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Después de dos recuentos
electorales, Felipe Calderón se ha proclamado vencedor
con 236.006 votos y 0,57 puntos porcentuales de diferencia respecto
a Andrés Manuel López-Obrador (35,88% frente a 35,31%).
En este segundo recuento, la distancia entre ambos candidatos
se ha reducido a la mitad de la ofrecida por el primero lo que
parece que ha reforzado a López-Obrador en su idea de que
sólo un flagrante fraude electoral le ha apartado de una
victoria que considera suya.
Obrador ya ha anunciado que impugnará
el resultado, exigiendo otro recuento electora, esta vez voto
a voto, y ha convocado para el sábado una manifestación
en la capital a la que espera que asista un millón de personas.
El propósito no es otro que el de demostrar en las calles
que el resultado que ha hecho oficial el Instituto Federal Electoral
(IFE) no es el verdadero.
Los mercados financieros internacionales,
y muy especialmente la Bolsa de inversión estadounidense,
también han servido como espejo de este largo y complicado
proceso, leído en clave de su clara predilección
por el candidato oficialista, Felipe Calderón, partidario
de una mayor liberalización y de reformas estructurales.
Así, a cierre de esta edición, el balance de la
semana es de una subida en la Bolsa de México de un 4,1%
(19.977 puntos) y una revalorización total del peso mexicano,
respecto al dólar, del 2,73% llevándolo hasta cifras
que no se veían desde el pasado mayo (11,034). Sin embargo,
en consonancia con el vaivén electoral, la tendencia a
la alza se vio claramente interrumpida cada vez que López-Obrador,
o sus recursos, amenazaban dar al traste con la victoria de Calderón.
Así, el paseo triunfal para las ganacias que comenzó
a dibujarse el lunes (apertura de la Bolsa de México clarísimamente
al alza con una subida del 3,8% y una revalorización del
peso méxicano respecto al dólar de un 1,15%), se
vio frenada por el nuevo recuento y encontró su contrario
en la jornada del miércoles con la victoria provisional
de López-Obrador (la Bolsa mexicana perdió hasta
un 2,46% situándose en 19.828 puntos).
Todo ello hace concluir a la mayoría
de análistas internacionales que, por encima de cualquier
coyuntura, la imagen que permanecerá es la de un país
completamente dividido en el que la antigua hegemonía de
un Partido Revolucionario Institucional (PRI) que todo lo cubría
ha dado paso a un panorama de extrema polarización. La
fractura de las tremendas diferencias económicas de la
décima economía del mundo, encuentra su paralelo
en un nuevo escenario territorial en el que el PRI ya no gana
en ningún Estado. El sur apoya al candidato del Partido
de la Revolución Democrática(PRD), López-Obrador,
y el Norte, al candidato del Partido de Acción Nacional
(PAN), Calderón.
En esta situación, incluso,
los aliados tradicionales del partido de Gobierno anteponen a
la Presidencia la capacidad de devolver la estabilidad al país.
Significativamente, Luis Barraza, representante de una organización
empresarial, que situada en ciudad de México, aglutina
a las mayores empresarios del país, ha pedido prudencia
a lo largo de la semana al tiempo que ponía el acento en
que "el nuevo presidente tendrá que construir consensos
en el Congreso".
No resulta sorprendente cuando
desde un primer momento la incertidumbre se apoderó de
los resultados. Ya desde el primer recuento y pese a la ventaja
de un punto de Calderón, su rival López-Obrador
se mostró convencido de que la victoria le correspondía
a él. Obrador denunció desde esos primeros instantes,
y pese a la opinión contraria de los observadores internacionales,
que el proceso no se había desarrollado con normalidad
y, como finalmente esta haciendo, dejaba claro que se iba a dejar
llevar por esta convicción hasta las últimas consecuencias.
Anomalías tales como un número mayor de votos que
de votantes registrados o la falta de coinicidencia entre los
paquetes de votos y las actas electorales, eran presentadas como
pruebas.
Incluso la evolución de
los hechos pareció darle la razón en una primera
evolución de los hechos. Después de un primer recurso,
el Instituto Federal Electoral (IFE) procedió a un nuevo
recuento parcial en el que López-Obrador figuró
en cabeza, con varios puntos porcentuales de ventaja, durante
la mayor parte. De hecho, hubo que esperar hasta que el 97% de
los votos estuvieran escrutados, para que Calderón volviera
a ponerse al frente. Pero la verdad era que los resultados que
faltaban por llegar provenían de aquellos Estados en los
que Calderón se imponía con claridad: los del norte.
Finalmente, se confirmaba la victoria del candidato conservador,
pero la reducción de su ventaja junto con las prisas que
según López-Obrador se habría tomado el IFE
en presentar los nuevos resultados dan a Obrador nuevos argumentos
para dar el siguiente paso: recurrir a la vía judicial.
De ser así, el resultado se podría demorar aún
más ya que la Corte Electoral no tendría que tomar
su decisión hasta el 31 de agosto.
Pase lo que pase, no cabe duda
de que quien finalmente ocupe la Presidencia, tendrá entre
sus obligaciones prioritarias la de fraguar consensos. Una gran
coalición o un puesto para Obrador en un Gobierno que encabezaría
Calderón se han barajado como hipótesis, pero, al
menos de momento, ante la determinación de Obrador, parece
que todavía cabe esperar nuevas sorpresas.
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