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A pesar de la aburrida sesión
de hoy en las bolsas estadounidenses, algo sí es ya cierto:
las dos alzas consecutivas conseguidas por los principales índices
el miercóles y el jueves, y el tirón de los blue
chips han aplazado de momento un peligro latente. La burbuja parece
en camino.
Ayer el Dow Jones avanzó
un 1,8%, o 198,27 puntos, su mayor subida desde el 21 de abril
de 2005, completaba así una buena racha de dos sesiones
con avances de tres dígitos, medidos en punto, como aún
suelen hacerlo los brokers estadoounidenses. La revalorización
total, cercana al 3%, no se había vuelto a ver en este
índice desde noviembre de 2004. Su pujanza sirvió
para que el Nasadq Composite y el S&P 500 avanzaran también
(un 2,8% y un 2,1% respectivamente). Y para que la tensión
que se había instalado en las mesas de los operadores desde
el lunes a primera hora cediera un tanto.
Por esta vez se ha conseguido evitar
el desastre, pero la cuenta atrás sólo está
aplazada y quizá no tarde en volver a ponerse en marcha.
Todo por culpa de la ruleta que suponen las compras de acciones
a crédito, la vieja y renovada costumbre de los brokers
de utilizar el apalancamiento financiero para operar. Un esquema
que ya golpeó a la Bolsa de Japón a primeros de
año y que puede costale caro a Nueva York.
Datos. Según los
últimos datos oficiales, el saldo deudor de las cuentas
de compra de acciones a crédito en Wall Street ascendía
241.500 millones de dólares en abril. Un dinero que puede
resultar imposible de liquidar si los precios de las acciones
que actúan como aval se siguen desplomando. Hace tres años,
la cifra resultaba manejable, sólo 130.200 millones de
dólares. Pero el crecimiento del 85,5% experimentado desde
entonces la sitúa cerca del abismo.
Los últimos días
de esplendor. Cuando estalló la última burbuja
tecnológica, en marzo de 2000, el volumen del saldo deudor
de las compras de acciones a crédito había alcanzado
su máximo histórico: 278.500 millones de dólares,
sólo un 0´15% más que la cifra oficial de
abril de este año. Y han pasado ya casi dos meses desde
entonces. El endurecimiento de las condiciones del crédito
en todo el mundo, pero especialmente en EEUU, por las subidas
de tipos de interés y en Japón por el drenaje de
liquidez que está realizando allí el Banco Central
tras suspender las compras automáticas de deuda parecen
estar detrás de este imparable proceso.
Las llamadas a la tranquilidad
de algunos analistas que definen las caídas actuales como
una corrección pasajera del precio de los activos deberían
tener éxito necesariamente para dar tiempo a los operadores
apalancados a ir amortizando buena parte de su deuda avalada por
títulos de renta variable. La buena evolución de
Wall Street en los dos últimos días tranquiliza.
Ya veremos hoy.
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