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El nuevo presidente de Panamá, Ricardo Martinelli, ha comenzado a tomar sus primeras decisiones en el ámbito económico. Ya en su toma de posesión mostró los ejes sobre los que Panamá deberá lanzarse a la recuperación en un contexto en el que todos los Estados parecen querer utilizar los mismos instrumentos. En cambio, Panamá guarda en la manga algo que los demás Estados no tienen, el principal canal acuífero de tránsito comercial de barcos.
El nuevo presidente panameño, Ricardo Martinelli, tiene un extenso currículum a sus espaldas. Licenciado en Mercadotecnia en EEUU y propietario de la mayor cadena de supermercados de Panamá, parece decidido a guiar los pasos de la economía panameña igual que lo ha hecho con la de su empresa. Ya en su toma de posesión anunció cuales serán los ejes de su política económica.
Reducir los indices de pobreza. Panamá ha ido reduciendo los índices de pobreza en los últimos años, pese a lo cual casi un 30% de la población puede considerarse pobre mientras que el 13% sufre pobreza extrema. Las tesis son claras. Más libre mercado y una mayor apertura a los inversores extranjeros. Dentro del país, construcción de grandes infraestructuras y mejora de la educación y la salud.
El intercambio comercial con otros Estados es una de las bases sobre las que la economía panameña debe asentarse. El fin último es poner freno al ascenso vertiginoso del desempleo, que está golpeando con fuerza al país centroamericano. Por el contrario, esta no es una labor sencilla. Esta política, que parece haberse convertido en un axioma en los días que corren en boca de cualquier gobernante que se precie, parece, de momento, una utopía.
La cuestión es que tanto para exportar como para comercial productos dentro del propio país, es necesario que los niveles de consumo se mantengan. Hay que recordar que en vez de mantenerse o aumentar, algo que sería aun más oportuno, los niveles de consumo se han disminuido en todo el mundo. Por lo tanto, aunque se exportara, debería hacerse a un precio inferior si se quiere ser competitivo, algo que no ayuda en la creación de puestos de trabajo y menos en reducir los índices de pobreza.
La inversión pública parece, por tanto, el mejor de los modos de apaciguar las consecuencias de una crisis que, junto con el aumento del paro, ha traído un aumento en la delincuencia. En este ámbito hay dos proyectos, ambos de largo recorrido, que generarán empleo y que, aunque temporales, ayudarán en la modernización del país y en su mejora económica.
Construcción de infraestructuras. El primero de los proyectos, el segundo en importancia, está a punto de ser aprobado estos días. La obra faraónica de construir un servicio de transportes subterráneo, el metro, va tomando forma. Próximamente se nombrará una secretaría, que se encargará del diseño, licitación, construcción y operación del nuevo sistema de transporte masivo de la ciudad de Panamá. Este es, sin duda, una fuente de trabajo poco despreciable.
El segundo de los proyectos está vinculado al que es la base de la economía de este pequeño país de apenas 3 millones de habitantes, el Canal de Panamá. Su llegada al poder tiene lugar en un momento en que está en marcha la ampliación del canal con un costo de $5,250 millones y que debe estar lista para el 2014. En lo que resta de este año se prevé otorgar la licitación para el diseño y construcción de las nuevas esclusas que requerirán el 55 por ciento de la inversión total de la obra, que busca duplicar la capacidad del canal.
Sin duda, junto con la construcción de escuelas y la mejora de la sanidad pública, estos deben ser los proyectos que generen un mayor entusiasmo en lo que se refiere a economía. El Canal y todas las empresas aledañas, como fuente para las inversiones externas e internas, seguirá manteniendo sus estatus dentro de esa economía. La firma de Tratados de Libre Comercio, como el de EEUU que se mantiene en suspenso, son importantes, pero en este momento concreto, poco productivos.
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