| Las
últimas encuestas en intención de voto en Brasil
para las próximas elecciones presidenciales del 1 de octubre
estiman que el actual mandatario brasileño, Luiz Inácio
Lula da Silva, se llevaría el 44% de las papeletas. Pero
tanto dentro como fuera del Gobierno, las circunstancias amenazan
el liderazgo de Lula, que podría necesitar una segunda
vuelta para lograr su reelección.
De momento, el favorito en las
elecciones sigue siendo Lula, que ha bajado en las últimas
dos semanas del 46% al 44% en intención de voto, seguido
por el socialdemócrata Alckmin, ex gobernador del estado
de Sao Paulo, que ha retrocedido del 29% al 28%, según
la última encuesta de Datafolha, un prestigioso instituto
de encuestas brasileño.
Al líder del Partido de
los Trabajadores (PT) no le ha tenido que sentar muy bien el revés
sufrido por el ex presidente brasileño Itamar Franco, quien
ha anunciado que su agrupación política, el Partido
del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB) apoyará
la candidatura de Alckmin, principal rival del actual mandatario.
Franco, que gobernó Brasil entre octubre de 1992 y marzo
de 1995, lidera este partido de carácter centrista que
forma parte de la coalición del Gobierno en el Congreso.
Este apoyo del ex presidente a
Alckmin fortalecerá considerablemente al candidato del
Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB) en el
estado de Minas Gerais, el segundo colegio electoral más
grande del país. Franco es uno de los políticos
más populares de este estado y, según las encuestas,
recibiría el 70% de los votos en esta región en
caso de que fuera candidato al Senado en los próximos comicios.
No soplan vientos de paz para Lula,
pues ahora ha estallado un aluvión de críticas de
los miembros del Partido Comunista do Brasil (PCdoB), principales
integrantes de la alianza para su reelección en octubre,
que reclaman al presidente brasileño una política
económica menos conservadora con un aumento de la inversión
social.
Pero por si esto fuera poco, a
Lula le ha salido una feroz competidora que le está robando
el apoyo de parte de la izquierda. Las recientes encuestas sobre
intención de voto dan a Heloísa Helena, líder
del Partido Socialismo y Libertad (PSOL), un 10% de los sufragios.
Esta mujer es senadora de la República por el Estado de
Halagaos y tuvo que abandonar hace dos años el Partido
de los Trabajadores (PT) por discrepancias con la política
económica del Gobierno de Lula.
El PSOL está formado principalmente
por disidentes del PT y en los sondeos capta cada vez a más
votantes descontentos por el giro de la política del Gobierno
de Lula. Los analistas estiman que este partido llegue a alcanzar
el 15% de los votos.
Estas críticas han hecho
mella en el líder del PT ya que, ante la proximidad de
las elecciones, ha decidido aumentar el gasto público.
El pasado mes de mayo, Lula subió un 17% el salario mínimo,
que pasó a ser el más alto de los últimos
tres años. Además, ha concedido a los granjeros
una ayuda de 15.000 millones de reales (5.400 millones de euros)
con el objetivo de ganarse su voto en los comicios.
Además, el presidente brasileño
está teniendo especial cuidado en la redacción de
su programa de gobierno, que está siendo ahora mismo debatido
entre los partidos integrantes de la alianza que le apoya: el
gobernante PT, el PCdoB y el Partido Republicano Brasileño
(PRB), del vicepresidente conservador José Alencar. En
la estrategia de consenso de Lula, otros partidos "están
siendo escuchados" con vistas a una coalición de gobierno
en un eventual segundo mandato suyo: el Partido del Movimiento
Democrático Brasileño (PMDB), el Liberal (PL), el
Socialista Brasileño (PSB) y el Trabalhista (PTB).
Con todo esto Lula se enfrenta
a unos comicios que juzgarán en gran medida el compromiso
social adquirido en su primer mandato. Lula ha aplicado en esta
legislatura una política económica ortodoxa que
le ha permitido estabilizar la economía y tranquilizar
a los sectores económicos que temían la llegada
de un ex sindicalista de izquierdas al poder. Pero, ¿logrará
de nuevo el apoyo masivo de los más desfavorecidos? |