| La
Casa Blanca ha presentado en estos días el segundo informe de la Comisión
para una Cuba Libre, justo cuando faltan cuatro meses para que se celebren unas
durísmas elecciones legislativas en EEUU (se renueva el Congreso y un tercio
del Senado) y locales en las que el Partido Republicano lo tiene difícil
y podría perder su actual mayoría parlamentaria y el puesto de gobernador
del estado de Florida. El primer informe
de este grupo de expertos que dirige siempre el secretario de Estado de turno
(entonces fue Colin Powell, ahora es Condoleezza Rice) se hizó público
en mayo de 2004, cuando faltaban seis meses para las últimas elecciones
presidenciales en las que Bush barrió a Kerry, pero el resultado final
de los comicios aparecía incierto antes del verano y el actual inquilino
de la Casa Blanca no podía olvidar que un puñado de votos de Florida
le condujeron a la Presidencia en 2000 en un ajustadísimo, y discutible,
triunfo sobre Al Gore.
En 2004, como ahora,
la parte fundamental de estos documentos de recomendaciones para apoyar la llegada
de la democracia a Cuba, no es otra que el presupuesto que la Presidencia va a
conceder a las distintas organizaciones que luchan para cambiar el sistema de
Gobierno en la isla.
El precio ha ido aumentado. Antes de 2000, bastaban
siete millones de dólares, en 2004 fueron 20 y ahora el compromiso es más
profundo, serán 80 millones en los próximos dos años, pero
la factura se mantendrá luego invariada en 20 millones por ejercicio. Una
buena oferta. Por otro lado, un nuevo aumento
presupuestario para la cadena Radio Televisión Martí ayudará
a su vez a la oposición interna cubana. La
mayor parte del presupuesto irá a parar a esta oposición interna,
una cantidad que se calcula es de 31 millones de dólares. Aunque el documento
no explica cómo se lo harán llegar y algunas fuentes consultadas
por Cuba Económica destacan que la mayor parte de esta dotación
quedará, como de costumbre, atrapada en la red que actúa como intermediaria.
Otra
buena tajada, en este caso sin cuantificar, irá a parar a la cadena Radio
Televisión Martí para reforzar la potencia de sus emisiones de modo
que lleguen efectivamente a la isla. Algo que no ha sucedido todavía durante
los años en los que funciona, lo que no le ha impedido mantenerse viva,
incluso rodeada de varios duros escándalos de corrupción.
Algunos
analistas creen que RTV Martí conseguirá, al menos, dos tercios
de los 24 millones de dólares presupuestados para romper el “bloqueo”
informativo al que el régimen de Fidel, tendría sometidos a sus
ciudadanos. El resto será para iniciativas en Internet. Las fundaciones
internacionales que promueven la democracia en Cuba, a su vez obtendrán
15 millones de dólares. Un dinero que, en este caso, se repartirá
sobre todo entre fundaciones amigas de los exiliados. A las españolas,
también les tocará algo.
Además,
las ONG de los líderes del ultracristianismo estadounidense, otro apoyo
fundamental para Bush en 2004, también consiguen su parte. Participarán
de un presupuesto de 10 millones de dólares destinados a programas de educación
para ciudadanos cubanoamericanos. El
nuevo informe sobre la “liberación” de Cuba pone nombre a la
oposición. El informe elaborado este año en Washington
sobre las formas de impulsar la democratización de Cuba tiene sólo
93 páginas. Es lógico, el primero (2004) con 450, aportaba ya las
líneas maestras del plan. Pero hay
algunas novedades curiosas. Por ejemplo, en este caso, se indentifica con nombres
y apellidos a los componentes de la oposición interna que cuentan con el
beneplácito de Washington y, por lo tanto son presuntos destinatarios del
dinero de EEUU. Son Martha Beatriz Roque, Oscar Elías Bicet, Oswaldo Payá,
Guillermo Fariñas y el grupo de las Damas de Blanco.
A todos ellos se les identifica como símbolos visibles de la lucha por
la libertad. Algo que a la mayoría de los agraciados le ha gustado poco.
Consideran que el informe aporta nuevos argumentos para que el Gobierno cubano
pueda calificarles como “mercenarios al servicio del imperio”.
Otra recomendación flamante consiste en pedir al inquilino de la Casa Blanca
que deje entrar en vigor el Título III de la Helms Burton. Se trata de
la disposición que permitiría enjuiciar en EEUU a las empresas o
a los ejecutivos que comercien ilegalmente con Cuba. Hasta ahora, tanto Clinton
como Bush han aplazado cada seis meses su aplicación. Así se deja
claro que en lo referente a las expropiaciones, las empresas son el objetivo. Los
ciudadanos cubanos podrán mantener sus actuales viviendas. Las
expropiaciones son un tema delicado y poco popular para los ciudadanos cubanos
que tienen sus títulos de propiedad sobre los lugares en los que habitan
ahora. Por eso, sobre el particular, las autoridades se limitan a lanzar un mensaje
de tranquilidad: “No habrá expropiaciones individualizadas y será
el nuevo Estado quien se encarge de solucionar el agravio histórico”.
Un Estado que dispondrá de las posibilidades crediticias que le concedería
su incorporación a los circuitos de crédito internacionales y su
elegilibilidad para acceder a las ayudas del Banco Mundial, el FMI, y el resto
de los prestamistas supranacionales. Además, Washington firmaría
un Tratado de Libre Comercio con Cuba, en condiciones muy ventajosas para los
nuevos responsables del país.
Las
reacciones siguen el guión previsto. Tanto
las autoridades cubanas como el lobby antiembargo de EEUU han criticado con dureza
este nuevo informe. En Cuba, el encargado de líderar la contestación
ha sido Ricardo Alarcón, actual presidente de la Asamblea del Poder Popular,
que inició su campaña con la aparición en una mesa redonda
en la que estuvo acompañado por varios periodistas de prestigio en el país caribeño.
Alarcón ha aprovechado
la ola para publicar un duro artículo en Granma en el que vuelve a señalar
la pasividad de la Unión Europea como prueba de la sumisión de su
política exterior a los designios de EEUU. Y en los sectores moderados
de Miami, sólo preocupa realmente que la recomendación de que no
se puedan utilizar las tarjetas de crédito para pagar los, ya de por si
restringidos, viajes directos a Cuba entre en vigor. El resto sería “más
de lo mismo”. |