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En lugar de reducir la tensión
generada durante la campaña, la resaca electoral y las
consecuencias del polémico y ajustado recuento están
acentuando aún más la profunda división de
la sociedad mexicana. Después de una semana plagada de
cruces de declaraciones y acusaciones mutuas, que culminará
con el desembarco masivo, en el zócalo de la capital, de
la marcha masiva de protesta convocada por Andrés Manuel
López Obrador, dos actores (empresarios y sindicatos) acaban
de unirse a la batalla de trincheras en que se ha convertido el
proceso de elección del nuevo presidente.
El dibujo que ofrece la situación
se completa ahora con un norte rico y conservador apoyado por
los empresarios frente al sur pobre, partidario del candidato
de izquierdas y ahora también claramente respaldado por
los sindicatos.
Por un lado Agustín Rodríguez,
presidente Colegiado de la Unión Nacional de Trabajadores
(UNT) ha manifestado su apoyo a Andrés Manuel López
Obrador. Por otro, el Consejo Mexicano de la Industria de Consumo
(CONMEXICO), organismo que agrupa a 41 de las empresas más
importantes del país, rechaza las acusaciones realizadas
por el candidato presidencial del Partido Revolucionario Democrático
(PRD), López Obrador, en el sentido de que Sabritas y Jumex,
dos de sus miembros, lanzaron spots vinculados subliminalmente
a favor de su adversario, el panista Felipe Calderón. Además,
Enrique de la Madrid, presidente ejecutivo de la organización
patronal, añade: "Lo más preocupante, señaló,
es que el candidato del PRD ya esté dando nombres de empresas
y personas, sin tener pruebas, poniéndolas en peligro,
sólo para intimidar. Es condenable, sobre todo porque se
trata de un candidato presidencial".
Incluso las instituciones se ven
cuestionadas y se las acusa de haber tomado partido en el curso
de la elección. Los funcionarios de los 300 distritos electorales
del país mexicano, supuestos garantes de la imparcialidad,
se han visto atacados durante la semana por Obrador y han iniciado
este jueves la entrega de la paquetería de la elección
presidencial en el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la
Federación (TEPJF) entre acusaciones de haber precipitado
la apertura de parte de las sacas con el objetivo de invalidarlas.
Obrador, ha llegado a utilizar el término "delincuentes"
para referirse a los funcionarios y ha informdo además
de que su equipo de abogados analizará la posibilidad de
actuar legalmente en contra del presidente del Instituto Federal
Electoral (IFE), Luis Carlos Ugalde.
Ni siquiera gobiernos extranjeros
u organismos internacionales se libran y se ven obligados a dar
explicaciones por sus precipitadas felicitaciones a un Presidente
electo que aún no es tal. Observadores internacionales
son acusados también y Gerardo Fernández Noroña,
portavoz del PRD declara a Americaeconomica que a Salafranca,
al mando de la delegación, "se ha dejado ganar claramente
por su posición de derechas". Incluso los ciudadanos
son exhortados por unos (PRD) a salir a la calle y acusados por
otros (Partido de Acción Nacional -PAN-) de amenazar el
orden público. Para los primeros es una cuestión
de libertad de expresión, para otros una campaña
financiada de manera fraudulenta.
Tal vez sólo los obispos
lo vean completamente claro. Para ellos la cuestión es
más simple: Obrador no respeta que Calderón, por
quien habían pedido el voto, ha ganado las elecciones.
En realidad, Calderón también lo debe de tener bastante
claro y ha presentado su gobierno de transición, enviado
teletipos en los que se declara como ganador y concedido entrevistas
a medios internacionales en los que asume esa condición.
No obstante, es consciente de la necesidad de aunar consensos
y de contar con apoyos legislativos. No quiere que le pase, de
ser investido finalmente presidente, como al que fue su antecesor,
Vicente Fox, y que vea bloqueados sus proyectos en la Cámara
de representantes.
Tras el reparto definitivo de los
escaños, el Partido de Acción Nacional (PAN) se
ha confirmado como el partido mayoritario en ambas Cámaras
mexicanas, pero no es suficiente. Según datos facilitados
por el Instituto Federal Electoral (IFE), los 500 asientos de
la Cámara Baja, se repartirán conforme a los siguientes
porcentajes: 33,39% para el PAN; 28,99%, Partido de la Revolución
Democrática (PRD); 28,21%, Partido Revolucionario Institucional
(PRI). El Senado seguirá la misma jerarquía, con
los siguientes porcentajes: PAN, 33,54%; PRD, 29,69%; PRI, 28,07%.
Es decir, cualquier combinación es posible, hasta la del
PAN con todos los partidos minoritarios.
Calderón incluso ofrece
un puesto en el gobierno a Obrador, pero para el candidato de
izquierdas esa posibilidad ni siquiera es concebible. Sólo
hay un puesto que cree que le corresponda: la Presidencia. Sus
medidas a seguir: 1) marcha nacional desde todos los distritos
electorales del país hacia la Ciudad de México,
"sin afectar derechos de terceros"; 2) nuevas "asambleas
informativas" a congregarse en el Zócalo en este mes;
3) formar comités de difusión; 4) portar, un moño
tricolor, como distintivo de su exigencia.
El objetivo: el recuento voto a
voto. La duda: ¿Respetará Obrador el resultado del
Tribunal Electoral Federal si no le es favorable? Su portavoz,
Gerardo Fernández, nos ha asegurado que ese resultado es
inapelable. La respuesta: A partir del 31 de Agosto el Tribunal
tendrá que deliberar. Probablemente el 6 de septiembre
llegue su respuesta.
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