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El socialdemócrata Alan
García acaba de ser investido presidente hoy viernes y
lo hace con el objetivo declarado de colocar a Perú en
la vanguardia de Sudamérica y con la prioridad de luchar
contra la pobreza extrema. Para conseguirlo promete mantener las
cuentas del Estado "en azul" (en positivo), gobernar
con austeridad (de momento ya ha reducido su salario), crear empleos,
dotar de "agua, desagüe, salud y educación"
a todos los peruanos, construir el mayor puerto del Pacífico
latinoamericano y unir Brasil con Perú por carretera, entre
otros proyectos.
García vuelve a la Presidencia
21 años después de acceder a ella por primera vez.
En aquel entonces, Perú vivía una situación
convulsa de guerrilla interna y concluyó su gestión
con la peor crisis económica de la historia reciente del
país andino y con tasas de inflación superiores
al 7.000% anual. Además, desde aquel periodo, García
tiene pendientes acusaciones por violaciones de los derechos humanos
y la sombra de la corrupción se cierne aún sobre
él.
El líder del Partido Aprista
ha reconocido que durante su mandato se cometieron errores y nunca
ha negado que esas violaciones existieron, pero lo justifica por
la situación de su país y de la region, además
de escudarse también en su juventud de entonces.
Ahora, por el contrario, hereda
un país en buenas condiciones macroeconómicas, aunque
con la asignatura pendiente de la pobreza. También se ha
convertido en un político más proclive a la ortodoxia
económica que difícilmente emprenderá una
oleada de nacionalizaciones. Incluso frente a la irrupción
de Ollanta Humala se convirtió en el candidato pro-sistema
y ha contado con el apoyo de los organismos financieros internacionales,
los mismos a los que había dejado de pagar en su anterior
gestión.
García retorna a la Presidencia
con la determinación de sumarse a la llamada "izquierda
moderada" que representarían en Latinoamerica sus
homólogos brasileño, Luiz Inácio Lula da
Silva, argentino, Néstor Kirchner, y chilena, Michelle
Bachelet.
También viene con un aura
integracionista y ha prometido no copar la Administración
de funcionarios afines a su partido y formar un gobierno multicolor,
para lo que ha convocado a las distintas fuerzas políticas.
Una medida que ve necesaria después de la agria campaña
electoral que, además, dejó latente una importante
fractura social con grandes diferencias entre las prósperas
regiones costeras y las más pobres, ubicadas en los Andes
y en la selva.
Además, García llega
en un buen momento a la Presidencia, ante las divisiones de la
principal fuerza opositora, la tregua que le han concedido los
demás partidos y con el listón de popularidad del
anterior presidente, Alejandro Toledo, bajo minímos.
En lo que se refiere a política
exterior, el nuevo presidente busca la inserción estratégica
en Sudamérica a partir de la Comunidad Andina de Naciones
(CAN), considera aliado estratégico a Brasil, quiere negociar
tratados de libre comercio con los países vecinos, al tiempo
que se plantea revisar el ya firmado con EEUU, y fomentar los
lazos, especialmente, con España, Chile y Japón.
También busca actuar como una suerte de freno del venezolano
Hugo Chávez, con quien se las ha visto en más de
un cruce de declaraciones que incluso amenazó con romper
las relaciones diplomáticas.
A buen seguro todas las miradas
se centrarán en un político que probablemente nunca
contó con volver a disfrutar de una nueva oportunidad como
esta. |