|
Casi dos meses después de lo previsto,
el pasado domingo llegó al puerto de Kingston (Jamaica) un cargamento
de 8.000 toneladas de cemento, procedente de Cuba. Según manifestó
Colin Campbell, ministro de Información jamaicano, el envío es
la primera entrega de las 72.000 toneladas de cemento que llegarán
en los próximos tres meses desde La Habana. Este acuerdo, finalmente
cristalizado, supone el último esfuerzo del Gobierno de
Jamaica por poner fin a una crisis de suministro de cemento que
amenazó la estabilidad de la isla.
De hecho, esta situación
incluso ha puesto en peligro la cabeza del ministro de Industria,
Tecnología y Comercio, Phillip Paulwell, a quien muchos
acusan de no haber tomado las medidas que hubieran impedido la
crisis. En un hecho insólito en la política jamaicana,
la oposición se plantea una especie de moción de
censura contra el Ministro, uno de los más estrechos aliados
de la primera ministra del país, Portia Simpson Miller.
La crisis alcanzó su cénit en marzo. Después
de que, por orden del Gobierno, la local Caribbean Cement Company
Limited (CCCL), de capital de Trinidad y Tobago con participación
minoritaria de Cemex México, se viese obligada a suspender
su producción. La situación de monopolio de la que,
de hecho, gozaba esta compañía provocó una
parálisis también total en el suministro, con lo
que llegó a existir una falta total de cemento. Consecuencias:
retraso de las obras y un incipiente mercado negro. La construcción
de carreteras y autopistas se vió suspendida o atrasada,
así como las de nuevos aeropuertos, la ampliación
del puerto y también el proyecto estrella para el Mundial
de cricket de 2007: la remodelación del estadio Parke Sabina.
Además, las obras de construcción de hoteles se
detuvieron durante varias semanas y, en particular, las de dos
grupos españoles: Piñero e Iberostar.
Para completar el panorama, según
el Instituto de Planificación de Jamaica, más de 100.000 personas
que trabajaban, directa o indirectamente, en el sector de la construcción
se vieron afectados y, en muchos casos, perdieron su trabajo.
En términos globales, la crisis supusó diariamante
para el país una pérdida de 100 millones de dólares,
según afirma el anterior presidente de la Asociación
de Construcción de Jamaica, Don Mullings. Cifra que se
ha traducido en una reducción de la tasa de crecimiento
económico nacional del 3%, estimado para la primera parte
del año, a un 1,4%.
Pero la crisis venía de
lejos. En 2005, la propietaria de CCCL, el Grupo Trinidad Cement
Limited (TCL), se comprometía a invertir 113 millones de
dólares en la fábrica de Jamaica, con el objetivo
de doblar su producción (que pasaría a ser de dos
millones de toneladas al año). A cambio, obtuvo grandes
ventajas y medidas proteccionistas del Gobierno que, al subir
la tasa arancelaria de importación de cemento en torno
al 40%, hacía inviable la importación. Los problemas
empezaron ya a mediados de 2005, tan sólo unos meses después
de que se hubiesen iniciado los preparativos para las obras, la
llegada de un huracán forzó la producción
durante días y el material acumulado se vio afectado.
Como resultado, al cabo de menos
de dos años las promesas de inversión no se habían
concretado y el resultado era el de un monopolio de facto que
no había sido capaz de responder al incremento de demanda
de cemento nacional. En efecto, en mayo, con posterioridad al
estallido de la crisis, la propia relaciones públicas de
CCCL, Lystra Sharp, se veía obligada a reconocer que la
compañía no era capaz de cubrir más que el
75% de la demanda. Además, la compañía tampoco
había sido capaz de corregir la tendencia a la baja en
la calidad de producción que los parámetros mostraban.
Una tendencia que, según un informe que Paulwell presentaría
posteriormente en el Parlamento, ya era evidente en junio de 2005.
