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Año IX - Madrid, viernes 22 de junio de 2007
 
Reportaje
 

La Habana continúa con sus denuncias de ineficiencias económicas

Menos viviendas, más ron

Isabel Rubio

La economía cubana, en su nueva época de Gobierno interino, no deja de dar que hablar a los propios isleños, así como a la comunidad internacional. Por un lado, el sector de la vivienda ha dado sucesivos disgustos a las autoridades políticas de la nación caribeña, por el otro, la producción nacional de bebidas alcohólicas (uno de los rubros más rentables gracias al archiconocido ron cubano, entre otros) sigue viento en popa.

En primer lugar, la ineficacia demostrada en los últimos ejercicios por el sector de la vivienda en Cuba está siendo objeto de duras críticas públicas promovidas por las autoridades económicas de la Isla que utilizan, además, todos los foros disponibles en su campaña. La oleada se inició con un duro discurso del vicepresidente Carlos Lage, que se consolida como responsable económico del Gobierno interino, ante los responsables municipales del poder popular en el que se desvelaba esta preocupación, se reconocía el incumplimiento de los planes previstos y hasta se afirmaba que algunos responsables habían falseado las cifras tanto de construcción de nuevas viviendas como de remodelación de las antiguas que se encuentran en estado ruinoso.

Lage puso en cuestión así, la cifra de 110.000 nuevas viviendas construidas en 2006, que ya suponía reconocer que se habían construido 40.000 unidades menos de las previstas. Y también lanzaba un nuevo objetivo para este año: la construcción o remodelación de 70.000 viviendas. Un número, de todos modos, claramente bajo, para resolver un problema que según las estimaciones de La Habana se concretaría en un déficit habitacional de más de 600.000 unidades. Junto a la ineficacia, fuentes diplomáticas europeas señalan que algunos problemas, casi estructurales, relacionados con el transporte y el suministro de materiales habrían tenido también una gran influencia en el incumplimiento de los objetivos.

El pasado fin de semana, el diario Juventud Rebelde publicaba un reportaje muy crítico sobre el exceso de burocracia y los fallos administrativos que han impedido, por ejemplo, que planes como el programa “construcción por esfuerzo propio”, destinados a incentivar la autorreconstrucción, hayan podido tener el éxito que La Habana esperaba conseguir.

Sin embargo, no todo es negativo. La empresa mixta cubano-española, Alcoholes Finos de Caña (Alficsa) ha completado estos días la instalación de la primera destilería de alcohol ultrafino de Cuba que parte de los residuos de caña como materia prima principal. En la instalación de la planta, situada en la localidad de Aguada de Pasajeros en la provincia de Cienfuegos, ha intervenido la compañía alicantina Grupo Naturanga, encargada de la instalación de los sistemas de suministro de agua a la planta, las torres de refrigeración y las calderas.

Estos sistemas incorporan las canalizaciones para el uso de agua potable y para la dilución de alcohol en las distintas fases del proceso de destilación. También los elementos responsables del mantenimiento de la pureza del agua.

El coste de las obras ha requerido una inversión cercana a los 700.000 euros, necesarios para asegurar que la destilería tenga capacidad para transformar entre 50.000 y 90.000 litros de agua una vez realizado el proceso. Desde Naturanga, se asegura que las instalaciones se han realizado con el respeto al medioambiente gracias a los ciclos internos del sistema que evitan la emisión de líquidos contaminantes y fomentan la reutilización en productos fertilizantes.


 
 

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