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Rusia ha reforzado su posición de suministrador
energético en la Cumbre de la Organización para
la Cooperación Económica en el mar Negro (BSEC),
celebrada en Estambul, gracias a los acuerdos firmados entre varios
países como Kazajstán y Turkmenistán.
Estos acuerdos complican los planes de Turquía,
país que detenta la presidencia semestral de la BSEC, y
que ve peligrar su apuesta por el papel de corredor energético,
una baza que pretendía utilizar a su favor en las negociaciones
de adhesión con la UE. Una complicación más
para Turquía, que cuenta con la oposición de Francia
y su nuevo presidente, Nicolás Sarkozy, para la integración
del país árabe en la UE.
Putin se reunió con su homólogo búlgaro,
Georgi Parvanov, con el que acordó colaborar en la construcción
del gasoducto 'South Stream', un proyecto firmado el pasado sábado
por Gazprom y Eni. Esta iniciativa es contemplada con recelo por
Turquía, que considera al nuevo gasoducto una alternativa
a la línea turca 'Bloe Stream', que transporta gas desde
el puerto ruso de Beregovaya hasta la costa turca del mar Negro.
Temor. La Unión Europea y EEUU temen
que Rusia esté usando el tema energético como un
instrumento de poder. De hecho, el sur del Caucaso ya cuenta con
presencia militar y organismos antiterroristas.
Los países dependientes de Rusia quieren
deshacer el quasimonopolio de este país, por ellos algunos
ya han emprendido varias iniciativas. La UE ha puesto en marcha
el gasoducto de Nabucco, que va de la cuenca del Caspio hasta
Austria y Hungría. En unos días, la UE nombrará
un coordinador y en septiembre una asamblea.
Miembros. La BSEC fue fundada en 1992 y cuenta
con 12 Estados miembros (Albania, Armenia, Azerbaiyán,
Bulgaria, Georgia, Grecia, Moldavia, Rumania, Rusia, Serbia, Turquía
y Ucrania) y 13 países con estatus de observador (Austria,
Bielorrusia, Croacia, República Checa, Egipto, Francia,
Alemania, Israel, Italia, Polonia, Eslovaquia y EEUU).
Tecnología. Las mejoras tecnológicas
constituyen la única solución a la dependencia energética
que tiene Europa, y que según todas las previsiones, aumentará
considerablemente en los próximos años. Algunos
expertos, como Jaleh Daie, managing partner de Aurora Equity,
apuntan que para facilitar la innovación deberían
crearse organismos tecnológicos con carácter público
y privado. Aunque, para su puesta en marcha sería necesario
mucho capital, fuentes diversas de financiación y la voluntad
de no obtener rentabilidad a corto plazo. Estas nuevas empresas
tecnológicas estarían integradas por diferentes
actores como las universidades, gobiernos y el sector privado,
entre otros. Además, tendrían que obtener incentivos,
que podrían ser desde fiscales o hasta los provenientes
del ámbito de la regulación.
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