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Año VII - Madrid, viernes 28 de julio de 2006
 
Reportaje
Todo esto ocurre cuando la firma UK Trade and Investments afirma que "España se lo pierde si obstaculiza OPAs extranjeras"
Mittal controla más del 50% de Arcelor

Alberto Miguel Arruti

La operación ha terminado. Desde el pasado febrero, se ha discutido la OPA de Mittal Steel sobre Arcelor. Gobiernos, sindicatos, expertos, todos han hablado. Todos han opinado. Pero la OPA ha triunfado. Los accionistas son los que han tenido la última palabra. Y el gigante anglo-indio ha anunciado que ha conseguido el porcentaje mínimo requerido para que prospere la OPA, condicionada al 50% de las acciones del consorcio europeo, valoradas en 40,4 euros por título.

Un socialista francés, Michel Rocard, hoy eurodiputado y ex primer ministro de su país, ha escrito en un diario español una serie de reflexiones sobre esta OPA. Precisamente, en un momento en que las autoridades europeas critican al jefe de Gobierno español, que pone dificultades sobre determinadas OPAs y sobre el posible control de determinados sectores económicos por naciones extranjeras, por muy pertenecientes a la Unión Europea que sean.

Rocard, heredero de aquel socialismo francés y, en algún sentido, europeo de Jean Jaurés, matiza las diferencias entre Mittal y Arcelor. Conviene tener presente que el acero ha sido considerado en Europa como un producto que condicionaba gran parte de la industria y del ejército. Viene a la memoria el cañón Berta, con el que los prusianos ganaron, en 1870, la guerra a Francia. Este cañón, con un nombre femenino, porque no había descendientes varones, estaba fabricado por el mítico Krupp, hoy unido al poderoso Thyssen.

Y Rocard escribe que Arcelor “depende muy poco del mercado mundial, sumamente competitivo, de acero bruto y su fuerza de trabajo es (en promedio) altamente cualificada y estable”. En cambio de Mittal escribe que “es un conglomerado que, de la nada, se convirtió en la principal compañía de acero del mundo en apenas dos décadas”.

Hay que tener presente que la producción de acero se encuentra atomizada y que se imponen nuevas fusiones. La propia Arcelor se había engullido, un poco antes, a la canadiense Dofasco. Lo que no quita importancia a las reflexiones, que escribe Rocard. Pero éste llega más lejos. Y se pregunta:“¿Hacia dónde están encaminadas nuestras sociedades si los dueños de las empresas consideran que la calidad es demasiado costosa y que hay que lograr que los trabajadores se sientan inseguros y así se vuelven menos exigentes?”. “Un sistema de estas características no es viable ni sostenible a largo plazo”. Y añade, aquí está lo más explosivo del artículo, que en un momento como el presente: “es peligroso defender el concepto legal anticuado según el cual una compañía pertenece solamente a sus dueños y accionistas”.

Todo esto se produce cuando Andrew Cahn, consejero delegado de UK Trade and Investments, que es el principal cuerpo ministerial de Comercio e Inversiones del Reino Unido, afirma tajantemente:“España se lo pierde, si obstaculiza OPAs extranjeras”.

Y viene ahora el recuerdo. El Banco Santander compró el británico Abbey, Telefónica compró la operadora de móviles 02, Ferrovial ha adquirido la BBA, propietaria de los principales aeropuertos británicos y, por si fuera poco, FCC ha anunciado la compra de WRG, compañía de gestión de residuos. ¿Dónde está la justicia y la conveniencia?

Aquella socialdemocracia de Willy Brandt, con base en la economía de Keynes, parece acabada y, según se nos dice, frustrada. Y las palabras clave van a ser globalización y deslocalización.

 
 

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