La operación ha terminado. Desde el pasado febrero, se
ha discutido la OPA de Mittal Steel sobre Arcelor. Gobiernos,
sindicatos, expertos, todos han hablado. Todos han opinado. Pero
la OPA ha triunfado. Los accionistas son los que han tenido la
última palabra. Y el gigante anglo-indio ha anunciado que
ha conseguido el porcentaje mínimo requerido para que prospere
la OPA, condicionada al 50% de las acciones del consorcio
europeo, valoradas en 40,4 euros por título.
Un socialista francés, Michel
Rocard, hoy eurodiputado y ex primer ministro de su país,
ha escrito en un diario español una serie de reflexiones
sobre esta OPA. Precisamente, en un momento en que las autoridades
europeas critican al jefe de Gobierno español, que pone
dificultades sobre determinadas OPAs y sobre el posible control
de determinados sectores económicos por naciones extranjeras,
por muy pertenecientes a la Unión Europea que sean.
Rocard, heredero de aquel socialismo
francés y, en algún sentido, europeo de Jean Jaurés,
matiza las diferencias entre Mittal y Arcelor. Conviene tener
presente que el acero ha sido considerado en Europa como un producto
que condicionaba gran parte de la industria y del ejército.
Viene a la memoria el cañón Berta, con el que los
prusianos ganaron, en 1870, la guerra a Francia. Este cañón,
con un nombre femenino, porque no había descendientes varones,
estaba fabricado por el mítico Krupp, hoy unido al poderoso
Thyssen.
Y Rocard escribe que Arcelor “depende muy poco
del mercado mundial, sumamente competitivo, de acero bruto y su
fuerza de trabajo es (en promedio) altamente cualificada y estable”.
En cambio de Mittal escribe que “es un conglomerado que,
de la nada, se convirtió en la principal compañía
de acero del mundo en apenas dos décadas”.
Hay que
tener presente que la producción de acero se encuentra
atomizada y que se imponen nuevas fusiones. La propia Arcelor
se había engullido, un poco antes, a la canadiense Dofasco.
Lo que no quita importancia a las reflexiones, que escribe Rocard.
Pero éste llega más lejos. Y se pregunta:“¿Hacia
dónde están encaminadas nuestras sociedades si los
dueños de las empresas consideran que la calidad es demasiado
costosa y que hay que lograr que los trabajadores se sientan inseguros
y así se vuelven menos exigentes?”. “Un sistema
de estas características no es viable ni sostenible a largo
plazo”. Y añade, aquí está lo más
explosivo del artículo, que en un momento como el presente:
“es peligroso defender el concepto legal anticuado según
el cual una compañía pertenece solamente a sus dueños
y accionistas”.
Todo esto se produce cuando Andrew
Cahn, consejero delegado de UK Trade and Investments, que es el
principal cuerpo ministerial de Comercio e Inversiones del Reino
Unido, afirma tajantemente:“España se lo pierde,
si obstaculiza OPAs extranjeras”.
Y viene ahora el recuerdo.
El Banco Santander compró el británico Abbey, Telefónica
compró la operadora de móviles 02, Ferrovial ha
adquirido la BBA, propietaria de los principales aeropuertos británicos
y, por si fuera poco, FCC ha anunciado la compra de WRG, compañía
de gestión de residuos. ¿Dónde está
la justicia y la conveniencia?
Aquella socialdemocracia de Willy
Brandt, con base en la economía de Keynes, parece acabada
y, según se nos dice, frustrada. Y las palabras clave van
a ser globalización y deslocalización.
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