|
Los terratenientes de la región oriental de Bolivia
han establecido un plan local de dotación de tierras como desafío
a la revolución agraria fomentada por Evo Morales. Según indicaron
fuentes institucionales del país a este diario, la pugna
verbal entre el poder de esta zona y el central ha abierto varios frentes contendientes,
que buscan solventar el debate abierto sobre los latifundios del lugar.
La
mismas fuentes aseguran que es poco probable que se suscite la lucha armada entre
los grandes latifundistas y el Estado boliviano, porque no creen que se apruebe
el punto más conflictivo de los que promueve Morales para su "reforma"
agraria: revertir las tierras improductivas de la zona oriental, donde no llegó
la reforma agraria que se produjo hace ya 53 años. Esta reforma se dio
de forma más directa en el occidente andino y llegó muy superficialmente
a las tierras bajas y amazónicas de Santa Cruz, Beni (noreste) y Pando
(norte), donde Morales focaliza ahora su acción política.
Tras
el anuncio del presidente boliviano de formular determinados decretos que ayuden a efectuar
la reforma de la Ley del Instituto Nacional de Reforma Agraria, con los que pretende
sanear las tierras del país andino y aligerar los trámites de la
implantación de la reforma, el gobernador del distrito de Santa Cruz (situado
en la región oriental boliviana), Rubén Costas, ha hecho público
su Plan Operativo de Acceso y Uso Sostenible de los Recursos Naturales Renovables.
Costas ha constituido tres comisiones de
alcance estrictamente regional y ha pedido al Gobierno una política regional
de tierras para la zona, con el fin de evitar la expropiación. El plan
apunta al reparto de tierras en el territorio jurisdiccional de Santa Cruz, sólo
a indios y campesinos oriundos. Pero el Gobierno ha indicado que el único
que puede tomar decisiones en materia de distribución de tierras es el
Ejecutivo.
Como respuesta al pronunciamiento
de la prefectura de Santa Cruz, el Gobierno anunció el pasado lunes la
entrega de 2,5 millones de hectáreas de tierras fiscales del Estado que
se titularían rápidamente, para el próximo mes de agosto,
a la comunidad india y campesinos bolivianos pobres.
Morales
se ha propuesto distribuir a lo largo de su mandato, según fuentes institucionales,
al menos 14 millones de hectáreas de tierras fiscales saneadas y revertidas
al Estado entre los que menos tierra tienen. Estas tierras se supone serán
confiscadas a especuladores y latifundistas que se beneficiaron en su día
de la corrupción dominante en el país para suscribir títulos
ilegales de apropiación de los latifundios, si logran aprobarse los decretos
promulgados por Morales.
El presidente de Bolivia pretende
eliminar el bajo impuesto de las tierras para que los propietarios latifundistas
tengan que justificar el uso de las mismas, y cumplir así literalmente
con el texto de la Ley Agraria. Pero lo que debe evitar es que la zona oriental
caiga en el minifundismo, un problema que afecta a la zona andina desde la anterior
reforma agraria.
Otro problema que ha surgido
respecto a las tierras es el de la frontera con Brasil. La ley boliviana prohíbe
el cultivo en un radio de 50 kilómetros desde la frontera para salvaguardar
la soberanía del país. Por ello, el Gobierno de Bolivia culpa a
los propietarios brasileños de haber cogido esas tierras ilegalmente, lo
que podría provocar un conflicto entre los dos países. El
inviable Gran Gasoducto. Los ministros de Energía de Bolivia, Brasil,
Argentina y Venezuela, promotores del Gran Gasoducto del Sur, pospusieron la reunión
que iban a mantener esta semana para finales de mes, con el fin de discutir los
detalles de la construcción de este ambicioso proyecto. El motivo de la
postergación del encuentro, según han asegurado portavoces de los
gobiernos, se ha debido a los problemas de agenda de la mayoría de ministros.
La fecha de la reunión está aún por fijarse. El
encuentro de los representantes de estos países, inicialmente prevista
para este miércoles en Caracas, estará precedido por la reunión
de los siete equipos técnicos encargados del estudio de los problemas ambientales,
la ingeniería, la ruta y otros detalles vinculados al gasoducto. El proyecto
de construcción se calcula que finalice hacia el año 2017, y supondrá
un coste de 20.000 millones de dólares (15.453 millones de euros). El
gasoducto recorrerá cerca de 8.000 kilómetros desde Venezuela hasta
Argentina, a través de Brasil, e incorporará el gas natural producido
por Bolivia. Además permitirá la conexión con ramales procedentes
de otros países latinoamericanos. Hugo
Chávez, presidente de Venezuela, ha asegurado que el gasoducto suministrará
energía durante al menos 150 años a los países de la región.
Además, añade, este proyecto va a suponer un salto cuantitativo
para el desarrollo de cada uno de los países a los que abastezca. En el
proyecto intervendrán compañías petroleras estatales, tales
como Enarsa, de Argentina, Petróleos de Venezuela (Pdvsa) y Yacimientos
Petrolíferos Fiscales Bolivianos (YPFB), así como la brasileña
Petrobras (cuya inclusión está supeditada a que Venezuela confirme
y certifique sus reservas de gas natural).
Pero
fuentes institucionales han asegurado a Americaeconomica.com que este proyecto
realmente no interesa a Bolivia por su escaso sentido económico, por la
gran inversión que se necesita para su puesta en marcha y por el impacto
medioambiental que suscitaría, según han establecido algunos expertos
del país andino. Lo que realmente interesa a Bolivia, añaden, es
que sea su gas el que suministre a las regiones por las que pase el gasoducto,
en caso de construirse. Además, estas fuentes aseguran que el proyecto
realmente es una estrategia del Gobierno de Venezuela de cara a los demás
países latinoamericanos, para potenciar su hegemonía en la zona
y a escala internacional. |