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Año VII - Madrid, viernes 23 de junio de 2006
 
Reportaje
 
Los hispanos consiguen frenar las nuevas leyes sobre inmigración de EEUU
 
La división de los republicanos

Borja Bauzá

 

La reforma migratoria que el presidente George Bush pretendía sacar adelante este año, antes de las elecciones legislativas, tendrá que esperar hasta el 2007. El voto hispano, decisivo para las elecciones de noviembre a conseguido frenar la nueva oleada de xenofobia parlamentaria.

El republicano Dennis Hastert, presidente de la Cámara, ha asegurado que celebrar estas audiencias permitirá conocer la opinión de los estadounidenses sobre la reforma, aunque la prioridad sea “la de proteger las fronteras”. Las audiencias de Washington se celebrarán durante el mes de julio en el Capitolio y las que van a tener lugar fuera de la capital serán en agosto. Éstas van a celebrarse fundamentalmente en los lugares más afectados por la entrada de inmigrantes indocumentados, como es el caso de la zona fronteriza con México.

Los republicanos de la Cámara de Representantes consideran que el proyecto del Senado puede llevar a una amnistía de los trabajadores indocumentados. Además, creen que cualquier tipo de legalización debe supeditarse a un refuerzo de la seguridad en la frontera. Además, y paralelamente a esta discusión, se está reforzando la frontera con diferentes proyectos, como el que se aprobó el pasado mes de diciembre en EEUU donde se contempla la construcción de una barrera de más de 1.100 kilómetros en la frontera con México.

Este asunto ha dividido a los republicanos, pues esta decisión por parte de la Cámara se opone a la intención del presidente de EEUU, George Bush, de que la reforma sea aprobada antes de las elecciones legislativas que se celebrarán el próximo mes de noviembre, por lo que ha sido duramente criticada por los demócratas.

El presidente Bush apoya el proyecto de ley que se aprobó en mayo por el Senado. Éste, además de reforzar la seguridad en la frontera, prevé la creación de un programa especial que permitiría obtener la ciudadanía a los inmigrantes indocumentados que residan desde hace más de cinco años en EEUU. Los inmigrantes tendrían que pagar una multa, impuestos, aprender inglés y tener un trabajo durante seis años como condición para obtener los papeles. Este proyecto también permitiría solicitar un permiso de trabajo temporal a los indocumentados que han residido entre dos y cinco años en el país.

La intención de Bush es más que obvia, porque la población latina es la minoría étnica más importante del país, tal y como se demostró el pasado día 1 de Mayo en las calles de las diferentes urbes del país, y por tanto la aprobación de esta ley bajo su mandado supondría el voto de muchas de las organizaciones latinas activas establecidas en EEUU.

Sin embargo, parece que para sus compañeros de partido, es más importante la seguridad nacional - o lo que ellos ven como seguridad nacional - que la obtención de votos, pues obviamente, las nuevas reformas en la frontera con México (la construcción de más obstáculos y la presencia de un dispositivo de seguridad más severo, entre otras medidas) han hecho que los inmigrantes latinos vean con malos ojos a este partido.

De cualquier modo, la conclusión más clara que se puede sacar de esta situación es que el voto latino empieza a cobrar una importancia sin precedentes en EEUU, que posiblemente se verá acrecentada con el paso del tiempo.

 
 

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