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Año VII - Madrid, viernes 28 de julio de 2006
 
Reportaje
 
La oposición chilena aprovecha el encarecimiento del gas argentino para cuestionar a Bachelet
"No" a todo

David Penado

La oposición chilena ha aprovechado la subida del gas que exporta Argentina a su país para criticar a la presidenta Michelle Bachelet. Pero estas críticas son tan sólo una más en la estrategia del "no" a todo que parece seguir la oposición chilena desde el mismo momento en que Bachelet llegó a la Presidencia de la República. Una estrategia que observadores chilenos identifican con la misma que mantiene la oposición en España. En esta ocasión la base de la argumentación recae en las supuestas malas políticas que el Gobierno chileno mantendría en las relaciones con los países vecinos. Dicen, estas voces, también que en lugar de defender los intereses nacionales la presidenta se deja llevar por criterios de supuesta afinidad ideológica.

En realidad, subyace en el fondo una estrategia que desde los escaños conservadores se ha venido defendiendo desde la campaña electoral y según la cual Bachelet, a la que acusan de endeble, no estaría capacitada para el puesto que ocupa. Una consigna que, sospechosamente, también se ha repetido en algunas de las manifestaciones que pusieron en jaque a su Gobierno.

No es extraño entonces que la presidenta se haya apresurado a dar muestras de fortaleza y al tiempo que anunciaba que la subida no afectará a los consumidores, haya aprovechado también las inapropiadas declaraciones de su embajador en Caracas, en las que manifestaba su predilección por la candidatura venezolana al Consejo de Seguridad de la ONU, para dejar claro que sólo a ella le corresponde pronunciarse sobre las cuestiones esenciales de la política exterior de su país. En este caso, qué candidatura apoya su país. Por su cercanía con Mercosur, en principio lo lógico sería apoyar a Venezuela; pero, por otra parte, las presiones de EEUU por mantener al margen al Gobierno de Chávez complican una decisión que en el fondo se dibuja como la elección de unas alianzas frente a otras.

De cualquier forma, también ha aprovechado este caso Bachelet para reafirmar su autoridad. Frente a las declaraciones del secratario de Defensa estadounidense, Donald Rumsfeld, señalando que su país no entendería el apoyo de Chile a Venezuela, la presidenta ha señalado que la relación con EEUU no pasa por ningún tipo de condicionamientos y ha repetido que cuando llegue la fecha de la votación será ella quien decida, evaluando exclusivamente los intereses de su nación. Nada anormal si esta afirmación no viniera de una persona que, al igual que su país, vio brutalmente torcido su destino con un golpe de Estado que devolvía a Chile al mecenazgo del tío Sam.

Quizá añorando esos viejos tiempos, los diputados conservadores han señalado que su Gobierno ha pasado de "golpear" la mesa a ser uno "que se esconde" debajo de ella. Critican que Argentina haya repercutido la subida del gas que importa de Bolivia en sus exportaciones a Chile, pero también la relación con Bolivia, Perú, Cuba y Venezuela. Al primero se les habrían dado falsas expectativas en relación a concederle una salida al mar, el segundo se habría aprovechado de ello para incluir sus propias reclamaciones y los dos últimos serían aceptados en el caso de Cuba como "el hermano mayor que nos trae claridad y fortaleza" y en el de Venezuela como el país que les da el "conocido abrazo del oso".

Lo cierto es que Argentina, en contra de lo establecido en tratados previos, ha incrementado el precio del gas que exporta a Chile. Además, aparentemente al margen de lo acordado en la reunión entre el presidente argentino, Néstor Kirchner, y Bachelet en la pasada cumbre de Mercosur, ha subido el precio del gas por encima de los 4 dólares (3,16 euros) por millón de unidades térmicas británicas (BTU). Pero sólo aparentemente.

En realidad, el precio que pagará Chile es de 3,95 dólares (3,10 euros), lo que ocurre es que al sumarle el transporte -que forma parte de lo que se paga en la frontera- el precio sí supera el límite acordado. Por ello, tampoco el Gobierno chileno se ha dado por satisfecho, ya que según la ministra de Energía de Chile, Karen Poniachik, es una cantidad superior al que había anunciado su homólogo argentino Julio De Vido. Por otra parte, fuentes consultadas por Americaeconomica.com señalan desde la parte chilena que nadie debería sorprenderse por el comportamiento argentino: este país siempre ha renegociado los tratados cuando las circunstancias han cambiado y estos aparentes quiebros de palabra sería su manera de negociar.

De hecho, ya en 2004, el Gobierno de Argentina enfrentado a la escasez de gas en su país, priorizó la demanda interna y redujo las exportaciones a Chile. Entonces, Argentina fijó un impuesto del 20% a la exportación de gas.

Ahora, desde el Gobierno argentino, De Vido argumenta que, pese a la nueva subida, el precio que pagará su país es inferior al establecido en la región e incluso al que ella paga a Bolivia (cinco dólares -3,92 euros- por millón de BTU: equivalente a 293 kilovatios hora). Pero nada de ello vale a la oposición chilena, que incluso ha extendido sus críticas al periodo del anterior presidente, Ricardo Lagos, acusándole de haber metido todos los problemas que ahora afloran "debajo de la alfombra".

Lagos, que abandonó la Presidencia como el presidente más valorado de la historia de Chile, ha respondido defendiendo su gestión y la de Bachelet. Por su parte, el jefe del Partido por la Democracia (PPD), Sergio Bitar, también se ha unido a esta defensa y ha calificado a la Alianza por Chile de "histérica", instándola a que "de una vez por todas respeten la figura de la presidenta".


Pero no parece que eso vaya a cambiar si de verdad, y todo apunta a ello, responde a una estrategia de fondo. Bachelet ha perdido diez puntos de popularidad desde que llegó a la Presidencia y acaba de remodelar su Gobierno. Desde ciertos sectores se siente la necesidad de un giro en la coordinación y en la política de comunicación de su Gobierno. Sin embargo, en el mismo periodo, la oposición también ha registrado otro bajón de popularidad, incluso superior al de Bachelet. No es previsible que esa tendencia vaya a cambiar si los conservadores continúan instalados en su actual postura.

 
 

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