendencia a la alza se vio claramente interrumpida cada vez que López-Obrador, o sus recursos, amenazaban dar al traste con la victoria de Calderón. Así, el paseo triunfal para las ganacias que comenzó a dibujarse el lunes (apertura de la Bolsa de México clarísimamente al alza con una subida del 3,8% y una revalorización del peso méxicano respecto al dólar de un 1,15%), se vio frenada por el nuevo recuento y encontró su contrario en la jornada del miércoles con la victoria provisional de López-Obrador (la Bolsa mexicana perdió hasta un 2,46% situándose en 19.828 puntos).

Todo ello hace concluir a la mayoría de análistas internacionales que, por encima de cualquier coyuntura, la imagen que permanecerá es la de un país completamente dividido en el que la antigua hegemonía de un Partido Revolucionario Institucional (PRI) que todo lo cubría ha dado paso a un panorama de extrema polarización. La fractura de las tremendas diferencias económicas de la décima economía del mundo, encuentra su paralelo en un nuevo escenario territorial en el que el PRI ya no gana en ningún Estado. El sur apoya al candidato del Partido de la Revolución Democrática(PRD), López-Obrador, y el Norte, al candidato del Partido de Acción Nacional (PAN), Calderón.

En esta situación, incluso, los aliados tradicionales del partido de Gobierno anteponen a la Presidencia la capacidad de devolver la estabilidad al país. Significativamente, Luis Barraza, representante de una organización empresarial, que situada en ciudad de México, aglutina a las mayores empresarios del país, ha pedido prudencia a lo largo de la semana al tiempo que ponía el acento en que "el nuevo presidente tendrá que construir consensos en el Congreso".

No resulta sorprendente cuando desde un primer momento la incertidumbre se apoderó de los resultados. Ya desde el primer recuento y pese a la ventaja de un punto de Calderón, su rival López-Obrador se mostró convencido de que la victoria le correspondía a él. Obrador denunció desde esos primeros instantes, y pese a la opinión contraria de los observadores internacionales, que el proceso no se había desarrollado con normalidad y, como finalmente esta haciendo, dejaba claro que se iba a dejar llevar por esta convicción hasta las últimas consecuencias. Anomalías tales como un número mayor de votos que de votantes registrados o la falta de coinicidencia entre los paquetes de votos y las actas electorales, eran presentadas como pruebas.

Incluso la evolución de los hechos pareció darle la razón en una primera evolución de los hechos. Después de un primer recurso, el Instituto Federal Electoral (IFE) procedió a un nuevo recuento parcial en el que López-Obrador figuró en cabeza, con varios puntos porcentuales de ventaja, durante la mayor parte. De hecho, hubo que esperar hasta que el 97% de los votos estuvieran escrutados, para que Calderón volviera a ponerse al frente. Pero la verdad era que los resultados que faltaban por llegar provenían de aquellos Estados en los que Calderón se imponía con claridad: los del norte. Finalmente, se confirmaba la victoria del candidato conservador, pero la reducción de su ventaja junto con las prisas que según López-Obrador se habría tomado el IFE en presentar los nuevos resultados dan a Obrador nuevos argumentos para dar el siguiente paso: recurrir a la vía judicial. De ser así, el resultado se podría demorar aún más ya que la Corte Electoral no tendría que tomar su decisión hasta el 31 de agosto.

Pase lo que pase, no cabe duda de que quien finalmente ocupe la Presidencia, tendrá entre sus obligaciones prioritarias la de fraguar consensos. Una gran coalición o un puesto para Obrador en un Gobierno que encabezaría Calderón se han barajado como hipótesis, pero, al menos de momento, ante la determinación de Obrador, parece que todavía cabe esperar nuevas sorpresas.

 
 

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