a
 
Año VII - Madrid, viernes 16 de junio de 2006
 
Reportaje
 
Los inversores institucionales de las grandes empresas cotizadas de EEUU cercan a los consejos de administración
 
Juntas de Accionistas selectas

Equipo El Boletín

 

La temporada de juntas de accionistas de las cotizadas estadounidenses ha deparado ya algunas sorpresas. Los inversores institucionales han puesto cerco a los consejos de las cotizadas para forzar un cierto cambio en las actitudes de gobierno corporativo.

En dos casos, ExxonMobil y General Motors, el propio acto de la asamblea accionarial ha servido para que los críticos hayan conseguido que se aprueben dos resoluciones no vinculantes a las que se habían opuesto los consejeros de ambas compañías. En ambos casos se solicitaba un cambio estatutario que afectaba precisamente al nombramiento de los propios consejeros para el que se exige que el porcentaje del capital favorable al aspirante supere el 50%.
Pero en otras muchas empresas, los responsables ejecutivos han preferido ceder a las peticiones de sus principales accionistas institucionales sin llegar a la vergüenza de recibir un varapalo en la junta.

Según los últimos datos disponibles en esta temporada se han presentado 126 propuestas de este tipo en las 500 empresas del índice S&P. Y los peticionarios han sido atendidos en 92 casos, un 76% del total, Como resultado de este proceso en la actualidad el 25% de las empresas de este índice tiene ya en sus estatutos cláusulas de este tipo que aseguran la democratización en la elección de los consejeros. Y entre ellas hay nombres importantes, como Intel y Home Depot, por ejemplo.

Según algunos expertos, tras el ataque de los accionistas críticos podría esconderse un agravio comparativo. El que sienten los gestores de los grandes fondos de inversión estadounidenses, que manejan activos por valor de 6,8 billones de dólares. Una cantidad que representa algo más de la mitad de los 13,3 billones que supone la capitalización media del S&P500. Y aunque las cifras no son comparables, pueden servir como referencia en este caso.
El problema reside en que la retribución media anual de los gestores de fondos se sitúa en 875.000 dólares, de los cuales el 70% depende de los resultados que obtengan. Por eso su obsesión consiste en mejorar los resultados a corto plazo de las empresas para que las cifras puedan tener un reflejo positivo en la cotización bursátil de las compañías. Y, sin embargo, los altos ejecutivos de las cotizadas disfrutan de unos salarios medios de 11,3 millones de dólares al año, de los que sólo el 2% están relacionados con los resultados que obtengan. Además, muchos de ellos cuentan con el apoyo adicional de las ‘stock options’ a precio garantizado y de elevados compromisos de pensiones, no siempre desvelados hasta el momento del cobro.

Más aún, según un informe de la Harvard Law School, un 15% de las empresas del S&P 500 no vincula la retribución del consejero delegado a la evolución de los resultados. A su vez, otro 10% de estas compañías mantiene cláusulas contractuales que aseguran a los consejeros delegados el cobro de las retribuciones pactadas, con independencia de que los resultados de su gestión sean negativos.

Esa fue quizá la causa del fracaso del actual consejo de Exxon en su última junta de accionistas. Para los institucionales pesó más la revelación de las elevadas retribuciones conseguidas en 2005 por el consejero delegado saliente, Lee Raymond, que el récord histórico de beneficios conseguido por la compañía.

Raymond cobró 167,8 millones de dólares como retribución a cuenta de los resultados del pasado ejercicio y por anticipo de los programas de retribución vinculados a su jubilación. Los representantes del 50,2% del capital, liderados por el poderoso fondo Calpers (el fondo de pensiones de los empleados públicos de California), decidieron hacer pasar un mal rato en la junta al nuevo consejero delegado, Rex Tillerson, que había confiado hasta el último momento en que los accionistas valoraran el hecho de que durante el pasado ejercicio ExxonMobil hubiera alcanzado unos beneficios superiores a 36.000 millones de dólares, los mayores de la historia de una empresa cotizada en todo el mundo y de que, en dicho periodo, los títulos de la petrolera experimentaron una revalorización del 31%. Pero el parapeto no le sirvió en el momento decisivo.

 
 

Americaeconomica.com
Internet

 

 


 


 
 
Copyright© Americaeconomica.com - All rights reserved
Asesores de Publicaciones, S.L - España