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El ingreso de Venezuela en el Mercosur está en manos de los parlamentos de Brasil y Paraguay, que aún han de ratificar la entrada del país caribeño al bloque. Pero el asunto no le es del todo favorable a Chávez, ya que tanto los empresarios paraguayos como la oposición brasileña se oponen férreamente a tenerle como socio en el organismo. Por su parte, Kirchner se ha ofrecido como intermediador entre el presidente venezolano y Lula para rebajar la tensión.
El presidente de Argentina, Néstor Kirchner, le pidió a su homólogo brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, que "allane el camino" para que Venezuela "pueda ser parte activa del Mercosur". "Estamos profundamente convencidos de seguir adelante con las políticas implementadas, con la construcción del Mercosur y con la unión de los pueblos de América Latina", subrayó el gobernante.
Kirchner hizo estas declaraciones en un acto público después de la controversia que surgió el pasado martes, cuando Chávez dio un ultimátum a los congresos de Brasil y Paraguay para que en el plazo de tres meses ratifiquen el protocolo de ingreso de su país como miembro pleno del Mercosur.
"Es importante allanar el camino, como le dije a Lula, para que Venezuela pueda ser parte activa del Mercosur", apuntó el mandatario argentino en su primera declaración sobre este asunto.
Empresarios paraguayos. Dirigentes de los principales gremios empresariales de Paraguay han manifestado esta misma semana su rechazo al ingreso de Venezuela al Mercosur, alegando que el Gobierno de Chávez viola la cláusula democrática del bloque y no respeta la propiedad privada.
"Si existe una cláusula democrática y un gobierno se especializa en cerrar un medio de comunicación, no creo que sea muy democrático", manifestó esta semana el presidente de la Unión Industrial Paraguaya (UIP), Gustavo Volpe, tras una entrevista con el mandatario paraguayo, Nicanor Duarte.
El empresario consideró negativo el ingreso de Venezuela al Mercosur porque, según afirmó, Chávez "tiene una forma muy especial de gobierno en donde están liquidando la empresa privada", situación con la que "obviamente nosotros no estamos de acuerdo".
La postura de la Unión Europea. Mientras tanto, el embajador de la UE en Brasil, Joao Pacheco, ha respaldado la incorporación de Venezuela al Mercosur, pero plantea reservas sobre su influencia en las negociaciones para un acuerdo comercial entre europeos y suramericanos.
"Nosotros vemos, en principio, como positiva la entrada de Venezuela en el Mercosur. Nosotros vemos con buenos ojos la expansión de la integración de América del Sur. Sin embargo no vemos con claridad cuál es el calendario de trabajo real de la entrada de Venezuela ni cuáles pueden ser las implicaciones que tendrá en las negociaciones del Mercosur y la UE", según ha declarado Pacheco a la agencia Ansa.
Y es que los parlamentarios brasileños están incómodos con Chávez, ya que el mandatario venezolano les tachó de "papagayos que repetían las consignas del presidente George Bush". Chávez había arremetido contra el Parlamento brasileño después de que éste criticara la clausura del canal de televisión privado RCTV tras más de 50 años emitiendo. Fue entonces cuando el Congreso amenazó con no ratificar la entrada de Venezuela en el Mercosur, un ingreso que ya había aprobado el Ejecutivo.
No obstante, en Venezuela han querido suavizar las palabras de Chávez y, en vez de hablar de un últimatum, el presidente de la Comisión Permanente de Política Exterior del Congreso, Saúl Ortega, se ha referido a los tres meses dados por el presidente como un periodo para evaluar lo que debe hacer el Ejecutivo venezolano con respecto al Mercosur, y no como un mecanismo de presión a los Parlamentos de Brasil y Paraguay.
De todas formas, es previsible que Venezuela ingrese en el Mercosur ya que, por un lado, el Partido de los Trabajadores (PT) de Lula tiene mayoría en el Congreso de Brasil y, por otro, la posibilidad de que Paraguay bloquee en solitario la entrada del país caribeño es remota. Lo que sí parece manifiesto es que la oposición en el continente hacia Chávez es notoria y que difícilmente podrá el mandatario llevar a cabo reformas en el organismo internacional, como así lo ha manifestado en diversas ocasiones.
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