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Los estados fronterizos entre EEUU y México
se han pronunciado ante la militarización de la frontera,
después de que la Cámara estadounidense recibiese
más de 10.000 ladrillos de los partidarios de la construcción
del muro que separe ambos países. Los gobernadores de varios
estados fronterizos entre EEUU y México ya se manifestaron
hace algunas semanas sobre la propuesta de George Bush de enviar
unos 6.000 agentes de la Guardia Nacional a la frontera mexicana
para reforzarla y ganar así el apoyo conservador en cuanto
a leyes de inmigración se refiere.
Estos mandatarios aseguran que
esas fuerzas de seguridad pueden desplegarse por un periodo corto
de tiempo para aumentar la seguridad a lo largo de la frontera,
pero advierten de que el Gobierno federal tendrá que ubicar
allí más agentes de inmigración en un futuro.
Así, la gobernadora demócrata
de Arizona, Janet Napolitano, piensa que la Guardia Nacional ayudará
a las autoridades federales a centrarse en la seguridad de la
frontera, pero solicita más agentes de inmigración
en la frontera para que la guardia no realice patrullas que puedan
resultar ofensivas contra los inmigrantes. En California, el gobernador
republicano, Arnold Schwarzenegger, aseguró además
que la partida propuesta por Bush debería ayudar, pero
sólo por un periodo corto, aunque no cree que la protección
de la frontera sea un papel apropiado para este cuerpo de seguridad.
Por su parte, el gobernador demócrata
de Nuevo México, Bill Richardson, añadió
que aprecia que el presidente preste atención a los problemas
de la frontera, pero se mostró escéptico con que
el Gobierno lleve a cabo sus promesas. Indicó así
que aquellos que viven a lo largo de la frontera necesitan desesperadamente
más leyes para proteger a sus ciudadanos de los contrabandistas
y del caos. Pero después de dos semanas, la opinión
de Richardson se ha vuelto más conservadora y ahora es
más prudente en sus declaraciones. Tras informarse sobre
la propuesta del Gobierno estadounidense con detalle, el gobernador
ha asegurado que ahora ve con mejores ojos esta iniciativa.
Los miembros del Congreso de EEUU
que debaten la nueva ley de inmigración recibieron, como
ya adelantábamos, 10.000 ladrillos por parte de los partidarios
de la construcción del muro en la frontera con México,
con el fin de reivindicar su posición ante tal fin. El
Senado aprobó la semana pasada un proyecto de ley sobre
inmigración que difiere en aspectos muy importantes con
el aprobado por la Cámara de Representantes el mes de diciembre.
La campaña de los ladrillos
se inició en abril, por lo que, desde entonces, sus promotores
han señalado que la idea es enfatizar los beneficios que
tendría un muro a lo largo de la frontera con México.
Los organizadores del "Proyecto Envíe un Ladrillo"
hicieron circular la idea de que los ciudadanos enviaran individualmente
ladrillos a los legisladores indecisos acerca de la construcción
de un muro.
A los remitentes se les alentó
a que agregaran una carta indicándoles a los legisladores
que cada ladrillo representaba un comienzo de la construcción
del muro en la frontera. El coste medio de la organización
por cada envío de ladrillo es de 11,95 dólares (9,29
euros).
La oficina de correos en el Senado
ha llegado a recibir en un día unos 2.000 ladrillos empaquetados
individualmente. Los empleados de la Oficina de Arquitecto del
Capitolio recogieron los ladrillos de la oficinas de los legisladores
y los han apilado en el área de carga para donarlos a un
grupo sin fines de lucro.
Estos remitentes anónimos
también cuentan con el apoyo de la organización
estadounidense Cuerpo de Defensa Civil Minuteman, un grupo ilegal
que se opone a la llegada de inmigrantes indocumentados a EEUU,
que se ha plantado a lo largo de los 16 kilómetros que
ocupa un rancho privado situado en Arizona (EEUU) para ayudar
al grupo de patrulla fronterizo que opera en ese lugar a instalar
una cerca compuesta por alambre de púas y cable de acero.
Esta organización confía
en que el Gobierno tome nota de esta acción para separar
toda la frontera de Arizona (EEUU) con México, tras la
propuesta de George Bush, para reforzar la seguridad en la frontera
contra la inmigración.
Las primeras acciones por parte
del Gobierno estadounidense que se han tomado no se han hecho
esperar. La Guardia Nacional de EEUU ya se está desplazando
hacia la frontera con México para dar apoyo militar a la
vigilancia de un lindero que cada año cruzan, ilegalmente,
miles de inmigrantes indocumentados. El Pentágono y el
Departamento de Seguridad Nacional establecerán las reglas
que tienen que seguir estos agentes.
El Gobierno de EEUU ha asegurado
que la movilización de los contingentes, muy probablemente
de la Guardia Nacional de los cuatro estados fronterizos -California,
Arizona, Nuevo México y Texas-, servirá para dar
apoyo a la Patrulla Fronteriza y prepararán las instalaciones
para las unidades que irán llegando en un futuro. Las tareas
que se les han encargado son las del manejo de vehículos
de transporte y de maquinaria para la construcción de caminos
y vallas y la operación de equipos de comunicaciones, cámaras
de observación y aviones de vigilancia.
Una de las preocupaciones principales
de los críticos de esta misión es que los soldados,
instruidos y armados para el combate, no tengan la preparación
que poseen los efectivos de la Patrulla Fronteriza y la policía
local para contender con la población civil. Vicente Fox,
presidente de México, ya comunicó a su homólogo
estadounidense que ésta no era la forma más adecuada
de resolver los problemas de migración ilegal que afectan
a ambos países. Por ello, el presidente de México,
Vicente Fox se reunió con Bush para manifestarle su preocupación
por el plan, que busca lograr el apoyo de los sectores más
conservadores a una reforma migratoria en EEUU.
Fox ya aseguró hace unas
semanas que la propuesta de su homólogo estadounidense
no era la forma de resolver los problemas de migración
ilegal que afectan a ambos países. Por ello, el presidente
mexicano se reunió con Bush para manifestarle su preocupación
por el plan, que busca lograr el apoyo de los sectores más
conservadores a una reforma migratoria en EEUU. Fox reiteró
al mandatario estadounidense la posición que mantiene desde
hace tiempo, que es acordar una solución que ayude a frenar
la inmigración ilegal en EEUU de forma pacífica.
La mayoría de los indocumentados
mexicanos llega a EEUU ilegalmente, infiltrándose por la
frontera de 3.220 kilómetros que comparten ambos países.
La patrulla fronteriza, integrada por unos 12.000 hombres, se
ha quejado de que necesita más personal para frenar la
inmigración ilegal, especialmente en el desierto de Sonora,
donde miles de emigrantes buscan infiltrarse. Los políticos
estadounidenses también han advertido sobre la posibilidad
de que algunos terroristas se mezclen entre los emigrantes, aunque
hasta ahora no se han encontrado evidencias de que eso esté
sucediendo.
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