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de varios meses de enconadas luchas, económicas y políticas,
ha triunfado la OPA de Mittal Steel sobre Arcelor. El último
obstáculo fue la rusa Severstal, pero los accionistas votaron
masivamente contra la firma de Mordashov. El 58% del
capital de Arcelor votó en contra de la fusión con
la empresa rusa, lo que representa el 96% de las acciones
presentes o representadas en la junta de accionistas.
El gigante angloindio había
decidido mejorar su oferta por segunda vez, hasta valorar Arcelor
en torno a los 27.000 millones de euros. El principal opositor
de Severstal fue el magnate franco-polaco Romain Zaleski, que
controla el holding Carlo-Tassara International, que es el accionista
mayoritario de Arcelor, con un 7,8% del capital. Lo
había afirmado con toda claridad: “Mittal es una
opción mejor para los accionistas de Arcelor”. Además,
una asociación francesa de accionistas minoritarios se
inclinó también a favor de Mittal. En cambio, los
sindicatos franceses eran partidarios de la compañía
rusa.
Pero todo esto ya es historia.
Los tiempos corren veloces. Sobre todo en este siglo XXI. Queda
sin resolver, de una manera clara, la situación de la canadiense
Dofasco. La nueva empresa siderúrgica es, sin duda, la
primera del mundo y se encuentra a gran distancia de la segunda,
la Nipon Steel. Se trata de una operación típica
de la economía de la globalización en la que vivimos.
El sector siderúrgico está muy fragmentado. Y antes
o después vendrán nuevas fusiones.
En el informe definitivo del consejo
de administración de Arcelor se afirma que “se han
acordado con Mittal Steel mejoras significativas con respecto
a los principales aspectos que habían llevado a rechazar las
anteriores ofertas, entre las que cabe destacar, especialmente,
el precio propuesto, el proyecto industrial y social y el modelo
de gobierno corporativo”. Y añade que “el consejo (de administración)
destaca que el proyecto negociado con Mittal Steel asegura la
permanencia y la continuidad del modelo Arcelor”.
Todo ello,
en el fondo, son hermosas palabras, pero ha triunfado lo económico
por encima de cualquier otra consideración. En cierto sentido,
tal vez, sea mejor así. Por ejemplo, las consideraciones
políticas han pasado a un segundo plano. Y esto ha sucedido
en un momento en que en Europa se han dificultado, o se dificultan,
determinadas uniones, alegando el interés nacional, o
el interés estratégico. Pero mientras la Unión
Europea se encuentra parada, las potencias emergentes, de las
cuales China es la primera, aumentan su influencia. Y este país
ocupa el cuarto lugar en la economía mundial, detrás
de EEUU, Japón y Alemania. Francia y el Reino
Unido han quedado detrás.
Mittal Steel emitirá 725
millones de nuevas acciones ordinarias para ejecutar su OPA sobre
Arcelor, lo que casi triplica los 255 millones de acciones, que
posee en la actualidad la empresa angloindia. Mittal
invertirá 6.810 millones de euros en una acería
en el estado oriental de Orissa (India), con una capacidad de
producción de 12 millones de toneladas.
Las críticas a la globalización
se cimentaban en la desigual distribución de riqueza que
ha generado, a pesar de que el mundo, en su conjunto, haya crecido
y mejorado. La duda ahora reside en si la actual dinámica
se verá afectada por los posibles, y probables, cambios
en la distribución del poder a escala internacional. |