| El
presidente de Brasil, Ignacio Lula da Silva, ha iniciado hoy su
campaña electoral para su reelección como jefe de
Estado organizando una cena destinada a recoger fondos, y en la
que se condenó públicamente el crimen organizado
de la ciudad de Sao Paulo.
La cena, que contaba con cerca
de 3.000 invitados, sirvió para condenar el crimen organizado
así como para desmentir las acusaciones de la oposición,
que llevaba varios días insinuando una posible relación
entre las mafias de la ciudad y el gobernante Partido de los Trabajadores (PT). También el presidente
defendió fervientemente las conquistas económicas
de su Gobierno, además de pedir a sus compañeros
de partido “no caer en un debate de baja calidad, pues no
es hora de ser mezquinos y de estar queriendo acusar a otros”.
Estas acusaciones, que efectuó
un senador de la oposición, han sido tildadas por Lula
como “insanas”. Los opositores, sin embargo, afirman
que los actos violentos llevados a cabo durante la campaña
son una “extraña coincidencia” ya que el principal
rival de Lula en los comicios, que tendrán lugar el 1
de octubre, el socialdemócrata Geraldo Alckmin, gobernó
Sao Paulo durante cinco años hasta el pasado mes de mayo.
Además, estas afirmaciones
se suman a las ya hechas por el líder de la oposición,
que acusó de corrupción a Lula. Aun así,
la ventaja de Lula tan sólo se ha reducido ligeramente, según
reflejan las encuestas.
Según el sondeo del Instituto
Sensus, encargado por la Confederación Nacional del Transporte
(CNT), Lula obtendría ahora mismo el 44,1% de los votos
en la primera vuelta, contra 27,2% del ex gobernador del estado
de Sao Paulo. En mayo, una encuesta similar de
Sensus daba un 42,7% a Lula y un 20,3% a Alckmin.
Los expertos parecen estar de acuerdo
en que Alckmin está basando su estrategia electoral en
denunciar la "desconfianza que genera un presidente envuelto
en continuos escándalos de corrupción". Más
de dos docenas de miembros del Ejecutivo han abandonado el Gobierno
desde que se produjeron las acusaciones de sobornos a legisladores
para ganar apoyos en el Congreso, aunque Lula siempre ha negado
estas denuncias.
Además de las acusaciones,
Lula también ha tomado alguna decisión polémica
que podría afectar a su imagen. La última fue vetar
esta semana el incremento de casi el 17% para los pensionistas
y jubilados del Instituto Nacional del Seguro Social (INSS) que
ganan más que el salario mínimo. La medida fue aprobada
por el Congreso de Brasil la semana pasada. El presidente ha rechazado
esa propuesta de incremento salarial después de cuantificar los gastos que conllevaría
la medida.
El Gobierno de Lula ya aprobó,
apoyado por los sindicatos, el aumento del 5% en las jubilaciones
y pensiones que exceden el salario mínimo. Este reciente veto de
Lula limita el aumento de los beneficios para los pensionistas
que reciben el salario mínimo de 350 reales (161 dólares)
o menos, según el Diario Oficial de la Unión.
De hecho, una investigación
del instituto Datafolha, realizada por encargo del diario
Folha de San Paulo, ha revelado que unos seis millones de brasileños
de las clases D y E (dos de los estratos económicos más
bajos) subieron de categoría y se ubicaron en la clase
C a partir de la elección de Lula en 2002.
Es en esas clases es donde se concentra
el mayor número de personas que dicen estar dispuestas
a votar por el actual mandatario brasileño y reelegirlo
para un nuevo mandato en los comicios de octubre.
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