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Año IX - Madrid, viernes 06 de julio de 2007
 
Reportaje
 

Son muchos los países que quieren entrar en la UE pero ninguno quiere salir

La crisis de Europa

Alberto Miguel Arruti

Las elecciones presidenciales y legislativas francesas y el cambio de primer ministro en el Reino Unido constituyen sendos factores, que anuncian un cambio profundo en la Unión Europea. Pero el momento actual es de una indudable crisis. Ha habido otras, más fuertes o más débiles que la actual. Por ejemplo, la de 1954, cuando la Asamblea Nacional francesa dio al traste con el proyecto de una Comunidad Europea de Defensa. O la de los años 70, cuando la desbandada fue la respuesta de los países miembros a las continuas subidas en el precio del petróleo, como consecuencia de la guerra del Yom Kipur.

La crisis actual proviene de la no aceptación, por parte de Francia y Holanda, del Tratado Constitucional Europeo (TCE). La entrada en vigor de este Tratado exige la ratificación por parte de todos los Estados de la Unión. En este momento, lo han hecho ya 18. No es la primera vez que el rechazo a un Tratado europeo se produce. Dinamarca se opuso en 1992 al de Maastricht e Irlanda en 2000 al de Niza. Pero la diferencia estriba en que tanto daneses como irlandeses aportaron la solución al problema. No sucede así, en este momento, con franceses y holandeses. A la vista de esta situación, el Consejo Europeo tomó la decisión de darse un tiempo para estudiar las causas del rechazo. Y en esta situación nos encontramos. Se han pretendido, o se pretenden, diversas soluciones ante el problema. Una posible, sostenida por algunos y que parece poco realista, consistiría en volver a empezar desde cero todo el proceso. Pero conviene recordar que se llevan diez años trabajando en esta cuestión y que sus adversarios no parecen capaces de redactar un texto alternativo. Otra posibilidad, sostenida por algunos, consiste en aprobar, de forma inmediata, aquellas partes no conflictivas del Tratado. Es la postura del presidente de la República francesa, Nicolás Sarkozy. Finalmente, otra propuesta, consiste en reducir el Tratado a 116 artículos en lugar de los 448 actuales.

Lo cierto es que son muchos los que quieren entrar en la Unión Europea y ninguno quiere salirse. Lo que conduce a pensar en la conveniencia o, tal vez, en la necesidad de pertenecer a este grupo de países, que ya tiene una importancia política y económica de primera magnitud en el mundo. Y, especialmente, en un mundo, como el actual, en pleno proceso de globalización, que, nos guste o no, nos encontramos plenamente inmersos en el mismo. Además, resulta incuestionable que se ha avanzado mucho. Probablemente, más de lo que imaginaron Konrad Adenauer, Robert Schunan, Winston Churchill o Alcide de Gasperi. Precisamente ahora que se cumplen cincuenta años de la formación de aquella Europa de los seis: Alemania, Francia, Italia y el Benelux, Bélgica, Holanda y Luxemburgo. Vienen ahora a la memoria las palabras de Churchill, cuando en 1947 pidió la formación de los Estados Unidos de Europa. Fue en Zurich, donde dijo textualmente: “Deberíamos constituir unos Estados Unidos de Europa. Sólo así, centenares de millones de seres humanos que trabajan conocerían de nuevo las verdaderas satisfacciones y esperanzas que hacen que la vida sea digna de ser vivida. El primer paso para la formación de la gran familia europea deberían darlo Alemania y Francia. Quizá incluso el tiempo apremie. Actualmente tenemos un respiro; los cañones callan. La lucha cesó, pero no el peligro”. En seguida surgieron las dificultades. Por ejemplo, Inglaterra, aunque deseaba que ser formasen los Estados Unidos de Europa, ella no estaba dispuesta a formar parte.

 
 

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