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La temporada de juntas de accionistas de las cotizadas estadounidenses
ha deparado ya algunas sorpresas. Los inversores institucionales
han puesto cerco a los consejos de las cotizadas para forzar un
cierto cambio en las actitudes de gobierno corporativo.
En dos casos, ExxonMobil y General
Motors, el propio acto de la asamblea accionarial ha servido para
que los críticos hayan conseguido que se aprueben dos resoluciones
no vinculantes a las que se habían opuesto los consejeros
de ambas compañías. En ambos casos se solicitaba
un cambio estatutario que afectaba precisamente al nombramiento
de los propios consejeros para el que se exige que el porcentaje
del capital favorable al aspirante supere el 50%.
Pero en otras muchas empresas, los responsables ejecutivos han
preferido ceder a las peticiones de sus principales accionistas
institucionales sin llegar a la vergüenza de recibir un varapalo
en la junta.
Según los últimos
datos disponibles en esta temporada se han presentado 126 propuestas
de este tipo en las 500 empresas del índice S&P. Y
los peticionarios han sido atendidos en 92 casos, un 76% del total,
Como resultado de este proceso en la actualidad el 25% de las
empresas de este índice tiene ya en sus estatutos cláusulas
de este tipo que aseguran la democratización en la elección
de los consejeros. Y entre ellas hay nombres importantes, como
Intel y Home Depot, por ejemplo.
Según algunos expertos,
tras el ataque de los accionistas críticos podría
esconderse un agravio comparativo. El que sienten los gestores
de los grandes fondos de inversión estadounidenses, que
manejan activos por valor de 6,8 billones de dólares. Una
cantidad que representa algo más de la mitad de los 13,3
billones que supone la capitalización media del S&P500.
Y aunque las cifras no son comparables, pueden servir como referencia
en este caso.
El problema reside en que la retribución media anual de
los gestores de fondos se sitúa en 875.000 dólares,
de los cuales el 70% depende de los resultados que obtengan. Por
eso su obsesión consiste en mejorar los resultados a corto
plazo de las empresas para que las cifras puedan tener un reflejo
positivo en la cotización bursátil de las compañías.
Y, sin embargo, los altos ejecutivos de las cotizadas disfrutan
de unos salarios medios de 11,3 millones de dólares al
año, de los que sólo el 2% están relacionados
con los resultados que obtengan. Además, muchos de ellos
cuentan con el apoyo adicional de las ‘stock options’
a precio garantizado y de elevados compromisos de pensiones, no
siempre desvelados hasta el momento del cobro.
Más aún, según
un informe de la Harvard Law School, un 15% de las empresas del
S&P 500 no vincula la retribución del consejero delegado
a la evolución de los resultados. A su vez, otro 10% de
estas compañías mantiene cláusulas contractuales
que aseguran a los consejeros delegados el cobro de las retribuciones
pactadas, con independencia de que los resultados de su gestión
sean negativos.
Esa fue quizá la causa
del fracaso del actual consejo de Exxon en su última junta
de accionistas. Para los institucionales pesó más
la revelación de las elevadas retribuciones conseguidas
en 2005 por el consejero delegado saliente, Lee Raymond, que el
récord histórico de beneficios conseguido por la
compañía.
Raymond cobró 167,8 millones
de dólares como retribución a cuenta de los resultados
del pasado ejercicio y por anticipo de los programas de retribución
vinculados a su jubilación. Los representantes del 50,2%
del capital, liderados por el poderoso fondo Calpers (el fondo
de pensiones de los empleados públicos de California),
decidieron hacer pasar un mal rato en la junta al nuevo consejero
delegado, Rex Tillerson, que había confiado hasta el último
momento en que los accionistas valoraran el hecho de que durante
el pasado ejercicio ExxonMobil hubiera alcanzado unos beneficios
superiores a 36.000 millones de dólares, los mayores de
la historia de una empresa cotizada en todo el mundo y de que,
en dicho periodo, los títulos de la petrolera experimentaron
una revalorización del 31%. Pero el parapeto no le sirvió
en el momento decisivo.
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