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Tribunal Internacional de Justicia (TIJ), ubicado en La Haya,
acaba de rechazar la petición de Argentina de paralizar
la construcción de dos papeleras en Uruguay. Este fallo
hará que continúen las obras de las fábricas,
situadas en la frontera fluvial del río Uruguay, que separa
ambos países. Estas industrias destinadas a generar celulosa
para la exportación uruguaya y que comenzarán a
funcionar en 2007 y 2008, han provocado un continuo roce entre
los dos países, pues en Argentina consideran que las papeleras
generarán un gran impacto ambiental en la zona y hará
disminuir la calidad de vida de los ciudadanos que viven en las
orillas del río. Aunque, según Montevideo, ambas
fábricas cumplen estrictas medidas de seguridad.
Tras un mes de reflexión,
la presidenta del TIJ, Rosalyn Higgins, ha leído el fallo
sobre las medidas interpuestas por el Gobierno argentino. "Argentina
no ha logrado convencer a este Tribunal del peligro inminente
de contaminación presentado por las papeleras. Su construcción
tampoco produce de momento un daño irreparable al entorno",
afirmó.
Los sectores ecologistas argentinos
ya consideraban que el rechazo a la medida cautelar era un resultado
previsible, puesto que diversos analistas jurídicos habían
señalado que resultaba prácticamente imposible que
el Tribunal diera lugar a una medida cautelar favorable a Argentina.
En palabras del presidente político de Greenpeace, Juan
Carlos Villalonga, "la decisión argentina de recurrir
a La Haya ha sido un grave error porque ha debilitado los canales
de diálogo y ha generado expectativas equivocadas que se
han prolongado durante meses que hubieran sido clave para el inicio
de un diálogo bilateral".
Mientras tanto, el Ejecutivo argentino
no considera esta sentencia como una derrota y ha calificado el
fallo de "equilibrado" puesto que "no prejuzga
el fondo de la cuestión". Postura que contrasta con
la vivida en su país vecino. Los representantes uruguayos
mostraron su satisfacción ante la decisión judicial
y subrayaron que ésta ha sido tomada por 14 votos a favor
y uno en contra. Para el embajador de Uruguay en La Haya, Carlos
Mora, el hecho de que sea además vinculante y sin posibilidad
de apelación, supone una doble alegría.
La relación entre Argentina
y Uruguay se ha deteriorado bastante por este asunto, por el cual
Uruguay amenazó incluso con salirse del Mercosur. Por su
parte, el presidente argentino, Néstor Kirchner, convirtió
la batalla en un tema de interés nacional, logrando incluso
el respaldo de la oposición. Al final llevó el asunto
hasta el Tribunal Internacional de La Haya, siendo éste
el que no le ha dado la razón.
Las papeleras suponen una gran
inversión con la que Uruguay se juega mucho, pues le costarán
1.800 millones de dólares (1.413 millones de euros), el
2,5% de su Producto Interior Bruto (PIB). La que está siendo
levantada por la española Empresa Nacional de Celulosa
S. A. (Ence) producirá 500.000 toneladas anuales de pasta
de papel. De la otra se ocupa la finlandesa Botnia, que fabricará
un millón de toneladas anuales.
Los ciudadanos argentinos de Gualeguaychú,
que viven a seis kilómetros de Fray Bentos (la localidad
uruguaya donde se están construyendo las plantas), comenzaron
a organizarse hace varios años y crearon la Asamblea Ciudadana
Ambiental de Gualeguaychú para coordinar su oposición
a los proyectos de Uruguay. En octubre de 2003, unas 4.000 personas
se movilizaron. Dos años y medio más tarde, el número
creció de forma significativa: entre 2005 y 2006 los manifestantes
cortaron el paso fronterizo durante 80 días, 26 de ellos
consecutivos, y el 30 de abril de 2006 más de 100.000 argentinos
marcharon hasta el comienzo del puente San Martín, lo que
dio lugar a la manifestación ambientalista más importante
en la historia de Argentina. Según el Gobierno de Tabaré
Vázquez, los cortes al paso fronterizo han generado pérdidas
de 400 millones de dólares (315 millones de euros) a Uruguay.
Los que menos han perdido han sido
los propietarios de Ence, la papelera española. Según
las estimaciones de algunos analistas, el proyecto de Uruguay
representa aproximadamente seis euros por acción en su
valoración de la compañía, lo que supone
unos 203 millones de euros para una empresa con una capitalización
bursátil de 1.016 millones de euros.
El fallo del Tribunal de La Haya
no ha causado sorpresa entre los analistas, ni en la cotización
de Ence. El presidente de la compañía, Juan Luis
Arregui, ha elevado sucesivamente su participación hasta
el 12,69%.
De todas formas, aún hay
consuelo para los habitantes de las orillas del río Uruguay:
el Tribunal de La Haya ha dictaminado que se reserva el derecho
de cerrar las dos papeleras de celulosa en caso de que contaminen.
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