| En
la ocasión de conmemorarse el cien aniversario de Arturo Uslar Pietri,
Aníbal Romero publica un artículo en el que concluye que resulta sencillamente
imposible "sembrar el petróleo", por cuanto le asisten razones
que tienen que ver con la naturaleza humana. A decir verdad, lo que sabemos de
la naturaleza humana es muy poca cosa comparado con tan exagerada afirmación.
Pero en Uslar si encontramos argumentos de tipo económico sobre el efecto
negativo del petróleo en la vida de los venezolanos que quizá no
son tales.
Pero lo que si sabemos en términos civilizatorios
es que las sociedades humanas, unas más que otras, evolucionaron de cazadores
y recolectores a agricultores y ganaderos, luego se hicieron comerciantes, industriales
y financieros. Siendo la base de todo este emprendimiento no otra cosa que la
disposición humana por el trabajo.
En primer
lugar argumenta Uslar que la afluencia de divisas que provee el negocio petrolero
se ha constituido en una prima para las importaciones y en una barrera para las
exportaciones no tradicionales (Arturo Úslar Pietri. Petróleo de
vida o muerte. Caracas: Editorial Arte, 1966, pp. 51-2). En
segundo lugar argumenta Uslar que el efecto del petróleo se traduce en
el mantenimiento de un nivel de vida artificial porque permite comprar en el exterior
todo lo que necesitamos y no producir internamente nada (Arturo Úslar Pietri.
De una a otra Venezuela. Caracas: Monte Ávila editores, 1980, p. 47).
La
contrastación empírica de estas dos proposiciones permiten inferir
que son falsas. En cuanto al primer argumento: el coeficiente de determinación
resultante de ajustar linealmente el saldo en cuenta corriente del sector privado
no petrolero al tipo de cambio nominal es de 0,27, para 52 observaciones comprendidas
entre los años 1950-2001. Esto significa que la afluencia de divisas que
el negocio petrolero provee, reflejada en el tipo de cambio, afecta en un 27%
al déficit comercial del sector privado de la economía. Por sí
solo el tipo de cambio no es un factor determinante satisfactorio de la
barrera comercial de las exportaciones netas no tradicionales.
En
cuanto al segundo argumento: el coeficiente de determinación resultante
de ajustar linealmente el producto interno bruto (PIB) privado no petrolero por habitante
a las importaciones privadas no petroleras por habitante es de 0,25, para 34 observaciones
comprendidas entre los años 1968-2001.
Esto significa
que lo que el petróleo permite comprar en el exterior a través de
las importaciones, determina el 25% de lo que a escala privada se produce internamente.
Las importaciones por sí mismas no son un factor determinante satisfactorio
del nivel de vida de los venezolanos.
Tal inferencia estadística,
que sorprende a primera vista por la visión popular que del petróleo
se tiene, nos permite plantearnos la siguiente pregunta: ¿Qué factor
determinante sí lo es satisfactoriamente?. Nuestro argumento se fundamenta
en la proposición según la cual la productividad crece con el progreso
técnico (Natalie Moszkowska. "Contribución a la crítica de
las teorías modernas de las crisis". México: Siglo XXI editores,
1978, p. 45).
Una manera de aproximarnos a las nociones de productividad y progreso
técnico es a través de las definiciones de producto por habitante
y de inversión por habitante. El primero define la contribución
de la población en la generación del producto. El segundo define
la disponibilidad de activos fijos por parte de la población.
Pues bien, el coeficiente de determinación resultante de ajustar linealmente
el producto interno bruto privado no petrolero por habitante a la inversión
bruta fija privada no petrolera por habitante es de 0,99, para 34 observaciones
comprendidas entre los años 1968-2001.
Esto significa
que la disponibilidad interna de capital fijo, al margen de la petrolera, determina
en un 99% la contribución de los venezolanos en la generación del
producto. Por sí misma, la inversión en activos fijos es un determinante
satisfactorio de la productividad económica de los venezolanos.
Estos
hallazgos empíricos me permiten concluir que el petróleo no es una
maldición. También me permite concluir que la generación
privada del producto que los venezolanos compramos y vendemos está determinado
endógenamente.
(*) Moisés Mata es profesor de la
Universidad Experimental de los Llanos Occidentales de Venezuela. |