A comienzos deste año llegaron
las primeras quejas, pero fue en marzo cuando se manifestaron
de manera unánime. La calidad de la mezcla de cemento y
los problemas derivados al manipularlo hicieron coincidir a los
constructores en una protesta que obligó al Gobierno a
intervenir parando la producción y a la CCCL a tomar medidas.
El 5 de marzo, la compañía reconocía haber
distribuido cemento defectuoso e hizo pública su intención
de reponerlo, al tiempo que se iniciaron investigaciones internas.
El 6 de junio, una auditoría interna atribuía la responsabilidad
del fallo a los sistemas de calidad de la planta de Rockfort y
el director general, Anthony Haynes, cifraba en 550 toneladas
la cantidad de cemento defectuoso que se había distribuido desde
noviembre. Unos 160 millones de dólares se destinaron al objetivo
de reparar daños, pero las quejas se mantenían:
esta cifra servía para reponer el material defectuoso,
pero no para compensar las péridas derivadas de la parálisis
de la construcción.
En paralelo a la crisis, el Gobierno
se veía obligado a dar marcha atrás en la subida
a las tasas arancelarias que, en cierta medida, explica el origen
de esta crisis. En un primer momento, se rebajó al 15%
el arancel (común para todas las importaciones de fuera
de Caricom) para las importaciones de cemento para, con posterioridad,
eliminarlo totalmente. Una medida que, ya a finales de 2003, la
Asociación de Construcción de Jamaica y el portavoz de la oposición
en materia de Finanzas, Audley Shaw, habían considerado necesaria,
al cuestionar la capacidad de la CCCL de cubrir la demanda estimada
de la industria para 2005.
Las dificultades en el transporte
de este material, junto con el déficit de producción
existente en la región debido a la gran demanda existente
en EEUU para la reconstrucción tras los daños ocasionados
por el huracán Katrina, hicieron rectificar al Gobierno
en su propósito inicial de limitar esta rebaja a tan sólo
tres meses. La primera ministra, Simpson Miller, se vio obligada
a intervenir directamente alargándola al menos durante
un año y moviendo al Gobierno a buscar desesperadamente
contratos de suministro en diversos países. Así,
tras un acuerdo inicial con la división de Cemex en Venezuela,
ha llegado el reciente acuerdo con Cuba y, en vista de que la
crisis de suministro derivada del Katrina, está
previsto que se prolongue durante los próximos años,
se buscan acuerdos también con Colombia, Trinidad, México
e incluso Ucrania.
Aunque parece haberse recobrado
la tranquilidad en el sector y la oferta se ha estabilizado gracias
a estas importaciones y a la vuelta a la producción de
la planta de Carib Cement, el malestar general sobre cómo
se ha gestionado la crisis podría resultar crítico
para la popularidad, aún alta, de Simpson Miller, que anuncia
ahora un programa de trabajo para desempleados jóvenes,
poco cualificados (los más afectados por esta crisis y,
precisamente, importante sustento electoral de la primera ministra).
La llegada de este cargamento supone
así un alivio inmediato para el ministro de Comercio, Industria,
Teconología y Energía; apoyado de nuevo por Simpson Miller, ante
la renovada intensidad de las críticas de la oposición.
Aunque la llegada del primer barco estaba prevista en abril, Paulwell
explicó que el retraso se había debido a problemas derivados
de lo complicado del transporte de este material. Explicó también
que tan pronto como se hubiese completado el proceso de descarga,
el barco volvería a Cuba en busca de un segundo cargamento.
Finalmente, Paulwell afirmó:
"En una semana o dos, las ventas para este año superarán las del
año pasado y la crisis que afrontamos es la de cómo afrontar la
demanda adicional. Vamos a asegurar que la crisis del cemento,
en términos de suministró, quedará superada", pero "tendremos
que continuar importando si el sector privado falla a la hora
de asegurar el suministro que necesitamos". Teniendo en cuenta
los precedentes, no cabe duda de que de ello dependerá
en gran parte el futuro político de Paulwell.
|